Gobierno de la Comunidad de Madrid: historia de una organización criminal

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Se fue el mes de octubre de 2014 y con él la bella costumbre del escándalo de corrupción diario, escándalos que han salpicado a deportistas, empresarios, artistas y políticos en muchas sedes pero que han sido especialmente sonados en nuestra querida Comunidad de Madrid, donde un terremoto ha sacudido los cimientos del Ejecutivo Popular con epicentro en la figura de Don Francisco Granados.

Hombre de confianza de Esperanza Aguirre, integrante de la Santísima Trinidad que la lideresa, Ignacio González y él formaron durante varios años al frente de la CAM, bien secundados por otros ilustres como Juan José Güemes, Manuel Lamela, Javier Fernández Lasquetty o Lucía Figar. Valientes jinetes, adalides de esa rama del Partido Popular orientada al liberalismo que cándidamente podríamos tachar de republicano en el sentido norteamericano del término. Personas cultivadas en lo académico, correctísimas en el hablar y el vestir, magníficas en su decoro. Partidarios del libre mercado y de la desregulación, de la gestión privada en el ámbito de lo público, defensores de la meritocracia y de la excelencia. No me cabe la menor duda de que así es cómo les gustaría ser recordados.

Por desgracia para ellos y para casi todos los madrileños, la Historia comienza a desvelar qué lugar tienen reservado.

Año 2003. Tras el largo matrimonio entre Álvarez del Manzano y Gallardón, soplan vientos de cambio en la Comunidad de Madrid. Alberto, siempre ávido de gloria, quiere engrandecer la capital y llevarla al primer plano internacional, sea como sea. Por aquel entonces se trataba de uno de los políticos mejor valorados del país: se había movido como pez en el agua al frente de la Comunidad y su tibieza a la hora de celebrar los logros del gobierno estatal de Aznar le habían granjeado las simpatías de propios y extraños. Un “progre” disfrazado de popular. Arrasó a Trinidad Jiménez y se convirtió en alcalde de Madrid. Fue reelegido de manera avasalladora en 2007 y en 2011, para poco después dejarle el cargo a la mujer de Aznar y marchar hacia su particular Waterloo en la cartera de Justicia. Pero esa es otra historia.

La alcaldía está asegurada pero en la Asamblea de la Comunidad el vacío de poder es evidente. Aznar no puede permitirse perder la plaza y el baile de nombres incluye a barones y baronesas de la cúpula del PP: se habló de Rodrigo Rato, pero Aznar le necesitaba para ganar las elecciones generales y además se mascaba su llegada al FMI, llegada en la que el Gobierno de España empleó considerables recursos y que se saldó con uno de los peores mandatos al frente del FMI que se recuerdan. Pero esa también es otra historia.

Finalmente fue Doña Esperanza Aguirre, la vivaracha Presidenta del Senado, la elegida. Se comentó que su relación con Aznar no era del todo buena, pero se trataba de una política de garantías, una mujer admirada por sus allegados porque “siempre dice la verdad y nunca se calla ante nadie”. Llegó mayo y Aguirre no consiguió la mayoría absoluta.  En unas elecciones muy ajustadas, el PP se quedó a un escaño del objetivo, por lo que PSOE e IU iban a gobernar en Madrid con Rafael Simancas como presidente. Aguirre se enfrentaba a cuatro años de penurias, a la condena de liderar la oposición por un margen tan exiguo como frustrante. O no.

En un movimiento inesperado, Tamayo y Saéz, dos diputados socialistas, decidieron abandonar la disciplina del partido y pasarse al Grupo Mixto. Los motivos no se esclarecieron en la Comisión de Investigación de aquel verano, las elecciones se repitieron en octubre y, ahí sí, al más puro estilo George W. Bush en el 2000, Esperanza Aguirre consiguió la mayoría absoluta. Las evidencias de que aquellos dos diputados fueron sobornados con dinero negro del PP van saliendo a la luz, pero aún es pronto para echarse unas risas al respecto. La versión oficial sigue siendo la de que lo hicieron por “convicciones personales”, convicciones que no somos quiénes para valorar.

La camada de Aguirre se configuró, como ya hemos visto,  como un conjunto de libertarios que venían a cambiar la forma de hacer las cosas en la Comunidad, siempre en aras de la máxima prosperidad de los madrileños. Con el ejecutivo popular, la Comunidad conoció tasas de crecimiento descomunales, con una entrada de dinero sin precedentes y un estado de euforia generalizado que duró hasta bien entrado 2008. Durante ese tiempo, Aguirre presumió de que Madrid era el motor de España, referencia mundial, la economía más pujante de la Tierra. Exultante, bonificó al 100% el Impuesto sobre el Patrimonio y al 99% los Impuestos sobre Sucesiones y Donaciones, rebajó al 4% el Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales, etc. Los réditos del mercado inmobiliario llenaban las arcas de la Comunidad y la lideresa no dudaba en rebajar la presión fiscal (de forma selectiva, eso sí) mientras inauguraba autopistas, líneas de metro, hospitales, estadios, etc.

