El fantasma que recorre Europa (otra vez) (II)

Decía ayer que España fue el único país de entre los seis con más población de la Unión Europea que no dio un solo diputado a opciones de ultraderecha o manifiestamente antieuropeístas. Algún papista me dirá que sí que se lo dio a opciones de extrema izquierda, como Podemos, opciones que apoyan la dictadura cubana, los embargos venezolanos, etc. Un servidor, que aún cree en las bondades del discurso socialista por encima del populismo xenófobo de la extrema derecha, le da el beneficio de la duda a Iglesias y los suyos, qué menos.

Los problemas más graves del proyecto europeo se encuentran en dos frentes: la desidia absoluta de los ciudadanos de los nuevos Estados miembros y el ascenso de la ultraderecha y de partidos de carácter marcadamente antieuropeístas.

Respecto al primer punto, aquí tienen una estimación bastante certera de las tasas de abstención en la UE-28. Nótese que entre los 10 Estados con más abstención, 8 de ellos entraron en las ampliaciones de 2004 y 2007 (más Croacia, en 2013). Es bastante obvio que a nuestros nuevos socios les da igual el Parlamento Europeo, al menos en lo que respecta a sus mayorías. ¿Desencanto? ¿Falta de confianza? ¿Escasa representatividad? Sea lo que sea, es muy difícil avanzar de manera sólida con 14 países donde más de un 60% del electorado decide no votar.

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Hace falta un esfuerzo pedagógico mucho mayor por parte de los líderes de la UE, un esfuerzo que incida en los beneficios de permanecer unidos frente a una Europa dividida. Claro, que estos esfuerzos son complicados cuando uno de los dos grandes motores de la Unión se ha gripado y ha decidido meterse un disparo entre sien y sien.

Porque lo de Francia, pese a ser crónica de una muerte anunciada, no es normal. No es normal que Le Pen quede primera sobradamente, obteniendo un 25% de los votos emitidos; no es normal que el 43% de los trabajadores y el 37% de los parados franceses votasen al Frente Nacional. Ah, Francia. Nunca el conservadurismo se disimuló tan bien de puertas afuera. Cierto es que el resto de partidos franceses con representación son proeuropeos y alejados de la postura abiertamente xenófoba de Le Pen, pero la señal de alarma es evidente y suena con fuerza.

En Alemania la participación subió de manera considerable y Merkel se dejó siete eurodiputados. No es un buen augurio para la referencia de Europa, que ve como sus compatriotas, que siempre la han respaldado, empiezan a desconfiar de los compromisos adquiridos con la “Europa de la segunda velocidad”.

En Reino Unido, el partido antieuropeo de Nigel Farage, el UKIP, quedó en primer lugar, por encima de laboristas y tories. Farage, un político famoso por sus encendidos discursos en el Parlamento Europeo, a medio camino entre el monólogo y la sátira incendiaria, es un firme defensor de los controles fronterizos y del fin de la Unión Europea. El euroesceptismo, al igual que en Francia, no ha ganado las elecciones, pero es indudable que los británicos prefieren mantener su estatus dentro de la UE antes que avanzar hacia una mayor integración.

Si estos resultados no son nada halagüeños, máxime teniendo en cuenta que hablamos de los tres países más poderosos de la Unión, la cosa se pone todavía más fea cuando se analizan los resultados del resto de los países del norte de Europa. En Dinamarca, el Dansk Folkeparti (el Partido Popular Danés), una formación islamófoba cuya líder ha sido relacionada con grupos neonazis, volvió a ser la fuerza más votada con una ventaja más que sensible sobre el Partido Socialdemócrata. En Austria, la extrema derecha (el Partido de la Libertad de Austria) fue la tercera fuerza más votada, un partido que nació al calor del nazismo. El mismo resultado obtuvieron los Verdaderos Finlandeses, con otros dos escaños que sumar a la causa.

