Elecciones 27-S: España no se rompe; Cataluña, sí.

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27 de septiembre de 2015. Elecciones al Parlament catalán. Las terceras en cinco años. Las segundas de “deriva independentista”. Las primeras “plebiscitarias”. El inicio de la hoja de ruta para proclamar un nuevo Estado. Una candidatura única liderada por CDC (la parte dura de la extinta CiU) y ERC (los eternos paladines de la Catalunya Lliure). El “más alto, más rápido y más fuerte” del desafío soberanista.

En el centro del día histórico para Cataluña, un hombre: Artur Mas. O Ártur, como le llaman algunos. El hombre de la eterna sonrisa y el pulgar hacia arriba. El político que hoy pretendía llegar a lo más alto y ser el Nelson Mandela del pueblo catalán. Lograr la mayoría absoluta, seguir gobernando y proclamar en unos meses la independencia de manera unilateral. Pues bien, vísperas de mucho, días de nada: 62 escaños, y gracias. Y es así como, en una jornada histórica (77,44% de participación), pasas de ser President con mayoría absoluta gracias a ERC (71 escaños en 2012), a obtener el peor resultado de la historia de las formaciones CiU+ERC y depender para gobernar en mayoría de un socio anticapitalista, CUP, cuyo líder, en su primera rueda de prensa tras el anuncio de los resultados dice que “contigo no, bicho”. Todo ello tras haber desintegrado CiU por el divorcio con Duran i Lleida de este verano. Artur, como diría Rita Barberá, “qué hostia”.

El fracaso de Mas, unido al impresionante ascenso de Ciutadans (más de 720.000 votos, el 80% procedentes de la provincia de Barcelona), ha llevado a muchos al paroxismo y a gritar con rabia “Cataluña es España”. Craso error. El independentismo no pierde fuerza sino que ha ganado las elecciones. Echen un vistazo a las portadas de medios internacionales. “No, mire, es que las ha ganado porque la ley electoral es injusta”. Ya, y Rajoy es Presidente del Gobierno con el 45% de los votos. Las quejas, al legislador. Vamos con los fríos números (al 99,88% escrutado):

Partido Independencia Consulta Votos Escaños Porcentaje
JxS 1.619.735 62 39,55%
Cs NO NO 734.048 25 17,92%
PSC NO 521.483 16 12,73%
CSQP NO 366.019 11 8,94%
PP NO NO 348.100 11 8,5%
CUP 336.121 10 8,21%
Unió NO 102.781 0 2,51%

Es decir, 1.955.856 personas, 72 escaños, 47,76% de los votos, quieren la independencia.

Es decir, 2.424.656 personas, 99 escaños, 71,94% de los votos, quieren un referéndum.

Y quien tenga oídos, que oiga.

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Muchos de los que pretenden seguir debatiendo el asunto de la independencia en términos legales referidos al marco constitucional de 1978 se congratulaban ayer de que la independencia no hubiese logrado el 50% de los votos cuando llevaban meses advirtiéndonos de que “Mas y secuaces no tienen legitimidad para nada”. Es decir, las elecciones no eran plebiscitarias, siquiera en clave política, hasta la noche del domingo. Entonces sí, faltaría más, estas elecciones se transforman por arte de birlibirloque en un auténtico referéndum soberanista y Cataluña quiere ser parte de España.

Y lo mismo se puede decir de los señores de Junts Pel Sí: ayer su resultado fue meramente electoral, sin hacer referencia a las consecuencias del batacazo. Sólo Antonio Baños, de la CUP, destacaba la derrota en términos de apoyo mayoritario. Porque con estos datos de participación la victoria del “procés” es clara, pero no rotunda. Y sin rotundidad, el Gobierno en La Moncloa respira tranquilo sabiendo que tiene otros cuatro años (o los que consideren los políticos catalanes) para seguir mirando hacia otro lado mientras la llama de Catalunya sigue luciendo, trémula, pero luciendo.

Hablando de Gobierno. Si un político compartía anoche la incertidumbre de Artur Mas, ése es Mariano Rajoy. El PP no se llevó ni una sola plaza, se dejó 8 escaños y 125.000 votos. O lo que es lo mismo, la penúltima fuerza del Parlament, tan sólo 11.000 votos por encima de CUP. La campaña del miedo orquestrada en Génova fue un chute de energía para Ciudadanos, baluarte del centro-derecha y el partido que más reforzado sale del envite soberanista. Inés Arrimadas lucía brillante tras su espectacular resultado mientras Albert Rivera declaraba que la política antigua había muerto, señalando a las elecciones generales de final de año y retando a quien se le ponga por delante. Si Ciudadanos dejó dudas en las municipales de mayo, las ha disipado todas con contundencia. Ya no es que sean la llave para Rajoy o Pedro Sánchez, es que Rivera está en pleno esprint para gobernar España.

El reverso del gran momento de Rivera lo supone Pablo Iglesias. Una campaña basada en la falta de acuerdos y en la indefinición liderada por el inclasificable Lluis Rabell ha dejado a Podemos a la altura del PP en Cataluña, un resultado paupérrimo. Como algunos ya vaticinamos, el peor enemigo de Pablo Iglesias es el tiempo, que sigue pasando y quitándole energía al movimiento ciudadano. Todo apunta a que no podrá fagocitar al PSOE en diciembre y a que quedarán reducidos a una nueva Izquierda Unida (sobre todo si Alberto Garzón persiste en una candidatura conjunta). Tres meses por delante para replantear el discurso anticonfluencia y evitar el estancamiento.

En el lado surrealista de la campaña, la CUP llamaba a la desobediencia civil frente a las leyes de España y el PSC celebraba como una victoria el peor resultado electoral de su historia en Cataluña.  Cuatro escaños menos que hace tres años, doce menos que hace cinco. Tan cierto es que Miquel Iceta puede mirar orgulloso a los que pensaban que no conseguiría quedar por delante de Podemos como que la caída del PSOE en toda España es imparable. Diciembre dictará sentencia. Y qué decir de Unió, la rama que comanda Durán i Lleida. Fuera del Parlament, en la más absoluta irrelevancia. Otra prueba más de que la tibieza no les gusta a los catalanes.