Aguirre se acabó convirtiendo, durante la etapa postaznarista 2004-2011, en la voz más autorizada dentro del PP, una suerte de caudilla que se erigía frente al intervencionismo de Zapatero y su afán por tocar el bolsillo de los españoles, ese bolsillo que, más tarde, el Gobierno de Rajoy “se vio obligado” a saquear con la presión fiscal más alta de la historia de la democracia. Por no mencionar su firmeza ante el avance del nacionalismo catalán, ETA o la izquierda chavista y castrista. O todo lo demás junto, que para ella es lo mismo. Sobrevivió a accidentes de helicóptero, a atentados islamistas y al cáncer. En 2012, presentó su dimisión alegando motivos de salud. Algunos sospechamos que había muchas cosas detrás de sus lágrimas de cocodrilo. Se nos trató de machistas, partidistas, indecentes, etc. Una vez más, la Historia empieza a poner las cosas en su sitio.

En su “retiro”, Aguirre ha trabajado en el sector privado sin mayores problemas, ha insultado a todos los que “tomaban la calle”, ha sido multada en plena Gran Vía con huida al volante incluida y ha tenido los redaños para mantener una conversación telefónica en directo con Pablo Iglesias, algo de lo que ningún otro político español puede presumir.

En cuanto a la camada que la acompañó en el Gobierno, sus carreras no han tenido el mismo glamour pero han tenido vaivenes considerables: al imputado Granados hay que sumar el ático de Ignacio González (imperdible esta discusión en la COPE con Pedro J. Ramírez, con descalificaciones tan graves como hilarantes), la privatización selectiva de los Consejeros de Sanidad Güemes y Lamela entre 2007 y 2010 (que provocó su imputación penal en 2013 por, entre otros asuntos, favorecer la cesión de bienes públicos a empresas que les habían abonado comisiones o de las que ellos mismos formaban parte como consejeros),  continuada hasta 2014 por Fernández Lasquetty (quien tuvo que dimitir tras la presión del colectivo de sanidad madrileño) o los desmanes de Lucía Figar como Consejera de Educación (degradando la educación pública hasta convertirla, con honrosas excepciones, en la esponja que se lleva al 78% del alumnado extranjero, al 70% del alumnado con necesidades especiales y al 69% del alumnado de compensatoria mientras la educación privada y la concertada se llevan un 40% del total del alumnado “ya saneado” y medran gracias a subvenciones y ayudas públicas).

El denominador común de estas políticas ha sido la supuesta búsqueda de la eficiencia y la excelencia a través de la mano libre del mercado con el fin de mejorar la prosperidad de todos los madrileños. Esto se ha traducido en un juego de sillas entre políticos y empresarios de medio pelo, capitalistas de salón y rayos UVA, tiernos compañeros de copa en reservado, hoy separados por una puerta que gira sin parar. La reforma de la política madrileña del ejecutivo popular ha consistido en casi tres legislaturas de intereses estrictamente privados: una usurpación constante del espacio público, una tomadura de pelo encaminada a garantizar el estatus de una serie de listillos de escuela de negocios que hablan de los parabienes del liberalismo cuando sólo saben moverse en los entresijos de las relaciones públicas y los favoritismos, el privilegio sistemático a una minoría de madrileños que no usan el transporte público, se pagan educación y sanidad privadas y sólo esperan del poder la tranquilidad que da saber que tu patrimonio y tu herencia está protegida por un aparato de poder afín a tus ideas (y bonificado fiscalmente). O lo que es lo mismo, la maldita élite que manda en las altas esferas españolas.

Pero lo peor no es que el espacio público de la Comunidad de Madrid se haya visto tomado y maltratado por estos individuos, ni siquiera lo son las formas con esa desidia y soberbia, la más repulsiva y cateta chulería de taberna. Lo peor es que aún ahora que su castillo se derrumba, ahora que ni siquiera la más honorable está libre de pecado, nos siguen tratando como a borregos estúpidos. Siguen pidiendo perdón, como si fuéramos sus hijos, como si hubiesen rozado el Cayenne en el garaje de su casa. Nos dicen que no saben nada, que qué alucinante, que hay que recuperar la confianza y que qué vergüenza. El colmo es cuando la lideresa aparece en Telecinco proponiendo medidas para frenar la corrupción, señalando a sus compañeros como si fueran extraños, negando toda relación con cualquier imputado, como si en lugar de haber vivido 18 años en la primera línea de la política española, presumiendo de “su partido” y de “su Comunidad” como quien presume de Rolex nuevo, hubiese estado metida en una cueva rezando rosarios. Señora Aguirre, sólo hay dos opciones: o usted es una caradura o es usted imbécil. Por mi parte no dudo de su inteligencia, así que deje de hablarnos de sus desmanes y sus delitos como si fueran chiquillerías sobre las que nadie tuviese responsabilidad alguna, como si todo fuese un juego de patio de colegio en el que todo se difumina en la confusión y el jolgorio.