El racismo y la aversión al inmigrante avanzan con mucha fuerza en el norte de Europa, pero también en Hungría, donde el Jobbik (Movimiento por la Nueva Hungría) sacaba tres escaños como segunda fuerza más votada y en Grecia, con los archiconocidos calvitos de Amanecer Dorado sacando también tres eurodiputados. Incluso en Alemania, el NPD (el Partido Nacional Alemán, de ideología fuertemente antisemita y xenófoba) rascó un escaño.

El ascenso de las opciones radicales y antieuropeas es evidente. Cierto es, repito, que el 93,5% del Parlamento es afín al proyecto europeo y que PP y PSOE aglutinan 405 de los 751 escaños disponibles. Pero si comparamos con 2009, han perdido 44 escaños en un marco de participación mayor (a pesar del pasotismo de la Nueva Europa), escaños que han ido a parar a las manos de euroescépticos y de la ultraderecha.

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El único oasis de esperanza lo ha constituido, miren por dónde, Italia. La corrupta centroderecha italiana se desplomó ante el Partido Democrático de Matteo Renzi, que se convirtió en el partido socialista más votado de Europa (casi un 41% de votos emitidos) y sólo quedó superada como fuerza más votada por el centroderecha alemán.

Subestimar los resultados de estos comicios de 2014 es un error que populares y socialistas no pueden permitirse. Una gran coalición para lograr la mayoría absoluta sería un símbolo de debilidad inadmisible que enconaría aún más el enfado de la población europea y haría más atractivo el discurso fácil, paternalista y populista de los partidos ya citados. Los partidos dominantes, los proeuropeos, deben asumir sus responsabilidades y recabar nuevas soluciones, acercarse a su electorado nacional y advertirle de lo que pasaría si las promesas de la ultraderecha se hacen realidad.

Deben convertir sus eurogrupos parlamentarios en partidos de verdad, no en un retiro dorado para sus hombres más sacrificados en los partidos nacionales, personajes más pendientes de viajar en clase Business y tener su iPad último modelo que en contribuir al bienestar de la ciudadanía. Prolongar la casta nacional en el Parlamento Europeo no trae nada bueno a la Unión, una Unión que se debilita en medio de un contexto en el que se ve a los políticos europeos como burócratas privilegiados con más cara que espalda, tíos que vuelan de Bruselas a Berlín, de Berlín a Madrid y de Madrid a Estrasburgo apretándose las manos y haciéndose fotos mientras se ponen morados de marisco en los mejores restaurantes de las capitales europeas.

¿Por qué no listas abiertas? No se entiende por qué tenemos que votar a políticos de nuestros países, de los cuales estamos hartos, cuando estamos eligiendo a representantes del pueblo europeo. ¿Por qué no más cesiones de soberanía? Más poder para el Parlamento, menos para el Consejo de la UE. Poder real, no palabras mojadas en los Tratados. Que los señores eurodiputados se manchen más las manos. Está claro que los mecanismos actuales son ineficaces y las decisiones tardan siglos en tomarse.

La Comunidad Europea nació sobre ruinas y sigue siendo, sin discusión, el ejemplo de integración internacional más avanzado del mundo. El fantasma que desterró ha renacido y crece en el rencor de la gente, en su miedo al futuro, en su odio al elemento externo, al otro. El fantasma vuelve a cruzar Europa. Por favor, parémosle los pies.

 

El fantasma que recorre Europa (otra vez) (I)

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El domingo por la noche, mientras el proyecto europeo que nació a comienzos de los años 50 se tambaleaba, la señora María Dolores de Cospedal comentaba en riguroso directo la victoria del Partido Popular Europeo. La Cospedal se limitó a desenvainársela al estilo Cañete diciendo que Europa había otorgado su confianza al PP y al PSOE, pues estos dos partidos habían mantenido “mucha distancia” sobre el resto de opciones políticas europeas. Luego pasó a resumirnos las bienaventuranzas del Ejecutivo Popular en España y acabó recordándonos que dentro de un año tenemos, otra vez, elecciones. Y es en ese momento cuando la señora Cospedal dijo las palabras que considero más reveladoras de toda su comparecencia: “el objetivo de este partido [el PP] es hacer que los votantes que son del PP, que hoy se han quedado en sus casas, vuelvan a votarnos el año que viene“.