¿Conclusiones? El independentismo está muy lejos de ser un “problema minoritario” o de haber sido vencido. Mas queda herido de muerte y muchos pensamos que Junqueras será el nuevo President con el apoyo de la CUP. Un Gobierno profundamente antiespañolista y con un partido marxista dominando el cotarro con 330.000 votos. Enfrente, Ciutadans más fuerte que nunca, con el PSC y el PP agarrándose a ellos para no caer, capaces de boicotear los intentos independentistas pero incapaces de gobernar ante la mayoría soberanista. 2016 traerá un nuevo Gobierno estatal que tendrá la papeleta de negociar con Cataluña las condiciones de una consulta soberanista donde rija el principio de claridad y con todas las garantías formales. Si este referéndum no se produce, seguiremos estancados durante cuatro años más. Ni España ni Cataluña pueden permitirse seguir con esta división absoluta, con este mirar hacia otro lado y patada hacia delante.

Pues sí, alguno dirá que para este viaje no hacían falta alforjas y no le faltaría razón. Quizá la única verdadera reflexión que deja esta jornada electoral es que frente a un debate jurídico-político estéril (porque sólo una de las partes está dispuesta a valorarlo) lo único que ha movido a la sociedad catalana son los sentimientos y la huida del extremismo: el único campo de batalla donde el unionismo, con Ciutadans al frente, aún tiene mucho que decir frente a un independentismo que ni avanza ni retrocede. Seguiremos informando.

Inés Arrimadas celebra el resultado de Cs con Rivera al fondo (EFE)

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A propósito del 24-M: examen para el voto

La idea del post y gran parte de su contenido es de Andrea Figueroa Chaves, quien no tiene cuenta de Twitter ni blog, pero sí espíritu crítico y ganas de que la gente piense.

Mañana, día 24 de mayo, unos cuantos millones de ciudadanos estamos convocados a las urnas para ejercer nuestro derecho al voto a la hora de elegir a nuestros representantes en las Entidades Locales (Ayuntamientos y Cabildos) y Comunidades Autónomas. En un ambiente de enfado y desafección, los grandes partidos políticos (azules y rojos) han llevado a cabo campañas muy suaves, que no llamen la atención. Y no es para menos: temen un varapalo considerable. La voz cantante de estas elecciones, centrándome por razones censales en la Comunidad de Madrid y en su capital, la han llevado los partidos de Tercera Vía (Ciudadanos y Ahora Madrid) que amenazan con entrar con una fuerza enorme y quedarse con las llaves del poder.

En cualquier caso y a pesar de lo que dicen las encuestas, muchos seguimos pensando que los de siempre acabarán gobernando como siempre. Las causas se han descrito en infinidad de ocasiones: las estructuras de poder corruptas que dan lugar a redes clientelares, el voto oculto que siempre aparece para mantener las cosas como están, algún que otro escándalo postelectoral (en la Comunidad de Madrid tenemos historial para hablar de ello) y, entrando ya en materia de este post, la psicología del voto.

¿Entendemos como una responsabilidad y no únicamente como un derecho nuestro voto? ¿Reflexionamos sobre las opciones a la hora de conceder la gestión de nuestro dinero y recursos a un partido? En definitiva, ¿decidimos de manera responsable a quién votamos?

Lamentablemente, hay un gran número de personas que ni se plantean estas preguntas y que a la hora de votar lo hacen por intuición, costumbre, afición incondicional o, incluso, por el nivel de belleza de los dirigentes (nunca subestimen el atractivo físico). Sin olvidar a los abstencionistas por pereza o aburrimiento, aquellos que “pasan de todo” y los puramente antisistema, a los cuales al menos les asiste el beneficio de cierta convicción ideológica.

Pretendemos defender aquí un voto reflexivo, un voto concedido como un bien preciado que es nuestro y no nos puede usurpar nadie, un voto que es una decisión que se debe tomar con la mayor cantidad de información posible y haciendo uso de nuestra capacidad pensante, con el esfuerzo evidente que ello conlleva. Señoras y señores: nuestro voto lo es todo. Es nuestro arma contra el gobernante, nuestra herramienta por excelencia para fiscalizar al poder. Votos como piedras, que decía Pablo Simón.

Por todo esto, proponemos un examen para el votante. Una serie de cuestiones políticas pero sin sesgo alguno que únicamente animan a pensarse dos veces la papeleta que meteremos en el sobre el domingo, aquellos que decidamos hacerlo.

Para contestar no hace falta ser una eminencia en ciencias políticas o económicas; nos basta con un ordenador, internet y ganas de masticar información, rumiarla y emitir un juicio crítico.

Sin más preámbulo, aquí van las preguntas.

1. ¿Sé cuáles son las competencias básicas que tiene mi Ayuntamiento y mi Comunidad Autónoma?

2. ¿Qué podría cambiar en el ejercicio de esas competencias? ¿Qué quiero que cambie en el ejercicio de esas competencias? Dicho de una manera menos técnica, ¿qué quiero que se haga con mi dinero en mi Ayuntamiento y en mi Comunidad?

3. ¿Conozco a los principales partidos políticos que optan al gobierno de mi Comunidad y a la Alcaldía de mi ciudad?

4. ¿Podría nombrar cinco propuestas del partido por el que siento mayor inclinación?

5. ¿Podría argumentar al menos tres motivos por los cuáles no quiero votar a los otros partidos políticos? Pueden ser motivos de su programa o, si es el caso, referidos a su actuación en la última(s) legislatura(s).

6. ¿Se quiénes son los dirigentes de los principales partidos políticos que se presentan a las elecciones? ¿Sé de dónde vienen y cuál es su trayectoria profesional?

En un panorama político repleto de promesas incumplidas y papel mojado, en un escenario lleno de actores que repiten sin censar los mantras del crecimiento económico, el aumento del empleo y la promoción de la sanidad y la educación, es especialmente importante el pasado de cada uno de esos actores. Acerca de lo que ya se ha hecho difícilmente se puede mentir. Una vez más: internet y sentido crítico ayudarán a encontrar algunas respuestas.

Son sólo seis preguntas básicas, cuestiones de calado político, sin perjuicio de que haya otras preguntas interesantes que plantearse antes de acercarnos a las urnas el domingo. Animamos a todo el mundo a que participe en su cabeza para alargar este examen. Para responder a estas preguntas tan sólo habría que interesarse en los programas electorales, saber quién es quién y tener claro qué es lo importante en la gestión de alcaldías y gobiernos de cada comunidad. No parece demasiado, ¿no? Pero al menos es suficiente para ganarnos el derecho a quejarnos del estado y gestión de lo público y de la corrupción en los gobiernos.

