Elecciones 27-S: España no se rompe; Cataluña, sí.

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27 de septiembre de 2015. Elecciones al Parlament catalán. Las terceras en cinco años. Las segundas de “deriva independentista”. Las primeras “plebiscitarias”. El inicio de la hoja de ruta para proclamar un nuevo Estado. Una candidatura única liderada por CDC (la parte dura de la extinta CiU) y ERC (los eternos paladines de la Catalunya Lliure). El “más alto, más rápido y más fuerte” del desafío soberanista.

En el centro del día histórico para Cataluña, un hombre: Artur Mas. O Ártur, como le llaman algunos. El hombre de la eterna sonrisa y el pulgar hacia arriba. El político que hoy pretendía llegar a lo más alto y ser el Nelson Mandela del pueblo catalán. Lograr la mayoría absoluta, seguir gobernando y proclamar en unos meses la independencia de manera unilateral. Pues bien, vísperas de mucho, días de nada: 62 escaños, y gracias. Y es así como, en una jornada histórica (77,44% de participación), pasas de ser President con mayoría absoluta gracias a ERC (71 escaños en 2012), a obtener el peor resultado de la historia de las formaciones CiU+ERC y depender para gobernar en mayoría de un socio anticapitalista, CUP, cuyo líder, en su primera rueda de prensa tras el anuncio de los resultados dice que “contigo no, bicho”. Todo ello tras haber desintegrado CiU por el divorcio con Duran i Lleida de este verano. Artur, como diría Rita Barberá, “qué hostia”.

El fracaso de Mas, unido al impresionante ascenso de Ciutadans (más de 720.000 votos, el 80% procedentes de la provincia de Barcelona), ha llevado a muchos al paroxismo y a gritar con rabia “Cataluña es España”. Craso error. El independentismo no pierde fuerza sino que ha ganado las elecciones. Echen un vistazo a las portadas de medios internacionales. “No, mire, es que las ha ganado porque la ley electoral es injusta”. Ya, y Rajoy es Presidente del Gobierno con el 45% de los votos. Las quejas, al legislador. Vamos con los fríos números (al 99,88% escrutado):

Partido Independencia Consulta Votos Escaños Porcentaje
JxS 1.619.735 62 39,55%
Cs NO NO 734.048 25 17,92%
PSC NO 521.483 16 12,73%
CSQP NO 366.019 11 8,94%
PP NO NO 348.100 11 8,5%
CUP 336.121 10 8,21%
Unió NO 102.781 0 2,51%

Es decir, 1.955.856 personas, 72 escaños, 47,76% de los votos, quieren la independencia.

Es decir, 2.424.656 personas, 99 escaños, 71,94% de los votos, quieren un referéndum.

Y quien tenga oídos, que oiga.

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Muchos de los que pretenden seguir debatiendo el asunto de la independencia en términos legales referidos al marco constitucional de 1978 se congratulaban ayer de que la independencia no hubiese logrado el 50% de los votos cuando llevaban meses advirtiéndonos de que “Mas y secuaces no tienen legitimidad para nada”. Es decir, las elecciones no eran plebiscitarias, siquiera en clave política, hasta la noche del domingo. Entonces sí, faltaría más, estas elecciones se transforman por arte de birlibirloque en un auténtico referéndum soberanista y Cataluña quiere ser parte de España.

Y lo mismo se puede decir de los señores de Junts Pel Sí: ayer su resultado fue meramente electoral, sin hacer referencia a las consecuencias del batacazo. Sólo Antonio Baños, de la CUP, destacaba la derrota en términos de apoyo mayoritario. Porque con estos datos de participación la victoria del “procés” es clara, pero no rotunda. Y sin rotundidad, el Gobierno en La Moncloa respira tranquilo sabiendo que tiene otros cuatro años (o los que consideren los políticos catalanes) para seguir mirando hacia otro lado mientras la llama de Catalunya sigue luciendo, trémula, pero luciendo.