B1WvbE3IEAEK33U.jpg largeHay que ser realistas: las responsabilidades penales, que pueden resultar evidentes en la calle, no lo son en los Tribunales, máxime cuando hablamos de políticos. Nuestra Justicia va lenta y tiene resquicios que no convencen a nadie. Sin responsabilidad penal, no devolverán un solo euro de todo lo que han malversado y robado; tampoco lo harían en el caso de ser condenados, pero esa es otra historia. Lo único que nos queda como castigo es el escarnio público, el ostracismo político, el dedo que les señale hasta el final de sus días. Ser considerados ladrones, jetas, sinvergüenzas, oportunistas de la peor calaña, cáncer de este país. Que la mierda salpique por fin a toda esta banda de mafiosos y criminales. A ellos, que sólo aspiraban a la gloria de sus bolsillos y los de sus allegados, lo que más les puede doler es salir del sistema por la puerta delantera abucheados y observados. Que la Historia les engulla, les expulse y se vayan por el sumidero de la nadería, la intrascendencia, la ridiculez.

Quizá a partir de 2015 podamos verlo.

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Madrid 2020: se acabó la farsa.

Mientras en la Puerta de Alcalá unos cuantos cientos de “buenos madrileños” se lanzaban a mentar a las madres de los miembros del COI, otros cientos (o quizá menos) respirábamos tranquilos: no habrá despilfarro en Madrid, no seguiremos aumentando deuda sin parar (ojo al gráfico) y quizá podamos reconducir ese dinero (que tan alegremente decía el señor De Guindos que podíamos gastar) a tareas más importantes como educación. No solo lo digo yo, lo dijo también anoche un miembro del COI: “Creemos que España debe invertir sus recursos económicos en materias más importantes que los JJOO“. Seguramente era antiespañolista esta señora, ¿verdad?

Ahí quedan el aluvión de insultos, de afirmaciones propias de mundos alternativos, o directamente paletadas. Este es el nivel, señoras y señores: tachar a los que se oponían de “retrógrados”, “infelices”, “agoreros”, etc; tachar a los que deciden sobre el tema de “cafres”, “corruptos”, “facinerosos” o “traidores”. Ayer, un ínclito twittero decía que los Juegos (y Eurovegas) son intentos de cambiar las cosas y que muchos renegamos de estos intentos. Repito: este es el nivel.

Quizá, y digo quizá, la oposición por tercera vez consecutiva del COI no se deba a un asunto de lobby (ya se nos ha beneficiado en otras ocasiones), ni a problemas de seguridad, ni a una particular inquina hacia España. Quizá se deba a que seguir pegando patadas adelante, vendiendo humo de ladrillo y comisiones, no es la solución a ningún problema. Quizá se deba a que somos un país que persigue el dopaje de cara a la galería, pero sin castigarlo y, en ocasiones, negando su existencia. Quizá se deba a que somos un país que recorta en sanidad y educación, eleva impuestos y tiene un paro del 27% pero luego quiere organizar unos JJOO. Ya hablé hace una semana de cifras, de medias verdades y de mentiras, para el que se quiera meter en harina, así que no aburro más.

Antes de cerrar el grifo por hoy, me gustaría hacer dos apuntes:

1) Me ha llamado mucho la atención la reacción de Pau Gasol, persona a la que tenía en bastante estima por tratarse de un profesional con la cabeza bien amueblada. Quizá el hecho de ser deportista le haya movido a esta pataleta, pero esperaba mucha más modestia y tranquilidad de este señor. Una gran decepción.

2) Gracias a esta derrota clara, posiblemente se acaben estas tonterías durante un par de décadas y, mucho más importante, hemos asistido al final de la carrera política de ese extraño fenómeno que es Ana Botella. Quedan para la historia sus intervenciones de ayer y del pasado jueves. No es su nivel de inglés, que es sonrojante y doloroso a los oídos (aunque no sea mucho peor que el del Gobernador de Tokyo), es su lenguaje corporal y su forma de expresarse en castellano, que denotan, más que ninguna otra cosa, una profunda ignorancia. Señora Botella, deje en paz a Madrid, váyase y pare de hacer el ridículo.

Y ya está, les dejo con esta imagen que me han pasado esta mañana: son japoneses un mes después de Hiroshima y un mes después del terremoto de 2011. Va dedicada especialmente al mainstream media, que esta semana se ha preocupado por Fukushima tras meses y meses de no hacerlo. Respiren y abran fuego.