El fantasma que recorre Europa (otra vez) (I)

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El domingo por la noche, mientras el proyecto europeo que nació a comienzos de los años 50 se tambaleaba, la señora María Dolores de Cospedal comentaba en riguroso directo la victoria del Partido Popular Europeo. La Cospedal se limitó a desenvainársela al estilo Cañete diciendo que Europa había otorgado su confianza al PP y al PSOE, pues estos dos partidos habían mantenido “mucha distancia” sobre el resto de opciones políticas europeas. Luego pasó a resumirnos las bienaventuranzas del Ejecutivo Popular en España y acabó recordándonos que dentro de un año tenemos, otra vez, elecciones. Y es en ese momento cuando la señora Cospedal dijo las palabras que considero más reveladoras de toda su comparecencia: “el objetivo de este partido [el PP] es hacer que los votantes que son del PP, que hoy se han quedado en sus casas, vuelvan a votarnos el año que viene“.

Cospedal no es idiota, ni mucho menos, pero su discurso a lo orquesta del Titanic es tan descorazonador que uno empieza a cuestionarse si es todo estrategia o de verdad ella, o alguien del PP, se lo cree. Si un descenso de 5,2 millones de votos (de 47 a 30 escaños, un 31%) no es una señal para mostrar humildad, lo mejor es que ni hagan campaña para 2015. Total, pa’ qué.

En Ferraz, la señora Valenciano hacía un alto en la travesía por el desierto del PSOE para destacar “la desafección del electorado europeo y el preocupante ascenso de la extrema derecha“, mientras alargaba el puñal que Rubalcaba utilizó para hacerse el hara-kiri unas horas después. La Valenciano, al menos, sí que vio algo más allá de sus fronteras y no se puso a sexar ángeles.

Mientras tanto, en Barcelona, Artur Mas se rascaba el hoyuelo de la barbilla pensando en cómo se las iba a ingeniar para que su proceso soberanista, “la deriva” que diría Pedro J., pudiese continuar con su tranquilo devenir con ERC arrasando sin contemplaciones y confirmando la tendencia de las elecciones de 2012. Los defensores de la unidad inmutable de España, PP y Ciutadans, se quedaban en un 16% de los votos, con los azulones en mínimos históricos (5ª fuerza política) y los chavales de Albert Rivera sacando más votos fuera de Cataluña que dentro de ella (más votos en Madrid que en Barcelona, Albert). UPyD y VOX, dos caras de la misma moneda, se conjugaban para sacar 42.000 votos, en un resultado que se mueve entre lo irrelevante y lo ridículo. Todo ello con una participación casi un 11% superior a las de 2009, ojo.

Y es que si CiU ha puesto sus barbas a cortar, el PNV ya las tiene a remojar. Bildu se enseñoreó en Guipúzcoa, conquistó Álava y se quedó a 30.000 votos en Vizcaya. La intrascendencia, una vez más, del PP autonómico se une a los 100.000 votos que se dejaron los socialistas. De las opciones de centro reformista (UPyD, C’s, VOX), mejor no hablamos.

Pero tranquilos, que no pasa nada.

En cualquier caso, el gran triunfador de la gala electoral fue Pablo Iglesias: el tertuliano, el orador, el profesor, el político. La coleta más popular del momento. Sobre la figura de este señor, les enlazo al magnífico perfil que Pablo Suanzes ha escrito en El Mundo. La irrupción de Podemos ha sido tan refrescante como inquietante. Refrescante porque demuestra que si la gente vota, el sistema cambia; inquietante porque hablamos de un partido de corte marcadamente populista, con más protestas que soluciones y con propuestas que, en sus mejores casos, sólo pueden ser calificadas de ingenuas. En cualquier caso, y por una vez, no hay que mirar a la Luna sino quedarse mirando el dedo. Más allá del ruido mediático de la caverna, de la sorpresa de otros ilustres del politiqueo personalista como Díez, Vidal-Quadras o el ya citado Rivera, hay algo que es innegable: si Podemos ha podido, es que se puede.

Pero ojo: todo esto no se puede extrapolar alegremente a los comicios de 2015. Elecciones al Parlamento Europeo el día después de que el Madrid gane la Décima…Who cares? RTVE otorgó más cobertura a la celebración en el Santiago Bernabeu que a las ruedas de prensa de los líderes políticos o a las descorazonadoras noticias que llegaban de Francia. Sólo a las once de la noche, cuando Cristiano y compañía se retiraban mientras salían los escrutinios al 90%, se retomó la jornada electoral. Pero la crisis es sólo económica. Claro.

Pero dejemos de lado la desidia nacional, lo preocupante no estaba en España. Es más, de los siete países con más población de la Unión Europea, somos los únicos que no dimos representación a grupos de ultraderecha o euroescépticos. Y esto, señores, en una jornada como la del domingo, no fue ninguna tontería.

Mañana (o pasado), veremos por qué 😉

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P.D. – Si pueden, lean a Manuel Jabois hablando del fenómeno “Podemos”.

Ni contigo ni sin ti

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Hablaba el señor Pedro J. Ramírez este domingo de las vicisitudes del proceso independentista catalán y pensaba yo, según leía su columna, en que el director de El Mundo encarna como pocos la forma de pensar del español medio en lo relativo al “desafío soberanista”: que todo es una locura con base en décadas de conductismo social, que los gobernantes catalanes engañan a sus votantes y que la “deriva nacionalista” es un movimiento egoísta y descabellado equiparable al nacimiento del nacionalsocialismo en la Alemania de los años 30.

Hace algo menos de un año, el nacionalismo catalán daba un puñetazo encima de la mesa en las elecciones del 25 de noviembre y conseguía barrer a las opciones no partidarias de la consulta popular, del llamado derecho a decidir. Muchos hablamos entonces de que el clamor de la sociedad catalana (o al menos de la que se acercó a votar aquel día) no debía enturbiar la verdad: que Artur Mas es un líder tibio y ambiguo cuyo único objetivo no es liberar al pueblo cual Nelson Mandela, sino más bien agarrarse a la poltrona y sostener la pancarta con la mano derecha mientras con la izquierda pone el cazo para que los contribuyentes españoles sigamos pagando sus desmanes.

