Apuntes del #AlbertvsPablo

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Fuente: La Sexta

  1. Modelo territorial: me sigue sorprendiendo la tozudez de Ciudadanos con la cuestión catalana. Creo que su discurso no está calando precisamente por ser el discurso “unionista y defensor de la legalidad” que defienden, sino por todo lo demás (lo que prometen en cuanto a gestión estatal, sus medidas).  Iglesias gana ese ‘round’ defendiendo la democracia y machacando la gestión del actual Gobierno, que ha aupado a Mas a la categoría de mártir.
  2. Tibio, tirando a frío, el tratamiento de la sanidad. ¿A Jordi Évole sólo se le ocurre preguntar por el asunto de los “sin papeles”, en serio? ¿Dónde queda el asunto de la gestión privada de ciertos hospitales? ¿Van a apretarle las tuercas a las Comunidades Autónomas que se inclinan por estos modelos ineficientes y caros?
  3. Y si la sanidad ha tenido poco protagonismo, qué decir de la educación. Y no será por falta de temas que hay que poner encima de la mesa: ¿defensa de un gran pacto? ¿qué se puede mejorar? ¿Reforma de la universidad pública? ¿Fin de la religión como asignatura con peso en expediente? ¿Seguir relegando a las humanidades a un ámbito cada vez más reducido? ¿Regular de una vez la figura del becario? La única pregunta que recuerdo fue la de seguir financiando a concertadas con segregación por sexo: muy fácil para ambos candidatos.
  4. Algo puede empezar a cambiar en lo relativo a la corrupción y al fraude fiscal. El acuerdo en cuanto a financiación de partidos supone un choque total con el bipartidismo heredero del 78. Perseguir el fraude de grandes fortunas parece otro punto de acuerdo y aquí quiero destacar a Rivera desmintiendo el mito de “los ricos se irán”, algo que tiene especial valor dado que es el candidato más conectado al “IBEX-35”. Y quieren perseguir el fraude de la única forma posible: con más control (es decir, más inspectores). Muy rápido Iglesias a la hora de reconocer que ha pagado en negro alguna vez y bastante mal ambos contendientes a la hora de valorar la gestión del fraude dentro de sus partidos (Cañas y Monedero).
  5. Trabajo: el contrato único versus la nada. El inicio del debate deja en fuera de juego a Iglesias, incapaz de articular una sola medida concreta para evitar la precariedad laboral y la disparidad en cuanto a protección de los trabajadores. Demoledor aquí, Rivera: “primero crearemos la riqueza, luego viene distribuirla”.
  6. Bastante mal ambos en cuanto a solucionar el “capitalismo de amiguetes“. Rivera, porque su defensa de la competencia se deposita en “devolver la independencia” al antiguo Tribunal de la Competencia e imponer multas, lo que ya hace la CNMC. Iglesias, porque su defensa de las nacionalizaciones no viene acompañada de datos o ejemplos que puedan sustentarla. Sí que acierta en cuanto a la cuestión de la banca pública: las Cajas no siempre fueron las que hemos conocido y existen mecanismos que podrían garantizar su independencia.
  7. La victoria de Rivera no ofrece dudas: tranquilo, sólido, expresivo, con la lección aprendida y perfecto en el cuerpo a cuerpo “sucio”. Hay un momento en el que Évole saca una grabación del presidente del BBVA en la que éste último alaba a Rivera y amenaza con consecuencias desastrosas si Podemos gana las elecciones. Ante esta circunstancia, Iglesias intenta poner a Podemos en una posición moralmente superior a la de Ciudadanos por su defensa de las clases desfavorecidas y se atreve a advertirle a Rivera: “Albert, creo que estas palabras que te dirigen Esperanza Aguirre o el presidente del BBVA te hacen mucho mal”. Rivera desmonta el discurso con un simple “y a vosotros os hacen daño relacionándoos con Venezuela”. En la contrarréplica vemos a un Iglesias sin argumentos, completamente superado.
  8. Muy mal Pablo Iglesias, tanto en las formas como en el contenido. Atolondrado, derrotista, perdido sin su ceño fruncido, incapaz de articular un gesto amable que compita con la sonrisa y los ademanes de Rivera. Ni siquiera golpeando en dos ocasiones la mesa y soltando palabrotas consigue dar señales de vida. Acostumbrados a dos años de tertulias en directo viéndole partirse la cara con la caverna mediática del PP y dejar en evidencia a Inda y a Marhuenda, sorprende (o no) verle así, sin aguantar ni medio asalto en diferido contra un político de su tiempo.
  9. A Podemos el 2015 se le ha hecho larguísimo y llega al tiempo de descuento sin fuelle y sin respuestas. La recuperación económica sólo la notan, de momento, las capas superiores de la sociedad española, por lo que no creo que explique, siquiera de manera significativa, la caída del partido morado. El agotamiento de su discurso, que funcionaba perfectamente ante PP y PSOE, se ha producido por el cambio de adversario político. Ciudadanos no tiene puertas giratorias, no ha arruinado ayuntamientos ni comunidades autónomas y para colmo niegan que vayan a apoyar una segunda legislatura del PP. Sin la candidatura única con Izquierda Unida, el tercer puesto en las generales parece una quimera.
  10. Ciudadanos es el Podemos de la segunda mitad de 2014: un partido al que todo le sale bien con unos líderes que están de moda. Las elecciones catalanas les han catapultado a la primera plana de la política nacional y llegan con tanta fuerza a las generales del 20-D que pocos dudan ya de que igualarán al PSOE en el resultado final. Pero es que si a Rivera le dan más escenarios como el de hoy, está por ver si, como decía Inés Arrimadas, no será Ciudadanos el partido que será apoyado por PP o PSOE para gobernar.