Sindicalismo de salón y rayos UVA

No soy fan de La Razón más allá del valor cómico de sus portadas pero hoy comparto totalmente la opinión acerca de los líderes sindicales (y por extensión, acerca de los sindicatos CCOO y UGT): están acabados. Ya hablé aquí hace ocho meses sobre lo que eran (y son) los dos grandes sindicatos españoles, por lo que no pienso repetirme.  Es penoso que tengamos a estos irresponsables encabezando a los trabajadores de España. Porque eso es lo peor de todo, que los sindicatos representan a todos los trabajadores, independientemente de que estén afiliados o no. Y estos no están a la altura.

Y es que, les guste o no a muchos, los sindicatos son necesarios. Hoy más que nunca. No se puede prescindir de su labor en los comités de empresa, de su papel fundamental en la negociación colectiva de las condiciones de trabajo de millones de personas. Ni siquiera, por más que nos pongamos pesados, se puede obviar la necesidad de que los sindicatos jueguen un rol importante en el diálogo social. Pero no estos sindicatos. No estos señores que permiten, huelga tras huelga, que una serie de salvajes, tiparracos sin conciencia ni vergüenza, se crean en posesión de la verdad absoluta y, como si de miembros de las SA de Hitler se tratasen, se dediquen a reventar escaparates, inutilizar cerraduras, quemar contenedores, agredir física y verbalmente a comerciantes, abollar coches y un largo etcétera. No merecen ni ser llamados piquetes, porque ni siquiera lo son en en el sentido legal del término. Si la Justicia actuase de forma enérgica contra estos personajes no se repetirían actos así. Pero la Justicia, ya saben, ni está ni se la espera.

Como bien señala Marc Vidal en esta magnífica entrada: “aunque se definan como líderes laborales, el contacto [de CCOO-UGT] con la realidad empresarial y emprendedora de este país es nulo”. Hacen falta nuevos sindicatos, nuevas caras, nuevos espíritus. Basta ya de boicot al empleo, de eslóganes decimonónicos, de mecanismos obsoletos. Basta de dar la cara siempre tarde, de trincar dinero público, de callar ante un paro galopante cuando gobernaba la izquierda (y no, no basta con una huelga general planteada ante el clamor de la sociedad cuando Zapatero agonizaba en la Moncloa).  Basta. Y basta ya, señores de la derecha, de criminalizar la actividad sindical como si del demonio se tratase. De celebrar como triunfos un bajo seguimiento de la huelga. De enfocar al antisistema cuando lanza una piedra y no mostrar las manifestaciones pacíficas y numerosísisimas que tuvieron ayer lugar en España. De callar ante agresiones policiales como esta o esta. De empeñarse en no ver el trasfondo de una protesta que suscribe una gran mayoría de españoles y pretender deslegitimar cualquier acción social en la calle.

La crispación, el enfrentamiento y la violencia no paran de crecer en España, azuzados por el desempleo y la pobreza, por políticos irresponsables e indignos, por agentes sociales inoperantes y corruptos. Cuando la clase media caiga, ahogada por bajos salarios y altos impuestos, el país se descoserá completamente y no habrá esperanza. Esto tiene que acabar o los radicalismos y nacionalismos medrarán como moscas en la mierda. Falta solidaridad, espíritu de cambio y conciencia social. Pero social de verdad, no esa que pregonan los señores de arriba, esa conciencia social de salón y rayos UVA. Suena pesimista, casi apocalíptico, pero la realidad no espera a nadie. Hay mucho que cambiar y se ha de empezar ya. Nos va la vida en ello.

Colón, día 14 de noviembre. Foto de Álvaro García

España, Estado Bancario de Derecho

Ha salido hace unos minutos la noticia de que la familia Botín no será enjuiciada por la Audiencia Nacional por delitos de fraude fiscal entre 2005 y 2009, en concreto, la no declaración de IRPF y Patrimonio de esos años. Se descubrió el pastel porque en mayo de 2011 alguien filtró una lista de clientes del banco suizo HSBC. Dentro de esa lista hay otras 657 personas investigadas, con un volumen estimado de entre 6.000 y 8.000 millones de euros en esas cuentas. La causa, que afectaba a Emilio Botín e hijos (además de su hermano), fue denunciada por la Fiscalía Anticorrupción hace poco menos de un año. La denuncia se produjo con el fin de que los delitos correspondientes al ejercicio de 2005 no prescribiesen. En cuanto conocieron de la denuncia, los Botín acudieron raudos a pagar lo que debían, unos 200 millones de euros. Nótese que la regularización “voluntaria” se realiza después de que se produzca la denuncia.