En contra de lo que piensa Vargas Llosa, yo sí que creo en el derecho de autodeterminación. Creo que, con los instrumentos adecuados (¿obtención de mayorías cualificadas sostenidas en el tiempo?), cualquier comunidad debería poder decidir sobre su destino, al igual que los individuos decidimos sobre nuestras vidas. Negar este derecho, basándose en un supuesto “imperio de la ley”, en esa “España constitucional” del aznarismo, es una aberración en tanto que asigna a la Constitución la función de cárcel. Me dan risa aquellos que dicen que el respeto a la Constitución impide que una parte de la sociedad española opine sobre su futuro, y aún más risa me dan los que dicen que “plantear una consulta popular viola las reglas del juego que aceptó la sociedad catalana cuando ratificó por mayoría la Constitución en 1978”. Los marcos jurídicos responden a la realidad social de cada momento, por eso cambian, para adaptarse. La Carta Magna no es una verdad inmutable, inviolable y omnisciente: es un conjunto de reglas de hace 35 años que se pueden cambiar. Y así ha sido cuando nos lo han mandado desde fuera. Y si no cambia ahora, la consulta habrá de hacerse igualmente a espaldas del Gobierno central. ¿Qué importancia tiene para un proceso secesionista el respeto a unas leyes que no se van a respetar si ese proceso triunfa? Ni importan, ni tiene ningún sentido que se tengan en cuenta. Y lo mismo que acabo de señalar para las leyes internas del Estado español sirve para el Derecho Internacional Público. No me vengan con las normas de Naciones Unidas sobre nuevos Estados: en Europa tenemos un puñado de pueblos que las han usado para limpiarse ese lugar donde la espalda pierde su casto nombre. No, Cataluña no es Kosovo, ni el Tíbet; tampoco lo eran croatas, andorranos, montenegrinos o eslovacos.

Así pues, sí, a favor de la consulta al pueblo catalán, a la sociedad catalana o a los ciudadanos catalanes, que en la variedad está el gusto. Eso sí, una consulta donde se diga lo que va a haber de menú para que nadie se llame después a engaño. Especialmente sangrante es el tema Unión Europea. Que viene un comisario de competencia y dice que Catalonia is not EU, que luego vienen los escoceses y dicen que seguirían siendo UE en caso de secesión, que luego viene otro funcionario de la Unión y dice que nanai, que Mas dice que Europa les necesita, etc. Que se aclaren, que emitan el informe pertinente y que digan la verdad. Yo no he encontrado en los tratados fundacionales ninguna disposición que se pueda aplicar al caso de Escocia/Cataluña (aunque hay un supuesto de hecho parecido en la Argelia de 1962), pero supongo que lo lógico es que el espacio Schengen no se viese alterado; otro gallo cantaría con la cuestión monetaria y fiscal (que no es asunto baladí, ni mucho menos).

Que se hable de argumentos fiscales, económicos, políticos, incluso culturales si se quiere. Que se diga la verdad por ambas partes, que cada cual apueste por lo que crea conveniente, pero que se abandone de una puñetera vez el “porque lo digo yo”. Miren a Escocia, miren las relaciones entre Londres y Edimburgo. Dejénse de desvaríos y derivas y de clamar al cielo porque la Constitución es sagrada. Dejénse de 1714 y de siglos de sometimiento y tortura españolista. Y, sobre todo, dejénse de lanzar dardos envenenados buscando convencer a los catalanes, quién sabe cómo, de que España es la mejor.

Y es que no son solo los brotes de violencia puntual. Desafío, deriva, capricho, desvarío, obsesión, falaciaa las palabras las carga el diablo. Declaraciones de ministros, de la Jefatura del Estado, de personalidades, de multitud de firmas de mayor o menor calado, todas con un mismo fin: declarar ilegítimo, ilegal e irresponsable el sueño secesionista. Hacerles saber a los catalanes que por ahí no, que de este barco que se hunde no se va ni Dios, que nos deben una pasta, que no les va a querer nadie, que el Barça se queda fuera de la Liga y que si se ponen farrucos les bombardeamos y listo. Tal cual. O sea, que les odiamos pero que no se marchan. Ni contigo ni sin ti.

Y cuando estas críticas arrecian, cuando los señores del PP se ponen el mono de trabajo a la hora de defender la patria y excluir a los que no la entienden de igual manera, es entonces cuando el nacionalismo catalán sube como la espuma. Ya se sabe: los extremos se atraen, se retroalimentan. Lo explica muy bien aquí Guillermo López García cuando habla de los resultados electorales de ERC:

En cuanto a Elecciones Generales, este partido pasó de obtener un escaño en 1996 (las elecciones que dieron paso al primer Gobierno de Aznar) a 8 en 2004, para después bajar hasta tres en 2008 y 2011. En el plano autonómico pasó más o menos lo mismo: ERC sacó 13 escaños en 1995 y 1999, subió a 23 en 2003, y después, una vez instaurado el tripartito y con Zapatero en La Moncloa, bajó a 21 escaños en 2006 y 10 en 2010. Dos años después, en 2012, como celebración del primer año de Rajoy al frente del Gobierno español, ERC volvió a subir hasta los 21 escaños“.

Curioso, ¿verdad?

Otra cosa que me hace mucha gracia es la crítica feroz a la presencia de niños en las manifestaciones de la Diada y el uso de sus testimonios por parte de TV3, lo que lleva siempre a denunciar el modelo educativo catalán (y, por extensión, el vasco) y su “deformación de la Historia”. “Son nacionalistas porque es lo que les han enseñado”. A mí me han educado en la religión católica desde mi más tierna infancia hasta los 17 años y no soy ni practicante ni creyente. Y mis compañeros que sí que lo son no creo que hayan llegado ahí por una cuestión de lavado de cerebro, les considero suficientemente inteligentes como para haber decidido por su cuenta el camino que eligen en cuestiones religiosas.

¿Ven? Al final todas estas denuncias van encaminadas al insulto, a la provocación, a considerar ingenuos o falsos los movimientos ajenos a la patria española. Y es un insulto porque para el nacionalista español radical “el nacionalismo existe y medra porque se enseña en las escuelas”, es decir, que todos los nacionalistas son un burdo producto de la propaganda política y que no hay posibilidad de que nadie haya llegado a creer en la independencia por obra del propio intelecto, que es como decir que un católico será creyente y practicante si, y solo si, es enseñado en la religión católica para la religión católica. A mí esto me parece una falacia, aquí y en Girona. Y Escocia, otra vez, es una buena muestra de ello.