Cospedal no es idiota, ni mucho menos, pero su discurso a lo orquesta del Titanic es tan descorazonador que uno empieza a cuestionarse si es todo estrategia o de verdad ella, o alguien del PP, se lo cree. Si un descenso de 5,2 millones de votos (de 47 a 30 escaños, un 31%) no es una señal para mostrar humildad, lo mejor es que ni hagan campaña para 2015. Total, pa’ qué.

En Ferraz, la señora Valenciano hacía un alto en la travesía por el desierto del PSOE para destacar “la desafección del electorado europeo y el preocupante ascenso de la extrema derecha“, mientras alargaba el puñal que Rubalcaba utilizó para hacerse el hara-kiri unas horas después. La Valenciano, al menos, sí que vio algo más allá de sus fronteras y no se puso a sexar ángeles.

Mientras tanto, en Barcelona, Artur Mas se rascaba el hoyuelo de la barbilla pensando en cómo se las iba a ingeniar para que su proceso soberanista, “la deriva” que diría Pedro J., pudiese continuar con su tranquilo devenir con ERC arrasando sin contemplaciones y confirmando la tendencia de las elecciones de 2012. Los defensores de la unidad inmutable de España, PP y Ciutadans, se quedaban en un 16% de los votos, con los azulones en mínimos históricos (5ª fuerza política) y los chavales de Albert Rivera sacando más votos fuera de Cataluña que dentro de ella (más votos en Madrid que en Barcelona, Albert). UPyD y VOX, dos caras de la misma moneda, se conjugaban para sacar 42.000 votos, en un resultado que se mueve entre lo irrelevante y lo ridículo. Todo ello con una participación casi un 11% superior a las de 2009, ojo.

Y es que si CiU ha puesto sus barbas a cortar, el PNV ya las tiene a remojar. Bildu se enseñoreó en Guipúzcoa, conquistó Álava y se quedó a 30.000 votos en Vizcaya. La intrascendencia, una vez más, del PP autonómico se une a los 100.000 votos que se dejaron los socialistas. De las opciones de centro reformista (UPyD, C’s, VOX), mejor no hablamos.

Pero tranquilos, que no pasa nada.

En cualquier caso, el gran triunfador de la gala electoral fue Pablo Iglesias: el tertuliano, el orador, el profesor, el político. La coleta más popular del momento. Sobre la figura de este señor, les enlazo al magnífico perfil que Pablo Suanzes ha escrito en El Mundo. La irrupción de Podemos ha sido tan refrescante como inquietante. Refrescante porque demuestra que si la gente vota, el sistema cambia; inquietante porque hablamos de un partido de corte marcadamente populista, con más protestas que soluciones y con propuestas que, en sus mejores casos, sólo pueden ser calificadas de ingenuas. En cualquier caso, y por una vez, no hay que mirar a la Luna sino quedarse mirando el dedo. Más allá del ruido mediático de la caverna, de la sorpresa de otros ilustres del politiqueo personalista como Díez, Vidal-Quadras o el ya citado Rivera, hay algo que es innegable: si Podemos ha podido, es que se puede.

Pero ojo: todo esto no se puede extrapolar alegremente a los comicios de 2015. Elecciones al Parlamento Europeo el día después de que el Madrid gane la Décima…Who cares? RTVE otorgó más cobertura a la celebración en el Santiago Bernabeu que a las ruedas de prensa de los líderes políticos o a las descorazonadoras noticias que llegaban de Francia. Sólo a las once de la noche, cuando Cristiano y compañía se retiraban mientras salían los escrutinios al 90%, se retomó la jornada electoral. Pero la crisis es sólo económica. Claro.