El auto de la Audiencia Nacional dice que la regularización practicada por los denunciados es correcta y anterior a que se hubiera incoado, por parte de los órganos de la Agencia Tributaria, un procedimiento de inspección o de verificación (¿por qué no se inició este procedimiento cuando había tantas lagunas en la documentación?), por lo que se debe eximir de responsabilidad a la familia Botín, en aplicación del articulo 305.4 del Código Penal.

Vayamos al art. 305.4 que cita nuestro ínclito Tribunal:

Quedará exento de responsabilidad penal el que regularice su situación tributaria antes de que se le haya notificado por la Administración tributaria la iniciación de actuaciones de comprobación tendentes a la determinación de las deudas tributarias objeto de regularización, o en el caso de que tales actuaciones no se hubieran producido, antes de que el Ministerio Fiscal, el Abogado del Estado o el representante procesal de la Administración autonómica, foral o local de que se trate, interponga querella o denuncia contra aquél dirigida, o cuando el Ministerio Fiscal o el Juez de Instrucción realicen actuaciones que le permitan tener conocimiento formal de la iniciación de diligencias.

Igual es que no entiendo bien el castellano pero, ¿no se había producido ya una denuncia (o querella, lo desconozco) contra los Botín cuando estos procedieron a regularizar “voluntariamente” su situación fiscal? ¿Cómo puede el señor instructor decir que la regularización es correcta cuando es obvio que es una regularización forzada por la inminente apertura de un juicio del que se podrían haber derivado penas de prisión de hasta cinco años y una multa de 1.200 millones de euros? ¿Dónde está la “voluntariedad? O sea, que si yo defraudo 120.000 euros (el mínimo para ser delito en este momento, pendiente de esa reforma anunciada hace 10 días por el Gobierno para reducirlo a 50.000) me puedo esperar a que me denuncien antes de pagar y no me pasa absolutamente nada porque he pagado por mi voluntad, porque me ha dado por ser solidario y honrado de repente.

Este tipo de decisiones junto con las amnistías fiscales solo sirven para incentivar aun más la cultura del robo sistemático, de la extorsión más descarada. ¿Por qué pagar lo que debo si puedo quedármelo hasta que me investiguen sin que me puedan encausar y acabar en la cárcel? “Si te debo un millón tengo un problema, si te debo 100 millones el problema lo tienes tú”. Los ladrones de guante blanco siempre se van de rositas, sin fiscalizar absolutamente nada, sin que se mueva una hoja. El fraude desangra España año tras año, pero nos comemos la tostada y no pasa ni media. Proteccionismo extremo, partidos comprados por estos señores y un sistema que está corrompido desde los cimientos. Ni democrático, ni social, ni chorradas constitucionales. España, Estado Bancario de Derecho. Y tirando.

P.D. Ayer se sabía que Carlos Dívar (Presidente del CGPJ-TS) no será tampoco enjuiciado por utilizar fondos públicos en viajes privados. Llueve y llueve sobre mojado.

10 razones para un auténtico cambio

Faltan 5 días para que llegue el domingo, día de elecciones generales en España. Dudo que esta entrada cambie el sentido del voto de nadie que ya lo tenga decidido, pero espero que al menos haga pensar un poco.

1. Nos han fallado constantemente, al frente del Estado, en autonomías y en los ayuntamientos. Gestores nefastos, preocupados por mantener su puesto en lugar de servir a la sociedad y al bien social, auténtico significado de la política.

2. Nos han estafado y robado millones y millones de euros. Permiten la defraudación sistemática sin ningún rubor. Han arruinado un sistema noble y antiguo de financiación al pequeño empresario y al trabajador, las Cajas de Ahorro. Lo han hecho utilizándolas para financiar todo tipo de actividades urbanísticas e infraestructuras que no respondían a ningún interés más que al de su bolsillo y el de sus amigos. Los escándalos de corrupción son constantes y ni siquiera nos sorprendemos, la gente sigue votando a ladrones que ni se cortan a la hora de presentarse en las mismas circunscripciones en las que cometieron grandes desfalcos.

3. Nos privan del principio de separación de poderes. La Justicia necesita un órgano judicial independiente que pueda vigilar por la legalidad de nuestro ordenamiento jurídico, no un grupo de Magistrados elegidos a dedo para que digan lo que los políticos quieren que digan. También necesitamos un órgano de gobierno del poder judicial (un CGPJ) renovado que no pueda presionar a los jueces por motivos políticos.

4. Nos niegan una ley electoral justa, que tenga por circunscripción única para el Congreso el total del territorio español y en el que cada voto valga exactamente lo mismo, que no deje fuera de juego a partidos políticos por no reunir avales a pocos días del inicio de la campaña electoral y que no favorezca de forma descarada a las mayorías. Una ley que diga que abstención y voto en blanco son penalizaciones (y no facilidades) para el bipartidismo. Una ley que impida las listas cerradas.