Por razones sentimentales y pragmáticas espero que Cataluña siga formando parte del Estado español por muchos años más. España necesita a Cataluña, necesita sus recursos, necesita a sus gentes, necesita su cultura. No nos podemos permitir convertirnos en un país más pequeño, más pobre (porque seríamos más pobres), menos plural y más cerrado en el nacionalismo castellano, tan excluyente o más que el catalán. Creo que tan importante como darle voz al electorado de Cataluña es hacerle saber que España le necesita en todos los sentidos y que juntos se hace más fuerza que yendo por separado. Ofrecer un proyecto integrador que deje espacio a las realidades culturales y poner de una puñetera vez encima de la mesa la cuestión de la financiación. Después de todo, y mal que les pese a muchos, hay muchas más cosas iguales o parecidas entre castellanos, andaluces y catalanes (incluyendo a los políticos) que diferentes. Pero entiendo que a estas alturas estos deseos míos sean poco más que una quimera, aunque haya alguna voz del PP que ya haya empezado a hacer de liebre (con mejores o peores intenciones).

Imprescindibles: Referéndum (de Enric González), Uno más y La inteligencia (de Sostres), Jordi Évole, motivos para la independencia de un no nacionalista, Cataluña y las promesas creíbles (por Senserrich), La España troglodita (por Ramón Lobo), Cataluña no es Escocia (por Juan Carlos Girauta), Kitsch nacional (por Antonio Muñoz Molina).

La nueva Justicia de Gallardón

Leyendo ayer que algunos siguen reclamando su particular justicia me acordé de que tenía pendiente escribir sobre uno de los más grandes atropellos que ha sufrido España en materia legislativa en los últimos meses. Esta vez la mandanga viene de la mano de Alberto “El Faraón” Gallardón, ese progresista conservador o ese conservador progresista, según sople el viento que más convenga. El asunto versa sobre las tasas judiciales que se implantaron mediante la Ley 10/2012, por la que se regulan determinadas tasas en el ámbito de la Administración de Justicia y del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses.  El asunto trajo bastante poca cola, quizá tapado por temas también graves como el paro, los suicidios por desahucio, la prima de riesgo o el Madrid-Barça de turno, por poner algunos ejemplos.

Antes de nada, vamos con el art. 24 de la Constitución Española (esa que tanto prostituyen algunos cuando les conviene): “Todas las personas tienen derecho a obtener la tutela efectiva de los jueces y tribunales en el ejercicio de sus derechos e intereses legítimos, sin que, en ningún caso, pueda producirse indefensión“. Cristalino, ¿no?

Pues la Ley, que es una chapuza alucinante, introduce un nuevo sistema de tasas (nada de actualización o “simple subida”, como se pudo leer en ABC o La Razón, allá por noviembre de 2012) que grosso modo grava a cualquier persona física o jurídica a la hora de intentar ejercer sus derechos, salvo que estemos en materia penal. Digo que es una chapuza por diversos motivos, empezando porque quizá debería haberse tramitado como Ley Orgánica toda vez que afecta a un derecho fundamental (art. 81 CE). Pero la cosa no se queda ahí: desde la propia definición de hecho imponible como “el ejercicio de la potestad jurisdiccional originada por el ejercicio de […] actos procesales” (¿no es la potestad jurisdiccional algo exclusivo de Jueces y Magistrados, art. 117 CE? ¿cómo puede estarse gravando tal potestad cuando es posterior al devengo de la tasa, que se produce cuando se interpone una demanda o un recurso?) hasta la entrada en vigor, que hubo de ser retrasada porque no había una Orden Ministerial de Justicia que regulase el procedimiento de pago (por no haber, no había ni impresos de liquidación), todo chapucero a más no poder. En cualquier caso son “solo” deficiencias técnicas que también existen en legislaciones mucho más populares y con fines loables, como la LO 1/2004, la de la Violencia de Género, una aberración jurídica sobre la que se podría escribir una tesis doctoral. Pero vamos con la Ley en sí.

¿Cuánto se paga? Inicialmente a Gallardón se le fue la mano con el tema y era tan exagerado que se llegaba a dar el absurdo de que para recurrir una multa de la DGT por valor de 100 euros había que pagar 200 euros para pisar el Juzgado. Gracias a las protestas de asociaciones de jueces, fiscales, procuradores y abogados y a las manifestaciones de estos colectivos a lo largo y ancho del país, el ministro tuvo que dar marcha atrás y ceder un poco en sus aspiraciones iniciales, si bien el resultado sigue siendo un atropello, por hablar claro. Ilustrando:

Proceso civil ordinario por cuantía de 30.000 euros

330 euros

Reclamar la ejecución de la sentencia por cuantía de 30.000 euros

230 euros

Apelar la sentencia en 2ª instancia del proceso de 30.000 euros

830 euros

Llevar ese proceso al Tribunal Supremo

1.230 euros

Recurso de suplicación por cuantía de 20.000 euros

220 euros

Proceso monitorio por cuantía de 6.000 euros

106 euros

Reclamar una multa de tráfico de 200 euros

100 euros

Estas cuantías son para personas físicas. Si hablamos de personas jurídicas la parte variable (que es un porcentaje calculado sobre la cuantía del asunto) sube bastante. Antes de señalar que esto es bueno porque las grandes empresas tienen capacidad económica de sobra, hay que recordar a la PYME asfixiada que ahora tiene que pagar 950 euros por reclamar en 2ª instancia un impago de 30.000 euros por parte del Ayuntamiento de turno (sin contar con la primera tasa que se paga en 1ª instancia). Huelga decir que Ayuntamientos y CCAA no tiene que pagar nada.

Tampoco se ha de olvidar que ciertas CCAA como Valencia y Cataluña tienen sus propias tasas judiciales, aprobadas hace bien poco, si bien el Tribunal Constitucional ya ha suspendido las de Cataluña por una cuestión de competencias.

¿A partir de qué renta hay que pagar? Pues ingresos de 1.100 euros brutos mensuales para una persona, 1.375 si se trata de una persona integrada en una familia de menos de cuatro miembros, o 1.550 si la familia tiene cuatro o más miembros. Juzguen ustedes si es mucho o poco.