A falta de un debate en directo entre estos dos candidatos (a nadie le importa lo que digan Rajoy o Sánchez, ni siquiera a sus fieles votantes), Jordi Évole nos ha ofrecido una pieza de periodismo sana y bien producida. Es cierto que el formato deja dudas (¿qué se habrá quedado fuera de la edición?) y que, en mi opinión, estuvo algo blando con Rivera, pero hay que agradecerle que nos enseñe que la política sigue siendo, pese a todo, muy interesante. “Hay partido”.

Ni contigo ni sin ti

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Hablaba el señor Pedro J. Ramírez este domingo de las vicisitudes del proceso independentista catalán y pensaba yo, según leía su columna, en que el director de El Mundo encarna como pocos la forma de pensar del español medio en lo relativo al “desafío soberanista”: que todo es una locura con base en décadas de conductismo social, que los gobernantes catalanes engañan a sus votantes y que la “deriva nacionalista” es un movimiento egoísta y descabellado equiparable al nacimiento del nacionalsocialismo en la Alemania de los años 30.

Hace algo menos de un año, el nacionalismo catalán daba un puñetazo encima de la mesa en las elecciones del 25 de noviembre y conseguía barrer a las opciones no partidarias de la consulta popular, del llamado derecho a decidir. Muchos hablamos entonces de que el clamor de la sociedad catalana (o al menos de la que se acercó a votar aquel día) no debía enturbiar la verdad: que Artur Mas es un líder tibio y ambiguo cuyo único objetivo no es liberar al pueblo cual Nelson Mandela, sino más bien agarrarse a la poltrona y sostener la pancarta con la mano derecha mientras con la izquierda pone el cazo para que los contribuyentes españoles sigamos pagando sus desmanes.

En contra de lo que piensa Vargas Llosa, yo sí que creo en el derecho de autodeterminación. Creo que, con los instrumentos adecuados (¿obtención de mayorías cualificadas sostenidas en el tiempo?), cualquier comunidad debería poder decidir sobre su destino, al igual que los individuos decidimos sobre nuestras vidas. Negar este derecho, basándose en un supuesto “imperio de la ley”, en esa “España constitucional” del aznarismo, es una aberración en tanto que asigna a la Constitución la función de cárcel. Me dan risa aquellos que dicen que el respeto a la Constitución impide que una parte de la sociedad española opine sobre su futuro, y aún más risa me dan los que dicen que “plantear una consulta popular viola las reglas del juego que aceptó la sociedad catalana cuando ratificó por mayoría la Constitución en 1978”. Los marcos jurídicos responden a la realidad social de cada momento, por eso cambian, para adaptarse. La Carta Magna no es una verdad inmutable, inviolable y omnisciente: es un conjunto de reglas de hace 35 años que se pueden cambiar. Y así ha sido cuando nos lo han mandado desde fuera. Y si no cambia ahora, la consulta habrá de hacerse igualmente a espaldas del Gobierno central. ¿Qué importancia tiene para un proceso secesionista el respeto a unas leyes que no se van a respetar si ese proceso triunfa? Ni importan, ni tiene ningún sentido que se tengan en cuenta. Y lo mismo que acabo de señalar para las leyes internas del Estado español sirve para el Derecho Internacional Público. No me vengan con las normas de Naciones Unidas sobre nuevos Estados: en Europa tenemos un puñado de pueblos que las han usado para limpiarse ese lugar donde la espalda pierde su casto nombre. No, Cataluña no es Kosovo, ni el Tíbet; tampoco lo eran croatas, andorranos, montenegrinos o eslovacos.