5. Nos imponen Leyes inconstitucionales para favorecer a ciertos lobbies a cambio de favores económicos, leyes que recortan los derechos fundamentales y atentan directamente contra la libertad en Internet. Mientras tanto, no se atreven a meter mano a las grandes multinacionales que permiten a pedófilos anunciarse en sus redes sociales.

6. Nos han vendido una y otra vez a empresas y bancos para conseguir puestos de retiro que les permitan vivir holgadamente mientras cobran pensiones directamente de nuestros impuestos. Permiten que la banca mantenga los inmuebles a un precio desorbitado atentando contra el libre mercado, mientras cientos de familias pierden sus hogares y se quedan con deudas millonarias (porque tampoco aprueban la dación en pago). Cientos de miles de pisos vacíos, promotores quebrados que siguen recibiendo refinanciación con dinero público, rescates millonarios también con cargo al erario público, pero a los ciudadanos que mantienen esto con sus impuestos no se les puede ayudar porque “el Estado no puede interferir en contratos privados” (palabras de Rubalcaba para Ondacero, el pasado día 10 de noviembre). Quizá esta sea la explicación.

7. Nos siguen metiendo con calzador la colaboración con la Iglesia Católica en pleno siglo XXI. Millones de euros en subvenciones, en profesores de religión, en actos públicos. La religión debería ser una opción de cada cual, no una imposición pública para todos los españoles, sean o no cristianos.

8. Nos exigen titulación, master, idiomas, experiencia, capacidad para afrontar problemas, disposición para trabajar en equipo, talento, innovación, ganas de aprender de los errores y enmendarlos, honestidad, ética… todo ello para conseguir un trabajo en un entorno de máxima precariedad laboral, mientras que tenemos dirigentes que no saben inglés, con una dicción lamentable o ignorantes con la cartera de Sanidad. La misma meritocracia que impera en el mundo privado tiene que llevarse a la esfera pública para liberar a la casta política de los parásitos.

9. Nos ofrecen una información sesgada, polarizada y encaminada a mantenerlos en el poder. Medios de comunicación cuyas líneas editoriales están controladas por grupos de empresas que manipulan a esos partidos políticos. Espacios electorales donde solo tienen cabida dos partidos, lanzamiento indiscriminado de las doctrinas del voto útil, del voto de castigo o de que “solo estos partidos están preparados para gobernar”. Hay muchas alternativas, pero si los grandes medios solo hablan de PP y PSOE, PSOE y PP, es difícil que el gran público las conozca.

10. Porque los presupuestos participativos se pueden cumplir, hay suficientes medios para ello, los ciudadanos tenemos derecho a saber, a decidir y a actuar. La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado. No es un mandamiento anarquista, antisistema o perrofláutico. Es el artículo 1 de nuestra Constitución. Hagámoslo cumplir.

Laxitud penal

Nos hemos despertado muchos hoy, entre bajadas de rating y el proceso de negociación-paz-derrota-rendición de ETA (que para todos los gustos y colores lo tenemos ahora que llegan las rebajas del 20N), con la noticia de que a Esperanza Aguirre le han entrado dos personajes en las dependencias de su casa (sin allanar la residencia) esta pasada madrugada.

La cosa no tiene mucha historia, los gamberros irían algo borrachos (venían del Santiago Bernabeu, donde anoche hubo partido de Liga de Campeones) y debieron pensar que resultaría gracioso romper el candado de la puerta de la señora Presidenta. Les caza la Guardia Civil, les cachean (encontrándoles los típicos elementos con los que uno acude a ver el fútbol, esto es: móviles, entradas y bufanda del Madrid) y, tras levantar atestado para remitirlo al órgano judicial competente, les dejan marchar a sus casas. Una simple falta, como ha reconocido reiteradamente el Tribunal Supremo, que derivará en la multa que estime oportuna el Juez y en una acción civil por los daños que haya sufrido la puerta.

La noticia llega hoy cuando Aguirre, en uno de esos momentos estelares que tiene de vez en cuando, dice que qué vergüenza, que qué inseguridad, que les cogen y no prestan declaración (?), que no les detienen (??), y que si estas cosas le pasan a ella no sabe qué le podrá ocurrir a un ciudadano corriente (???). La Presidenta ha denunciado por allanamiento (cosa completamente legítima, un deber ciudadano de hecho), pero el discurso es una salida del tiesto con los dos pies.