¿Por qué hay que pagar? Seamos puristas y acudamos a la exposición de motivos de la propia Ley, a ver qué se cuenta el legislador:

[…] subsisten desajustes que justifican la adopción de una nueva normativa que permita profundizar en determinados aspectos de las tasas judiciales, en especial los que el Tribunal Constitucional declaró conformes a nuestra norma fundamental en su sentencia 20/2012, […] El derecho a la tutela judicial efectiva no debe ser confundido con el derecho a la justicia gratuita. Se trata de dos realidades jurídicas diferentes. Desde el momento en que la Constitución encomienda al legislador la regulación del alcance de esta última, está reconociendo que el ciudadano puede pagar por los servicios que recibe de la Administración de Justicia“.

No se confundan: ¡los impuestos y las costas judiciales no son pagos por el servicio de la Administración de Justicia! ¡y que nadie se queje cuando la Ley obligue a llevar abogado y procurador! Más torticeros no pueden ser. Y lo mejor está por venir:

La reciente sentencia del TC no sólo ha venido a confirmar la constitucionalidad de las tasas, sino que además expresamente reconoce la viabilidad de un modelo en el que parte del coste de la Administración de Justicia sea soportado por quienes más se benefician de ella. Con esta asunción por los ciudadanos que recurren a los tribunales de parte del coste que ello implica se pretende racionalizar el ejercicio de la potestad jurisdiccional, al mismo tiempo que la tasa aportará unos mayores recursos que permitirán una mejora en la financiación del sistema judicial y, en particular, de la asistencia jurídica gratuita“.

Es decir, que aquellos que pagan las tasas lo hacen para mejorar la financiación del sistema judicial (ojo, que no hablan de mejorar la calidad del servicio) y, sobre todo, para pagarles la justicia a los que no pueden. Si al final todo es redistribuir la riqueza y fomentar la solidaridad, faltaría más. Es increíble, y algo perverso, que sostengan que para que la asistencia jurídica gratuita subsista haya que pagar si ganas más de 1.100 euros al mes.

Pero lo mejor de toda esta argumentación es que esa sentencia del TC que citan como justificación, esa que “ha venido a confirmar la constitucionalidad de las tasas“, NO confirma cualquier régimen de tasas sino que solo hace referencia a entidades mercantiles que por su alto volumen de facturación pueden afrontar el pago del coste de la justicia. Es más, el propio TC, siguiendo su línea jurisprudencial (SSTC 79/2012, en la 85/2012, de 18 de abril, en la cuestión de inconstitucionalidad 1584/2005 así como en las 103 y 104/2012, de 9 y de 10 de mayo, respectivamente) que dicho sea de paso, es la misma que la del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, señala que un sistema de tasas que impida en la práctica el acceso a la jurisdicción o lo obstaculice en un caso concreto en términos irrazonables es inconstitucional por ser incompatible con el derecho a la tutela judicial efectiva.  Esto lo dice el TC y el TEDH, no me lo invento yo.

¿Y qué dicen los que la han propuesto y aprobado en contra de todos los grupos de la oposición?

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El Ministerio de Justicia ya apuntó en su día que “la normativa solo iba a afectar al 20% de los litigios” y que “el 75% de los recursos los pierde el recurrente, el 90% en caso de llegar hasta el Supremo. Es decir, mucha gente recurre aun sabiendo que es muy probable que pierda el recurso. Hay que evitar ese abuso”. Supuestamente estos datos salen del Consejo General del Poder Judicial. Lo de aludir a que se excluyen los procesos penales en plan “no, si os hacemos un favor” se califica por sí solo.

Y es que todo el mundo sabe que en España hay un considerable exceso de pleitos ya que nos encanta discutir y gastar tiempo y dinero en los Juzgados. Para evitar eso y afrontar la Gran Reforma de la Justicia Española lo mejor es freír a la gente a impuestos, limitar el Estado de Derecho y que pleitee quien tenga un verdadero motivo para ello: los que puedan permitírselo.

Es un hecho innegable que la Justicia española necesita de reformas profundas y urgentes. Es lenta y encima, con esta reforma, es mucho más cara. Todo pasa por dedicar más recursos sin que para ello se dificulte el acceso a los Juzgados y Tribunales: no es normal que el Ayuntamiento de Madrid se gaste más dinero en soterrar la M-30 que lo que emplea España en un año para Justicia. Y como este hay muchísimos ejemplos. Los señores del Gobierno podrían haber apostado por un pago de tasas ligado a la temporalidad de los procesos, es decir, que el que pleitea recupere el pago de su tasa si el procedimiento se alarga por encima de un umbral de X meses. Ya que quieren convertir la Justicia en una empresa por lo menos que trabaje bien y sea eficiente, ¿no? ¿o es que hay que pagar como idiotas por el mismo servicio por el que no pagábamos antes?

Quiero pensar que detrás de las buenas palabras y los eufemismos de El Faraón no hay más que puro afán recaudatorio de un señor que ya demostró a los madrileños saber sacar dinero sin problemas de sus bolsillos. Quiero pensar que no se trata de una restricción consciente y alevosa de los derechos de la gente, de una medida disuasoria para hacer que los ciudadanos no protesten cuando la Administración multe, cuando una empresa despida sin pagar lo que debe o cuando alguien sea estafado al comprarse un frigorífico en un hipermercado. Quiero pensar, en suma y a riesgo de parecer un ingenuo, que no se trata de un paso más del poder político y económico para constreñir a la gente a cerrar la boca, agachar la cabeza y asentir, dejándoles sin voz y sin más alternativas que tirar para adelante o montar una barricada y tirar la primera piedra.

When the people fear the government, there is tyranny. When the government fears the people, there is liberty” (Thomas Jefferson)

Elecciones #25N: de vencedores y vencidos

Tres días han pasado ya desde las elecciones autonómicas catalanas y la resaca ya solo trae algún análisis tardío y alguna declaración a destiempo. Como siempre pasa en los eventos electorales lo interesante es acudir a las cifras e intentar sacar conclusiones por uno mismo. También es interesante recopilar las opiniones de diversos “tuiteros” con más o menos reputación e influencia para constatar cómo el mismo árbol puede dar sombra a muchas ideas distintas.