Así pues, sí, a favor de la consulta al pueblo catalán, a la sociedad catalana o a los ciudadanos catalanes, que en la variedad está el gusto. Eso sí, una consulta donde se diga lo que va a haber de menú para que nadie se llame después a engaño. Especialmente sangrante es el tema Unión Europea. Que viene un comisario de competencia y dice que Catalonia is not EU, que luego vienen los escoceses y dicen que seguirían siendo UE en caso de secesión, que luego viene otro funcionario de la Unión y dice que nanai, que Mas dice que Europa les necesita, etc. Que se aclaren, que emitan el informe pertinente y que digan la verdad. Yo no he encontrado en los tratados fundacionales ninguna disposición que se pueda aplicar al caso de Escocia/Cataluña (aunque hay un supuesto de hecho parecido en la Argelia de 1962), pero supongo que lo lógico es que el espacio Schengen no se viese alterado; otro gallo cantaría con la cuestión monetaria y fiscal (que no es asunto baladí, ni mucho menos).

Que se hable de argumentos fiscales, económicos, políticos, incluso culturales si se quiere. Que se diga la verdad por ambas partes, que cada cual apueste por lo que crea conveniente, pero que se abandone de una puñetera vez el “porque lo digo yo”. Miren a Escocia, miren las relaciones entre Londres y Edimburgo. Dejénse de desvaríos y derivas y de clamar al cielo porque la Constitución es sagrada. Dejénse de 1714 y de siglos de sometimiento y tortura españolista. Y, sobre todo, dejénse de lanzar dardos envenenados buscando convencer a los catalanes, quién sabe cómo, de que España es la mejor.

Y es que no son solo los brotes de violencia puntual. Desafío, deriva, capricho, desvarío, obsesión, falaciaa las palabras las carga el diablo. Declaraciones de ministros, de la Jefatura del Estado, de personalidades, de multitud de firmas de mayor o menor calado, todas con un mismo fin: declarar ilegítimo, ilegal e irresponsable el sueño secesionista. Hacerles saber a los catalanes que por ahí no, que de este barco que se hunde no se va ni Dios, que nos deben una pasta, que no les va a querer nadie, que el Barça se queda fuera de la Liga y que si se ponen farrucos les bombardeamos y listo. Tal cual. O sea, que les odiamos pero que no se marchan. Ni contigo ni sin ti.

Y cuando estas críticas arrecian, cuando los señores del PP se ponen el mono de trabajo a la hora de defender la patria y excluir a los que no la entienden de igual manera, es entonces cuando el nacionalismo catalán sube como la espuma. Ya se sabe: los extremos se atraen, se retroalimentan. Lo explica muy bien aquí Guillermo López García cuando habla de los resultados electorales de ERC:

En cuanto a Elecciones Generales, este partido pasó de obtener un escaño en 1996 (las elecciones que dieron paso al primer Gobierno de Aznar) a 8 en 2004, para después bajar hasta tres en 2008 y 2011. En el plano autonómico pasó más o menos lo mismo: ERC sacó 13 escaños en 1995 y 1999, subió a 23 en 2003, y después, una vez instaurado el tripartito y con Zapatero en La Moncloa, bajó a 21 escaños en 2006 y 10 en 2010. Dos años después, en 2012, como celebración del primer año de Rajoy al frente del Gobierno español, ERC volvió a subir hasta los 21 escaños“.

Curioso, ¿verdad?

Otra cosa que me hace mucha gracia es la crítica feroz a la presencia de niños en las manifestaciones de la Diada y el uso de sus testimonios por parte de TV3, lo que lleva siempre a denunciar el modelo educativo catalán (y, por extensión, el vasco) y su “deformación de la Historia”. “Son nacionalistas porque es lo que les han enseñado”. A mí me han educado en la religión católica desde mi más tierna infancia hasta los 17 años y no soy ni practicante ni creyente. Y mis compañeros que sí que lo son no creo que hayan llegado ahí por una cuestión de lavado de cerebro, les considero suficientemente inteligentes como para haber decidido por su cuenta el camino que eligen en cuestiones religiosas.