Es una salida del tiesto porque la Presidenta sabe perfectamente, como abogada que es, que el procedimiento habitual es el que se ha aplicado, que no se trata de un delito sino de una falta y que esas personas están identificadas y serán requeridas si así lo decide el Juez.  Y, sin embargo, Aguirre, manipuladora e inteligente como pocas, aprovecha la coyuntura para dejar el recadito a la Delegada del Gobierno de la CAM (“Deben de ser dos indignados de los que protege la delegada del Gobierno en Madrid”), y al PSOE en general (“si el incidente hubiera ocurrido en casa del señor Alfredo Pérez Rubalcaba, los dos individuos sí habrían sido interrogados”), como partido gobernante responsable de la Justicia. El ciudadano corriente, ya ni siquiera el de perfil educativo bajo, se queda con las palabras “les cogen y no les interrogan ni les detienen”, que sirven para avivar ese debate estéril acerca de la supuesta laxitud de las leyes penales españolas, competencia exclusiva del Estado. Una jugada algo burda para el ojo crítico, pero muy efectiva.

España encabeza la lista de países de la UE con mayor tasa de reclusión cuando al mismo tiempo es uno de los países con menor índice de criminalidad, por lo que nuestro sistema no puede ser tan laxo como se denuncia desde cierto sector de la sociedad. Cierto es que para el cálculo del índice de criminalidad se tienen en cuenta aquellos delitos de los que se tiene conocimiento (estoy seguro de que si en España la gente denunciase más escalaríamos bastantes puestos), pero estamos muy por encima de países como Francia, Italia o Alemania en número de presos por cada 100.000 habitantes.

En una sociedad tan convulsa y tendente a la acusación como la nuestra (herencia fundamental de cierta institución que juzgó y condenó durante 350 años en España), el Derecho Penal se usa frecuentemente como Espada de Damocles que debe funcionar de forma inapelable bajo cualquier supuesto. Los políticos lo saben y alcanzan niveles de demagogia simplemente repugnantes en muchos casos, rojos y azules. Sí, son esos políticos que piden mayor seguridad al adversario cuando luego siguen sin dotar de más presupuesto a la Justicia o utilizan a los Fiscales y al Tribunal Constitucional a su antojo.

Señoras y señores: nuestro Código Penal es suficientemente duro, y nuestras leyes de enjuiciamiento son razonablemente buenas. Sí, la Justicia comete errores, pero muchos de ellos son disculpables debido a la ingente carga de trabajo que soporta cada Juzgado. Con más recursos, otro gallo nos cantaría.

El fin del discurso conocido

Todo el mundo sabe que estos días se está operando un movimiento de protesta en las calles de España contra el poder político vigente, un poder político convertido en casta que es el tercer problema más preocupante para la ciudadanía, según recientes encuestas. Esta casta de incompetentes, de parásitos de todas las supuestas ideologías, ha contaminado nuestro Estado social y democrático de Derecho, convirtiéndolo en una suerte de plutocracia donde dos grandes empresas burocráticas e ineficientes se reparten el poder y se tapan las vergüenzas allá donde pueden mientras públicamente se tiran los trastos a la cabeza para intentar perpetuarse unos cuantos años más, colocando a sus acólitos en puestos que les permitan pillar un buen pedazo de pastel.

Ante el hartazgo de la gente joven (y no tan joven, a la luz de lo visto y escuchado estos días en las manifestaciones), que contempla cómo España lidera a Europa en el ránking de paro juvenil con casi un 45% de desempleo entre las personas menores de 25 años (doblando la media europea, de hecho), cómo la corrupción se ha institucionalizado de una forma alarmante y que ve en el horizonte un rescate financiero que acabaría de hundir al país, se canalizaron manifestaciones lideradas por los movimientos Democracia Real Ya! (DRY, la página está colapsada debido a la cantidad de solicitudes que recibe), NoLesVotes y JuventudSinFuturo, entre otros. A través de Twitter y Facebook (Tuenti es la red social nº1 en España entre la gente joven, pero su papel ha sido absolutamente marginal, algo que da que pensar), la gente se ha organizado sin necesidad de políticos, sindicatos y consignas vacías. Se han lanzado a la calle a pedir algo muy simple: que vuelva la democracia, que se devuelva al pueblo el poder que tiene, que se acerquen las instituciones a los ciudadanos y que podamos participar en ellas de forma efectiva para intentar salir adelante.

Yo creo que es un discurso muy necesario, completamente legítimo y comprensible. Como yo, muchos compañeros y amigos de mi círculo próximo lo ven igual. También están las voces del bipartidismo, del mal llamado “voto útil”, que directamente callan ante esta situación o ponen sambenitos de “perroflas” y “vagos”. Esto es verídico. Es duro, realmente penoso, escuchar a gente de 21, 22, 23 años decir que “estas cosas no sirven de nada”. Pero imagino que la educación de cada cual marca su camino; después de todo, la libertad de pensamiento y de expresión es el mejor barómetro para medir la salud de una sociedad.