Hablando de Gobierno. Si un político compartía anoche la incertidumbre de Artur Mas, ése es Mariano Rajoy. El PP no se llevó ni una sola plaza, se dejó 8 escaños y 125.000 votos. O lo que es lo mismo, la penúltima fuerza del Parlament, tan sólo 11.000 votos por encima de CUP. La campaña del miedo orquestrada en Génova fue un chute de energía para Ciudadanos, baluarte del centro-derecha y el partido que más reforzado sale del envite soberanista. Inés Arrimadas lucía brillante tras su espectacular resultado mientras Albert Rivera declaraba que la política antigua había muerto, señalando a las elecciones generales de final de año y retando a quien se le ponga por delante. Si Ciudadanos dejó dudas en las municipales de mayo, las ha disipado todas con contundencia. Ya no es que sean la llave para Rajoy o Pedro Sánchez, es que Rivera está en pleno esprint para gobernar España.

El reverso del gran momento de Rivera lo supone Pablo Iglesias. Una campaña basada en la falta de acuerdos y en la indefinición liderada por el inclasificable Lluis Rabell ha dejado a Podemos a la altura del PP en Cataluña, un resultado paupérrimo. Como algunos ya vaticinamos, el peor enemigo de Pablo Iglesias es el tiempo, que sigue pasando y quitándole energía al movimiento ciudadano. Todo apunta a que no podrá fagocitar al PSOE en diciembre y a que quedarán reducidos a una nueva Izquierda Unida (sobre todo si Alberto Garzón persiste en una candidatura conjunta). Tres meses por delante para replantear el discurso anticonfluencia y evitar el estancamiento.

En el lado surrealista de la campaña, la CUP llamaba a la desobediencia civil frente a las leyes de España y el PSC celebraba como una victoria el peor resultado electoral de su historia en Cataluña.  Cuatro escaños menos que hace tres años, doce menos que hace cinco. Tan cierto es que Miquel Iceta puede mirar orgulloso a los que pensaban que no conseguiría quedar por delante de Podemos como que la caída del PSOE en toda España es imparable. Diciembre dictará sentencia. Y qué decir de Unió, la rama que comanda Durán i Lleida. Fuera del Parlament, en la más absoluta irrelevancia. Otra prueba más de que la tibieza no les gusta a los catalanes.

¿Conclusiones? El independentismo está muy lejos de ser un “problema minoritario” o de haber sido vencido. Mas queda herido de muerte y muchos pensamos que Junqueras será el nuevo President con el apoyo de la CUP. Un Gobierno profundamente antiespañolista y con un partido marxista dominando el cotarro con 330.000 votos. Enfrente, Ciutadans más fuerte que nunca, con el PSC y el PP agarrándose a ellos para no caer, capaces de boicotear los intentos independentistas pero incapaces de gobernar ante la mayoría soberanista. 2016 traerá un nuevo Gobierno estatal que tendrá la papeleta de negociar con Cataluña las condiciones de una consulta soberanista donde rija el principio de claridad y con todas las garantías formales. Si este referéndum no se produce, seguiremos estancados durante cuatro años más. Ni España ni Cataluña pueden permitirse seguir con esta división absoluta, con este mirar hacia otro lado y patada hacia delante.

Pues sí, alguno dirá que para este viaje no hacían falta alforjas y no le faltaría razón. Quizá la única verdadera reflexión que deja esta jornada electoral es que frente a un debate jurídico-político estéril (porque sólo una de las partes está dispuesta a valorarlo) lo único que ha movido a la sociedad catalana son los sentimientos y la huida del extremismo: el único campo de batalla donde el unionismo, con Ciutadans al frente, aún tiene mucho que decir frente a un independentismo que ni avanza ni retrocede. Seguiremos informando.

Inés Arrimadas celebra el resultado de Cs con Rivera al fondo (EFE)

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Ni contigo ni sin ti

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Hablaba el señor Pedro J. Ramírez este domingo de las vicisitudes del proceso independentista catalán y pensaba yo, según leía su columna, en que el director de El Mundo encarna como pocos la forma de pensar del español medio en lo relativo al “desafío soberanista”: que todo es una locura con base en décadas de conductismo social, que los gobernantes catalanes engañan a sus votantes y que la “deriva nacionalista” es un movimiento egoísta y descabellado equiparable al nacimiento del nacionalsocialismo en la Alemania de los años 30.