¿Ven? Al final todas estas denuncias van encaminadas al insulto, a la provocación, a considerar ingenuos o falsos los movimientos ajenos a la patria española. Y es un insulto porque para el nacionalista español radical “el nacionalismo existe y medra porque se enseña en las escuelas”, es decir, que todos los nacionalistas son un burdo producto de la propaganda política y que no hay posibilidad de que nadie haya llegado a creer en la independencia por obra del propio intelecto, que es como decir que un católico será creyente y practicante si, y solo si, es enseñado en la religión católica para la religión católica. A mí esto me parece una falacia, aquí y en Girona. Y Escocia, otra vez, es una buena muestra de ello.

Por razones sentimentales y pragmáticas espero que Cataluña siga formando parte del Estado español por muchos años más. España necesita a Cataluña, necesita sus recursos, necesita a sus gentes, necesita su cultura. No nos podemos permitir convertirnos en un país más pequeño, más pobre (porque seríamos más pobres), menos plural y más cerrado en el nacionalismo castellano, tan excluyente o más que el catalán. Creo que tan importante como darle voz al electorado de Cataluña es hacerle saber que España le necesita en todos los sentidos y que juntos se hace más fuerza que yendo por separado. Ofrecer un proyecto integrador que deje espacio a las realidades culturales y poner de una puñetera vez encima de la mesa la cuestión de la financiación. Después de todo, y mal que les pese a muchos, hay muchas más cosas iguales o parecidas entre castellanos, andaluces y catalanes (incluyendo a los políticos) que diferentes. Pero entiendo que a estas alturas estos deseos míos sean poco más que una quimera, aunque haya alguna voz del PP que ya haya empezado a hacer de liebre (con mejores o peores intenciones).

Imprescindibles: Referéndum (de Enric González), Uno más y La inteligencia (de Sostres), Jordi Évole, motivos para la independencia de un no nacionalista, Cataluña y las promesas creíbles (por Senserrich), La España troglodita (por Ramón Lobo), Cataluña no es Escocia (por Juan Carlos Girauta), Kitsch nacional (por Antonio Muñoz Molina).

Elecciones #25N: de vencedores y vencidos

Tres días han pasado ya desde las elecciones autonómicas catalanas y la resaca ya solo trae algún análisis tardío y alguna declaración a destiempo. Como siempre pasa en los eventos electorales lo interesante es acudir a las cifras e intentar sacar conclusiones por uno mismo. También es interesante recopilar las opiniones de diversos “tuiteros” con más o menos reputación e influencia para constatar cómo el mismo árbol puede dar sombra a muchas ideas distintas.

Empezaré por CiU, por ser la gran damnificada de las elecciones. Algunas encuestas les daban como ganadores absolutos, incluso su líder, Artur Mas, se atrevió a hablar de “mayoría excepcional”. Una mayoría que encabezase el proceso soberanista que presuntamente iba a iniciar su partido, un proceso que venía respaldado por la manifestación del 11S. La verdad es que, a pesar de lo atractivo de su mensaje, muchos dudábamos del éxito de Mas: el oportunismo político no suele estar bien visto entre los ciudadanos, y los catalanes ya sabían qué perro estaba detrás de tan grandilocuente collar. Un perro que lleva aplicando una política fiscal devastadora, con los impuestos más altos de España, y un gasto público desbocado que, curiosamente, no revierte directamente en mejores prestaciones sociales para los ciudadanos catalanes. De hecho, Cataluña ha sido la Comunidad Autónoma con unos recortes más drásticos en los últimos años. Tras el discurso de “España nos roba”, están unos señores que se han subido al barco para tirar dinero por la borda y que ahora piden que otros les paguen la factura. Para tapar todos los meses de incompetencia y corrupción anteriores a las elecciones, Mas se inventó un plan soberanista, lanzó un órdago y perdió.

Es difícil que, tras de la derrota de CiU (que es una victoria atendiendo a los números, no lo olvidemos, una victoria aplastante), estén los patéticos intentos por parte de  El Mundo de ensuciar la imagen de Mas y Pujol con un informe policial de más que dudosa credibilidad. Que CiU es un partido corrupto es más que conocido por todos. También lo son el PP y el PSOE y ganaron en Valencia y Andalucía, no lo olvidemos. Pero en otra muestra más de la alergia que le tiene este señor a todo lo que no sean sus ideas, el propio PedroJ se jactaba, tras conocer los resultados, de que El Mundo había ganado las elecciones. Y luego la crisis del periodismo es solo económica…