Empezaré por CiU, por ser la gran damnificada de las elecciones. Algunas encuestas les daban como ganadores absolutos, incluso su líder, Artur Mas, se atrevió a hablar de “mayoría excepcional”. Una mayoría que encabezase el proceso soberanista que presuntamente iba a iniciar su partido, un proceso que venía respaldado por la manifestación del 11S. La verdad es que, a pesar de lo atractivo de su mensaje, muchos dudábamos del éxito de Mas: el oportunismo político no suele estar bien visto entre los ciudadanos, y los catalanes ya sabían qué perro estaba detrás de tan grandilocuente collar. Un perro que lleva aplicando una política fiscal devastadora, con los impuestos más altos de España, y un gasto público desbocado que, curiosamente, no revierte directamente en mejores prestaciones sociales para los ciudadanos catalanes. De hecho, Cataluña ha sido la Comunidad Autónoma con unos recortes más drásticos en los últimos años. Tras el discurso de “España nos roba”, están unos señores que se han subido al barco para tirar dinero por la borda y que ahora piden que otros les paguen la factura. Para tapar todos los meses de incompetencia y corrupción anteriores a las elecciones, Mas se inventó un plan soberanista, lanzó un órdago y perdió.

Es difícil que, tras de la derrota de CiU (que es una victoria atendiendo a los números, no lo olvidemos, una victoria aplastante), estén los patéticos intentos por parte de  El Mundo de ensuciar la imagen de Mas y Pujol con un informe policial de más que dudosa credibilidad. Que CiU es un partido corrupto es más que conocido por todos. También lo son el PP y el PSOE y ganaron en Valencia y Andalucía, no lo olvidemos. Pero en otra muestra más de la alergia que le tiene este señor a todo lo que no sean sus ideas, el propio PedroJ se jactaba, tras conocer los resultados, de que El Mundo había ganado las elecciones. Y luego la crisis del periodismo es solo económica…

Aunque para El Mundo, La Razón o ABC, la derrota de Mas fue la derrota del soberanismo (sonrojante el A Cataluña le gusta España), lo cierto es que las cifras desmienten, con mucho, esa afirmación. Para empezar, la ERC de Oriol Junqueras dobló su número de votos y de escaños en las elecciones con más participación de la historia de Cataluña. Para una autonomía en la que la abstención rara vez bajaba del 40%, es un dato muy a tener en cuenta (aunque siga evidenciando que la abstención es la fuerza política nº1 de España). El 69,56% acudió a las urnas, una participación muy cercana a de las últimas elecciones generales y superior a las autonómicas gallegas y andaluzas, por poner ejemplos recientes. De los 3,5 millones de votantes, más de 2 millones optaron por una alternativa nacionalista o partidaria de iniciar un proceso soberanista (CiU, ERC, ICV, CUP). Se lo pongo de otro modo: 87 diputados separatistas frente a 48 unionistas. O de este otro: 107 diputados que apoyan consulta popular (referéndum), frente a 28 que no lo hacen (PP y Ciutadans). Si esto no es una victoria clara del nacionalismo catalán, que baje Dios y lo vea.

Es decir, que una cosa es que Mas haya fracasado y otra que lo haya hecho el nacionalismo, como muchos intentan hacer creer. Si las alternativas soberanistas-nacionalistas triunfan, ¿cómo va a fracasar el nacionalismo en las elecciones a las que más gente ha acudido a votar? Es una falacia brutal, y bastante cansina.

CiU no supo prever el trasvase de votos y su mayoría quedó en agua de borrajas. Los recortes, la presión fiscal, el oportunismo que ya he citado. Pero también pudieron ser los intentos de llevar a cabo negocios que la gente no quiere o, por qué no, un efecto llamada al voto unionista no despreciable (aunque no cambiase nada en el panorama general). Multitud de causas que nadie (ninguna encuesta acertó) supo adelantar.

Además de ERC, hubo otros partidos beneficiados por la caída de CiU. Empezando por el PP, que consiguió movilizar un 20% más de los votos que habitualmente cosecha en Cataluña (quizá el soberanismo tapó el apoyo a los recortes), siguiendo por Ciutadans (éxito impresionante de la alternativa de la derecha catalana, toda vez que UPyD no existe políticamente hablando) y terminando en el propio PSC, que consiguió amortiguar parcialmente la caída. A pesar de ello, ninguno de estos partidos ha obtenido poder más allá de la noche electoral (por más que haya quien intente ver en Albert Rivera una especie de mesías). Del PSC, poco que añadir. Como bien señaló Manuel Jabois: “se acerca cautelosamente a la irrelevancia absoluta”. Larga, larguísima travesía por el desierto, le espera al PSOE.

Y ahora, ¿qué? Mas puede elegir entre soberanismo (ERC) o dinero y poder (PP). Creo sinceramente que, con la configuración actual, el proceso de independencia se va a quedar completamente en barbecho. CiU necesita el apoyo del PP en materia presupuestaria-económica, y puesto que el PP gobierna en España no permitirán ninguna consulta o avance en materia soberanista (o cualquier iniciativa de ERC-CiU), so pena de abandonar a CiU pactando con grupos de izquierda que no se plegarán en materia de recortes (por más que el PSC pueda resultar un aliado interesante). De momento, Duran i Lleida dejó caer que no habrá pacto con el PP (no es plan de contradecir el programa electoral y cabrear a ERC de buenas a primeras), pero ya se sabe cómo son estas cosas de la realpolitik.

Me cuesta creer en un pacto CiU-ERC, con los de izquierdas pactando recortes a cambio de acelerar el proceso de independencia. A partir de ahora veremos la progresiva desaparición del ideario soberanista en el discurso político de CiU, no sea que los señores de azul se cabreen y nos quiten el dinero que necesitamos para no quebrar. Mal momento eligió Mas para hacerse el Nelson Mandela de Cataluña.

Por mi parte y para terminar, les dejo con una serie de análisis muy interesantes: estos dos de Antonio Baños (1 y 2), este de Francisco Pascual, este otro de Joan Tapia, y este de Santiago González. Y si se quedan con ganas de leer un poco más, estas reflexiones son más que recomendables: la de Javier Gallego, estas dos de Cristian Campos (1 y 2, con contestación de Tsevan Rabtan), esta de Juan Abreu y esta última, magistral, de Aníbal Malvar.