Hace algo menos de un año, el nacionalismo catalán daba un puñetazo encima de la mesa en las elecciones del 25 de noviembre y conseguía barrer a las opciones no partidarias de la consulta popular, del llamado derecho a decidir. Muchos hablamos entonces de que el clamor de la sociedad catalana (o al menos de la que se acercó a votar aquel día) no debía enturbiar la verdad: que Artur Mas es un líder tibio y ambiguo cuyo único objetivo no es liberar al pueblo cual Nelson Mandela, sino más bien agarrarse a la poltrona y sostener la pancarta con la mano derecha mientras con la izquierda pone el cazo para que los contribuyentes españoles sigamos pagando sus desmanes.

En contra de lo que piensa Vargas Llosa, yo sí que creo en el derecho de autodeterminación. Creo que, con los instrumentos adecuados (¿obtención de mayorías cualificadas sostenidas en el tiempo?), cualquier comunidad debería poder decidir sobre su destino, al igual que los individuos decidimos sobre nuestras vidas. Negar este derecho, basándose en un supuesto “imperio de la ley”, en esa “España constitucional” del aznarismo, es una aberración en tanto que asigna a la Constitución la función de cárcel. Me dan risa aquellos que dicen que el respeto a la Constitución impide que una parte de la sociedad española opine sobre su futuro, y aún más risa me dan los que dicen que “plantear una consulta popular viola las reglas del juego que aceptó la sociedad catalana cuando ratificó por mayoría la Constitución en 1978”. Los marcos jurídicos responden a la realidad social de cada momento, por eso cambian, para adaptarse. La Carta Magna no es una verdad inmutable, inviolable y omnisciente: es un conjunto de reglas de hace 35 años que se pueden cambiar. Y así ha sido cuando nos lo han mandado desde fuera. Y si no cambia ahora, la consulta habrá de hacerse igualmente a espaldas del Gobierno central. ¿Qué importancia tiene para un proceso secesionista el respeto a unas leyes que no se van a respetar si ese proceso triunfa? Ni importan, ni tiene ningún sentido que se tengan en cuenta. Y lo mismo que acabo de señalar para las leyes internas del Estado español sirve para el Derecho Internacional Público. No me vengan con las normas de Naciones Unidas sobre nuevos Estados: en Europa tenemos un puñado de pueblos que las han usado para limpiarse ese lugar donde la espalda pierde su casto nombre. No, Cataluña no es Kosovo, ni el Tíbet; tampoco lo eran croatas, andorranos, montenegrinos o eslovacos.

Así pues, sí, a favor de la consulta al pueblo catalán, a la sociedad catalana o a los ciudadanos catalanes, que en la variedad está el gusto. Eso sí, una consulta donde se diga lo que va a haber de menú para que nadie se llame después a engaño. Especialmente sangrante es el tema Unión Europea. Que viene un comisario de competencia y dice que Catalonia is not EU, que luego vienen los escoceses y dicen que seguirían siendo UE en caso de secesión, que luego viene otro funcionario de la Unión y dice que nanai, que Mas dice que Europa les necesita, etc. Que se aclaren, que emitan el informe pertinente y que digan la verdad. Yo no he encontrado en los tratados fundacionales ninguna disposición que se pueda aplicar al caso de Escocia/Cataluña (aunque hay un supuesto de hecho parecido en la Argelia de 1962), pero supongo que lo lógico es que el espacio Schengen no se viese alterado; otro gallo cantaría con la cuestión monetaria y fiscal (que no es asunto baladí, ni mucho menos).