Ante estas protestas que están movilizando a MUCHA gente en España, ¿qué dicen los grandes partidos? En sus cuentas de Twitter, poco se puede averiguar. PPSOE continúan con sus declaraciones pre-electorales. Pero los medios sí que se han hecho eco del movimiento #15m.

El País, en una maniobra muy previsible, le da una relevancia prácticamente mínima en su portada de hoy. Prefiere la crítica al PP, lógicamente, antes que reconocer legitimidad a un movimiento que amenaza con propinar un varapalo brutal a la izquierda.

Más relevancia adquiere el #15m en El Mundo, aunque las declaraciones de Rajoy diciendo que “lo fácil es descalificar a la política y a los políticos” sorprenden viniendo de un personaje que se estaba reuniendo para apoyar la candidatura de una serie de imputados por corrupción y tráfico de influencias. Mejor habría estado calladito.

La Razón y ABC se destapan y van de cara a por sus intereses: desprestigiar a la izquierda y empeorar su imagen. La Razón habla de “captar voto de los antisistema” en un ejercicio de irresponsabilidad periodística de primer orden. Que yo sepa la gente que se echa a las calles para pedir una revisión del sistema democrático no está negándose a apoyar ese sistema, sino a cómo está actualmente. Pero lo fácil es tachar a la gente y deslegitimarla, no sea que vaya a crecer el movimiento excesivamente y se vaya a ver afectado el voto del PP. El ABC dedica un espacio mucho más pequeño, más inteligentemente, pues son conscientes de lo que hay detrás del #15m, de que las protestas de unos miles pueden estar dando voz a millones. Y eso, nuevamente, no interesa al PP.

Se pueden encontrar declaraciones de Rubalcaba ayer en las que dice que “tenemos que explicar que no hay nada irreversible, que unas leyes se cambian por otras leyes” o que “siempre hemos querido cambiar (y la cambiaremos) la regla de socializar las pérdidas y privatizar los beneficios”. Pobre reacción del PSOE, que no tiene discurso para explicar lo que está pasando. La más cojonuda de las perlas que dejó el Ministro de Interior fue que “la crisis no es la de la escuela pública, los libros de texto o la sanidad pública. No es la de nuestro modelo”. Apaga y vámonos. También tenemos a Ramón Jáuregui pegando palos de ciego hablando de que “esto no vale de nada por sí solo” y dando al movimiento tintes totalitarios. Tomás Gómez y Jaime Lissavetzky intentan subirse al carro. Tarde, señores. Nuevamente, no comprenden o no quieren comprender.

La falta de discurso no sólo afecta al PSOE, que ya ni las ve venir, también afecta a IU que intenta reclamar el voto sin movilizar a nadie, haciendo suyo algo que no es suyo. La gente en las calles no se va a casar con el inmovilismo de un partido completamente trasnochado y que necesita una renovación completa.

¿Y el PP? Tranquilos, relajados, contando con una victoria cantada, como si la cosa no fuera con ellos, como si sólo se estuviese protestando contra el Gobierno. La realidad es que también están bastante callados, esperando a ver cómo se desarrolla todo, sin discurso, sin palabras. Su líder ayer intentó defender a la casta política, demostrando que la incapacidad para entender las protestas no es coto cerrado del PSOE. Hoy Rajoy dice comprender las protestas pero cree que únicamente están motivadas por el paro juvenil. Faltaría más, esto viene de hace muy poco, Sr. Rajoy, su partido no tiene nada que ver. La señora Presidenta de la CAM, Esperanza Aguirre, tampoco está por la labor de hacer ejercicio de autocrítica: habla de sicarios socialistas (?) y sigue la línea de Rajoy de culpar al Gobierno. Discurso partidista, pero a estas alturas nadie se va a sorprender.

¿Qué pasará este domingo? ¿Voto de castigo a la izquierda a costa de elevada abstención? Muy probable. ¿Gran aumento del voto a pequeñas formaciones? También es posible. ¿Susto para el PP? Puede pasar ¿La participación más baja de la historia de la democracia? No creo.

¿Vientos de cambio? Asegurados.

Recomiendo la lectura de estos artículos: Carta abierta a los votantes de cualquier partido,  La chispa del Movimiento 15-M, La diferencia entre abstenerse, votar en blanco y el No Les Votes, Los políticos comienzan a asustarse, Las propuestas del DRY, Crónica de #acampadasol, Siete ideas sobre DRY y NolesVotes y DRY, El Hartazgo

Kurioso ha realizado un gran trabajo recopilando los programas de las 21 candidaturas a la Asamblea de Madrid. Sólo 6 tienen un programa específico, algo increíble.

Seguimiento en tiempo real mediante el hashtag #acampadasol (con fotos aquí), #nonosvamos, #spanishrevolution y #yeswecamp. Atentos al blog de @acampadasol para cualquier cambio de hashtag o incidencia.

Leer, informarse y difundir 😉