😉

Actualizo: finalmente el informe de Pedro J. está resultando ser completamente falso. Una buena multa a El Mundo y quizá alguna responsabilidad penal no estarían de más.

Bankia y las vergüenzas

Decía Francisco de Quevedo que “la hipocresía exterior, siendo pecado en lo moral, es grande virtud política”, y no le faltaba razón. El pasado 7 de mayo Rodrigo Rato dimitía como presidente de Bankia, apenas 9 meses tras la salida a Bolsa de la entidad. Días después se filtraba lo que muchos sabíamos o pensábamos: que la fusión de todas aquellas Cajas había sido un enorme error porque sumar grandes deudas para hacer una deuda enorme nunca puede ser una solución. Resulta que la entidad está completamente quebrada y que se necesitan miles de millones de euros para sacarla adelante. Primero se habló de 7.000, luego 10.000 y acabaron fijando el tema en 19.000 millones (más 4.500 millones del FROB inyectados en 2010). Casi nada. Por el camino se quedaba muchísima gente que hace unos días protestaban al nuevo Presidente Goirigolzarri reclamando sus ahorros. No los recuperarán. Como tampoco recuperará el Estado su aportación gigantesca, pues lejos de articular la ayuda como un préstamo se optó por realizar una aportación de capital, por lo que ahora todos somos “bankeros” y nos espera “todo un futuro juntos“.

Tras anunciar el rescate a la entidad, algunos grupos parlamentarios pidieron la comparecencia de los responsables de este escándalo bursátil, uno de los mayores de la historia de Europa. Básicamente, que administradores (Rato, Blesa, Olivas, junto con otros consejeros), políticos (Solbes y Salgado) y reguladores (Miguel Ángel Fernández Ordóñez) atendiesen a algunas preguntas del Parlamento. Se pedía una explicación de lo que hicieron, de cómo gestionaron, de por qué permitieron este desaguisado. La sociedad española se merecía unas palabras, había que depurar responsabilidades políticas. Pero el PP, con la inestimable ayuda de CiU y con cierta tibieza del PSOE, se negó a permitir un debate público.

Bloquearon la comparecencia de MAFO a pesar de que el exgobernador del Banco de España expuso públicamente su deseo de ir al Congreso; bloquearon la posibilidad de formar una comisión de investigación, optando por una Subcomisión a puerta cerradabloquearon posibles explicaciones de Rodrigo Rato, Elena Salgado (exministra de Economía) o Julio Segura (presidente de la CNMV); ni siquiera dejaron que Mariano Rajoy explicase el proceso de nacionalización de la entidad. Las excusas fueron desde los “podría dañar la credibilidad del sistema financiero español” hasta el simple y llano “no conviene”, pasando por el clásico cruce de acusaciones con la oposición y la necesidad de mantener la “confianza de los mercados”. Ante las acusaciones de falta de transparencia y de rigor democrático, la diputada popular María Arenales Serrano llegó a declarar que “decir sí a la transparencia es decir que las dos reformas financieras han ido a exigir a la banca que actualice los activos inmobiliarios, poner dos auditoras independientes”. O sea, que estamos con vosotros en espíritu pero que ya otro día lo hablamos.

UPyD, en un gesto que merece el agradecimiento de todos, se embarcó en un proceso penal contra los dirigentes y consejeros de Bankia, proceso que se inició ante la Audiencia Nacional con la querella que fue admitida el pasado miércoles 4 de julio. El juez Andreu citó como imputados a Rato, Olivas (expresidente de Bancaja), y a más de treinta consejeros de las cajas que formaban Bankia, entre los que figuran nombres tan ilustres como el del exministro Ángel Acebes. Algunos de los cargos: estafa, falsedad contable y administración desleal. Ni siquiera entonces, ante la amenaza de que un barón como Rato pudiese acabar barrido por la marea, (algo que habrá que ver en próximos meses) el PP aceptó un debate público para depurar responsabilidades. Sobre la imputación de Rato, las mejores declaraciones las dejó el ministro de Cultura, señor Wert con aquel “se sobreinterpreta el concepto de imputación”.

Hoy, la Audiencia Nacional admite otra querella contra Bankia presentada por el 15-M. Rato dice que quiere ir al Congreso a explicar su gestión y al cabo de una hora el PP acepta en la Subcomisión del FROB (esa cuyas sesiones se celebran a puerta cerrada) que Rato declare junto a otros 24 individuos, entre los que están MAFO, Julio Segura, Elena Salgado, Pedro Solbes, etc. Curioso, ¿verdad? Todos aquellos que hasta hace unos días no debían acudir a un debate público porque “no era conveniente”, porque “no era el lugar ni la forma”, ahora van a asistir para que sean fiscalizados públicamente (y eso que algunos de ellos están ya inmersos en un proceso judicial). La hipocresía política, esa gran virtud.

Distintas teorías que se le ocurren a un servidor:

1) Rato no quiere ser un nuevo Mario Conde y ha atenazado al PP para que su responsabilidad se diluya, para que quede claro (pase lo que pase en la Audiencia Nacional) que él no es un ladrón ni el culpable de este asunto.

2) El Gobierno ha recibido ayudas en Europa que exigen fuertes recortes para las próximas semanas, recortes que ni su propio electorado entiende ya que no venían en el programa electoral del pasado mes de noviembre. Para ocultar el tijeretazo y ganar crédito ante la sociedad, llaman a los posibles responsables (muchos ligados al PP, aunque hay notables ausencias en esa lista como Miguel Blesa) para que den explicaciones.

3) Una vez conseguidos los 30.000 millones de Europa como anticipo para recapitalizar bancos, es el momento (ahora sí) de hablar de gestión y responsabilidades. Tanto en este escenario como en el anterior, Rato habló antes que el PP como estrategia de transparencia de cara a su proceso judicial. En el primer escenario, Rato habría hablado antes para presionar al Gobierno, dejándole sin margen de maniobra ante la amenaza del ‘enfant terrible’. Esta tesis estaría apoyada por las declaraciones de Rato a principios de junio criticando la decisión de nacionalizar Bankia, algo que sorprendió a muchos.

En cualquiera de los casos, la presencia de todas estas personas en el Congreso es un motivo de alegría (algo tardío, eso sí) para la democracia, para UPyD y para el 15M, y supone otro golpe para el bipartidismo español que verá su gestión aireada ante la prensa y los ciudadanos. Otro hachazo más.