Que se hable de argumentos fiscales, económicos, políticos, incluso culturales si se quiere. Que se diga la verdad por ambas partes, que cada cual apueste por lo que crea conveniente, pero que se abandone de una puñetera vez el “porque lo digo yo”. Miren a Escocia, miren las relaciones entre Londres y Edimburgo. Dejénse de desvaríos y derivas y de clamar al cielo porque la Constitución es sagrada. Dejénse de 1714 y de siglos de sometimiento y tortura españolista. Y, sobre todo, dejénse de lanzar dardos envenenados buscando convencer a los catalanes, quién sabe cómo, de que España es la mejor.

Y es que no son solo los brotes de violencia puntual. Desafío, deriva, capricho, desvarío, obsesión, falaciaa las palabras las carga el diablo. Declaraciones de ministros, de la Jefatura del Estado, de personalidades, de multitud de firmas de mayor o menor calado, todas con un mismo fin: declarar ilegítimo, ilegal e irresponsable el sueño secesionista. Hacerles saber a los catalanes que por ahí no, que de este barco que se hunde no se va ni Dios, que nos deben una pasta, que no les va a querer nadie, que el Barça se queda fuera de la Liga y que si se ponen farrucos les bombardeamos y listo. Tal cual. O sea, que les odiamos pero que no se marchan. Ni contigo ni sin ti.

Y cuando estas críticas arrecian, cuando los señores del PP se ponen el mono de trabajo a la hora de defender la patria y excluir a los que no la entienden de igual manera, es entonces cuando el nacionalismo catalán sube como la espuma. Ya se sabe: los extremos se atraen, se retroalimentan. Lo explica muy bien aquí Guillermo López García cuando habla de los resultados electorales de ERC:

En cuanto a Elecciones Generales, este partido pasó de obtener un escaño en 1996 (las elecciones que dieron paso al primer Gobierno de Aznar) a 8 en 2004, para después bajar hasta tres en 2008 y 2011. En el plano autonómico pasó más o menos lo mismo: ERC sacó 13 escaños en 1995 y 1999, subió a 23 en 2003, y después, una vez instaurado el tripartito y con Zapatero en La Moncloa, bajó a 21 escaños en 2006 y 10 en 2010. Dos años después, en 2012, como celebración del primer año de Rajoy al frente del Gobierno español, ERC volvió a subir hasta los 21 escaños“.

Curioso, ¿verdad?

Otra cosa que me hace mucha gracia es la crítica feroz a la presencia de niños en las manifestaciones de la Diada y el uso de sus testimonios por parte de TV3, lo que lleva siempre a denunciar el modelo educativo catalán (y, por extensión, el vasco) y su “deformación de la Historia”. “Son nacionalistas porque es lo que les han enseñado”. A mí me han educado en la religión católica desde mi más tierna infancia hasta los 17 años y no soy ni practicante ni creyente. Y mis compañeros que sí que lo son no creo que hayan llegado ahí por una cuestión de lavado de cerebro, les considero suficientemente inteligentes como para haber decidido por su cuenta el camino que eligen en cuestiones religiosas.

¿Ven? Al final todas estas denuncias van encaminadas al insulto, a la provocación, a considerar ingenuos o falsos los movimientos ajenos a la patria española. Y es un insulto porque para el nacionalista español radical “el nacionalismo existe y medra porque se enseña en las escuelas”, es decir, que todos los nacionalistas son un burdo producto de la propaganda política y que no hay posibilidad de que nadie haya llegado a creer en la independencia por obra del propio intelecto, que es como decir que un católico será creyente y practicante si, y solo si, es enseñado en la religión católica para la religión católica. A mí esto me parece una falacia, aquí y en Girona. Y Escocia, otra vez, es una buena muestra de ello.