Aunque para El Mundo, La Razón o ABC, la derrota de Mas fue la derrota del soberanismo (sonrojante el A Cataluña le gusta España), lo cierto es que las cifras desmienten, con mucho, esa afirmación. Para empezar, la ERC de Oriol Junqueras dobló su número de votos y de escaños en las elecciones con más participación de la historia de Cataluña. Para una autonomía en la que la abstención rara vez bajaba del 40%, es un dato muy a tener en cuenta (aunque siga evidenciando que la abstención es la fuerza política nº1 de España). El 69,56% acudió a las urnas, una participación muy cercana a de las últimas elecciones generales y superior a las autonómicas gallegas y andaluzas, por poner ejemplos recientes. De los 3,5 millones de votantes, más de 2 millones optaron por una alternativa nacionalista o partidaria de iniciar un proceso soberanista (CiU, ERC, ICV, CUP). Se lo pongo de otro modo: 87 diputados separatistas frente a 48 unionistas. O de este otro: 107 diputados que apoyan consulta popular (referéndum), frente a 28 que no lo hacen (PP y Ciutadans). Si esto no es una victoria clara del nacionalismo catalán, que baje Dios y lo vea.

Es decir, que una cosa es que Mas haya fracasado y otra que lo haya hecho el nacionalismo, como muchos intentan hacer creer. Si las alternativas soberanistas-nacionalistas triunfan, ¿cómo va a fracasar el nacionalismo en las elecciones a las que más gente ha acudido a votar? Es una falacia brutal, y bastante cansina.

CiU no supo prever el trasvase de votos y su mayoría quedó en agua de borrajas. Los recortes, la presión fiscal, el oportunismo que ya he citado. Pero también pudieron ser los intentos de llevar a cabo negocios que la gente no quiere o, por qué no, un efecto llamada al voto unionista no despreciable (aunque no cambiase nada en el panorama general). Multitud de causas que nadie (ninguna encuesta acertó) supo adelantar.

Además de ERC, hubo otros partidos beneficiados por la caída de CiU. Empezando por el PP, que consiguió movilizar un 20% más de los votos que habitualmente cosecha en Cataluña (quizá el soberanismo tapó el apoyo a los recortes), siguiendo por Ciutadans (éxito impresionante de la alternativa de la derecha catalana, toda vez que UPyD no existe políticamente hablando) y terminando en el propio PSC, que consiguió amortiguar parcialmente la caída. A pesar de ello, ninguno de estos partidos ha obtenido poder más allá de la noche electoral (por más que haya quien intente ver en Albert Rivera una especie de mesías). Del PSC, poco que añadir. Como bien señaló Manuel Jabois: “se acerca cautelosamente a la irrelevancia absoluta”. Larga, larguísima travesía por el desierto, le espera al PSOE.

Y ahora, ¿qué? Mas puede elegir entre soberanismo (ERC) o dinero y poder (PP). Creo sinceramente que, con la configuración actual, el proceso de independencia se va a quedar completamente en barbecho. CiU necesita el apoyo del PP en materia presupuestaria-económica, y puesto que el PP gobierna en España no permitirán ninguna consulta o avance en materia soberanista (o cualquier iniciativa de ERC-CiU), so pena de abandonar a CiU pactando con grupos de izquierda que no se plegarán en materia de recortes (por más que el PSC pueda resultar un aliado interesante). De momento, Duran i Lleida dejó caer que no habrá pacto con el PP (no es plan de contradecir el programa electoral y cabrear a ERC de buenas a primeras), pero ya se sabe cómo son estas cosas de la realpolitik.

Me cuesta creer en un pacto CiU-ERC, con los de izquierdas pactando recortes a cambio de acelerar el proceso de independencia. A partir de ahora veremos la progresiva desaparición del ideario soberanista en el discurso político de CiU, no sea que los señores de azul se cabreen y nos quiten el dinero que necesitamos para no quebrar. Mal momento eligió Mas para hacerse el Nelson Mandela de Cataluña.

Por mi parte y para terminar, les dejo con una serie de análisis muy interesantes: estos dos de Antonio Baños (1 y 2), este de Francisco Pascual, este otro de Joan Tapia, y este de Santiago González. Y si se quedan con ganas de leer un poco más, estas reflexiones son más que recomendables: la de Javier Gallego, estas dos de Cristian Campos (1 y 2, con contestación de Tsevan Rabtan), esta de Juan Abreu y esta última, magistral, de Aníbal Malvar.

😉

Actualizo: finalmente el informe de Pedro J. está resultando ser completamente falso. Una buena multa a El Mundo y quizá alguna responsabilidad penal no estarían de más.