Por razones sentimentales y pragmáticas espero que Cataluña siga formando parte del Estado español por muchos años más. España necesita a Cataluña, necesita sus recursos, necesita a sus gentes, necesita su cultura. No nos podemos permitir convertirnos en un país más pequeño, más pobre (porque seríamos más pobres), menos plural y más cerrado en el nacionalismo castellano, tan excluyente o más que el catalán. Creo que tan importante como darle voz al electorado de Cataluña es hacerle saber que España le necesita en todos los sentidos y que juntos se hace más fuerza que yendo por separado. Ofrecer un proyecto integrador que deje espacio a las realidades culturales y poner de una puñetera vez encima de la mesa la cuestión de la financiación. Después de todo, y mal que les pese a muchos, hay muchas más cosas iguales o parecidas entre castellanos, andaluces y catalanes (incluyendo a los políticos) que diferentes. Pero entiendo que a estas alturas estos deseos míos sean poco más que una quimera, aunque haya alguna voz del PP que ya haya empezado a hacer de liebre (con mejores o peores intenciones).

Imprescindibles: Referéndum (de Enric González), Uno más y La inteligencia (de Sostres), Jordi Évole, motivos para la independencia de un no nacionalista, Cataluña y las promesas creíbles (por Senserrich), La España troglodita (por Ramón Lobo), Cataluña no es Escocia (por Juan Carlos Girauta), Kitsch nacional (por Antonio Muñoz Molina).

Elecciones #25N: de vencedores y vencidos

Tres días han pasado ya desde las elecciones autonómicas catalanas y la resaca ya solo trae algún análisis tardío y alguna declaración a destiempo. Como siempre pasa en los eventos electorales lo interesante es acudir a las cifras e intentar sacar conclusiones por uno mismo. También es interesante recopilar las opiniones de diversos “tuiteros” con más o menos reputación e influencia para constatar cómo el mismo árbol puede dar sombra a muchas ideas distintas.

Empezaré por CiU, por ser la gran damnificada de las elecciones. Algunas encuestas les daban como ganadores absolutos, incluso su líder, Artur Mas, se atrevió a hablar de “mayoría excepcional”. Una mayoría que encabezase el proceso soberanista que presuntamente iba a iniciar su partido, un proceso que venía respaldado por la manifestación del 11S. La verdad es que, a pesar de lo atractivo de su mensaje, muchos dudábamos del éxito de Mas: el oportunismo político no suele estar bien visto entre los ciudadanos, y los catalanes ya sabían qué perro estaba detrás de tan grandilocuente collar. Un perro que lleva aplicando una política fiscal devastadora, con los impuestos más altos de España, y un gasto público desbocado que, curiosamente, no revierte directamente en mejores prestaciones sociales para los ciudadanos catalanes. De hecho, Cataluña ha sido la Comunidad Autónoma con unos recortes más drásticos en los últimos años. Tras el discurso de “España nos roba”, están unos señores que se han subido al barco para tirar dinero por la borda y que ahora piden que otros les paguen la factura. Para tapar todos los meses de incompetencia y corrupción anteriores a las elecciones, Mas se inventó un plan soberanista, lanzó un órdago y perdió.

Es difícil que, tras de la derrota de CiU (que es una victoria atendiendo a los números, no lo olvidemos, una victoria aplastante), estén los patéticos intentos por parte de  El Mundo de ensuciar la imagen de Mas y Pujol con un informe policial de más que dudosa credibilidad. Que CiU es un partido corrupto es más que conocido por todos. También lo son el PP y el PSOE y ganaron en Valencia y Andalucía, no lo olvidemos. Pero en otra muestra más de la alergia que le tiene este señor a todo lo que no sean sus ideas, el propio PedroJ se jactaba, tras conocer los resultados, de que El Mundo había ganado las elecciones. Y luego la crisis del periodismo es solo económica…

Aunque para El Mundo, La Razón o ABC, la derrota de Mas fue la derrota del soberanismo (sonrojante el A Cataluña le gusta España), lo cierto es que las cifras desmienten, con mucho, esa afirmación. Para empezar, la ERC de Oriol Junqueras dobló su número de votos y de escaños en las elecciones con más participación de la historia de Cataluña. Para una autonomía en la que la abstención rara vez bajaba del 40%, es un dato muy a tener en cuenta (aunque siga evidenciando que la abstención es la fuerza política nº1 de España). El 69,56% acudió a las urnas, una participación muy cercana a de las últimas elecciones generales y superior a las autonómicas gallegas y andaluzas, por poner ejemplos recientes. De los 3,5 millones de votantes, más de 2 millones optaron por una alternativa nacionalista o partidaria de iniciar un proceso soberanista (CiU, ERC, ICV, CUP). Se lo pongo de otro modo: 87 diputados separatistas frente a 48 unionistas. O de este otro: 107 diputados que apoyan consulta popular (referéndum), frente a 28 que no lo hacen (PP y Ciutadans). Si esto no es una victoria clara del nacionalismo catalán, que baje Dios y lo vea.

Es decir, que una cosa es que Mas haya fracasado y otra que lo haya hecho el nacionalismo, como muchos intentan hacer creer. Si las alternativas soberanistas-nacionalistas triunfan, ¿cómo va a fracasar el nacionalismo en las elecciones a las que más gente ha acudido a votar? Es una falacia brutal, y bastante cansina.

CiU no supo prever el trasvase de votos y su mayoría quedó en agua de borrajas. Los recortes, la presión fiscal, el oportunismo que ya he citado. Pero también pudieron ser los intentos de llevar a cabo negocios que la gente no quiere o, por qué no, un efecto llamada al voto unionista no despreciable (aunque no cambiase nada en el panorama general). Multitud de causas que nadie (ninguna encuesta acertó) supo adelantar.

Además de ERC, hubo otros partidos beneficiados por la caída de CiU. Empezando por el PP, que consiguió movilizar un 20% más de los votos que habitualmente cosecha en Cataluña (quizá el soberanismo tapó el apoyo a los recortes), siguiendo por Ciutadans (éxito impresionante de la alternativa de la derecha catalana, toda vez que UPyD no existe políticamente hablando) y terminando en el propio PSC, que consiguió amortiguar parcialmente la caída. A pesar de ello, ninguno de estos partidos ha obtenido poder más allá de la noche electoral (por más que haya quien intente ver en Albert Rivera una especie de mesías). Del PSC, poco que añadir. Como bien señaló Manuel Jabois: “se acerca cautelosamente a la irrelevancia absoluta”. Larga, larguísima travesía por el desierto, le espera al PSOE.

Y ahora, ¿qué? Mas puede elegir entre soberanismo (ERC) o dinero y poder (PP). Creo sinceramente que, con la configuración actual, el proceso de independencia se va a quedar completamente en barbecho. CiU necesita el apoyo del PP en materia presupuestaria-económica, y puesto que el PP gobierna en España no permitirán ninguna consulta o avance en materia soberanista (o cualquier iniciativa de ERC-CiU), so pena de abandonar a CiU pactando con grupos de izquierda que no se plegarán en materia de recortes (por más que el PSC pueda resultar un aliado interesante). De momento, Duran i Lleida dejó caer que no habrá pacto con el PP (no es plan de contradecir el programa electoral y cabrear a ERC de buenas a primeras), pero ya se sabe cómo son estas cosas de la realpolitik.

Me cuesta creer en un pacto CiU-ERC, con los de izquierdas pactando recortes a cambio de acelerar el proceso de independencia. A partir de ahora veremos la progresiva desaparición del ideario soberanista en el discurso político de CiU, no sea que los señores de azul se cabreen y nos quiten el dinero que necesitamos para no quebrar. Mal momento eligió Mas para hacerse el Nelson Mandela de Cataluña.

Por mi parte y para terminar, les dejo con una serie de análisis muy interesantes: estos dos de Antonio Baños (1 y 2), este de Francisco Pascual, este otro de Joan Tapia, y este de Santiago González. Y si se quedan con ganas de leer un poco más, estas reflexiones son más que recomendables: la de Javier Gallego, estas dos de Cristian Campos (1 y 2, con contestación de Tsevan Rabtan), esta de Juan Abreu y esta última, magistral, de Aníbal Malvar.

😉

Actualizo: finalmente el informe de Pedro J. está resultando ser completamente falso. Una buena multa a El Mundo y quizá alguna responsabilidad penal no estarían de más.