Pero dejemos de lado la desidia nacional, lo preocupante no estaba en España. Es más, de los siete países con más población de la Unión Europea, somos los únicos que no dimos representación a grupos de ultraderecha o euroescépticos. Y esto, señores, en una jornada como la del domingo, no fue ninguna tontería.

Mañana (o pasado), veremos por qué 😉

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P.D. – Si pueden, lean a Manuel Jabois hablando del fenómeno “Podemos”.

Una de cine: La belleza de Sorrentino

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Hace unas semanas se entregaron los premios Oscar con triunfo absoluto de ‘Gravity’, ’12 años de esclavitud’ y sin prácticamente ninguna sorpresa. Es una pena que la mejor película del año, al menos para el que suscribe, no tuviese opción de participar en más categoría que la de Mejor Película Extranjera, donde obviamente ganó.

Sí, ‘La Gran Belleza’ es lo mejor del pasado 2013 y una de las mejores películas de los últimos años. No lo es porque rinda homenaje a ‘La Dolce Vita’, sino por su sentido estético, que es soberbio, por su premisa y su ejecución, por cómo lleva un tema manido a una dimensión nueva de forma ingeniosa y atractiva. Vayan a verla, dénse el gustazo de disfrutarla en un cine, a ser posible en versión original, en una pantalla grande que permita apreciar como se merece el preciosismo de su fotografía (ojo al hipnotismo que produce la primera escena de la película), un ejercicio tan perfecto que llega a abrumar.

Aviso: a partir de aquí hay destripe de la trama.

No vengo a hacer una crítica de la película de Paolo Sorrentino, tan sólo a hablar de la búsqueda de la belleza, de la eternidad en el instante banal, del cinismo como medio de protección ante el sinsentido de la vida, de la insoportable angustia que genera el saberse elegido para recibir un gran regalo pero incapaz de entenderlo.

Jep Gambardella es rico, goza de buena salud, tiene muchos amigos y atrae a bellas mujeres sin esfuerzo. Es un personaje conocido en la alta sociedad romana y disfruta de cierto estatus como escritor debido a una novela que tuvo cierto éxito hace años. Jep lo tiene todo pero vive angustiado en la más absoluta insustancialidad: necesita un ruido constante a su alrededor en forma de grandes fiestas, drogas y sexo para no escuchar el atronador silencio de su vida, para poder sobrellevar otro día en Roma, decadente y grotesca, llena de fieras y sin ángel que la guarde.

Jep es El Cínico, “el mayor vividor de Roma”. Tiene 65 años y ha fracasado en la vida. Es consciente de ello pero se ha rendido y nada persigue: se ha abandonado a la desesperación y a una existencia frívola y superficial rodeado de personajes que sufren el mismo mal que él y con los que comparte noches de alcohol y música jazz en las que sólo caben charletas y bromas insustanciales que no derrumben el delicado escenario en el que representan sus vidas. Es por ello que cuando Stefania, al borde de la desesperación, intenta imponerse como una mujer de ética superior a la de sus compañeros de farra, Jep destruye su ego demostrando que, en realidad, está tan vacía y es tan miserable como ellos: “Estas son tus mentiras, tu fragilidad“.

Una de los momentos que más me impactó, y que sigo recordando, es el del funeral. Anteriormente, Jep acompaña a Ramona a por un vestido apropiado para la ocasión (una de las escenas más bellas de la película que dio lugar al cartel de la misma) y, mientras ésta desfila con sus modelos, áquel le relata cómo va a comportarse durante la ceremonia. Ante la muerte, Jep actúa de manera impostada, bajo un guión que conoce al dedillo, pero su sensibilidad le traiciona y acaba deshaciéndose en lágrimas al darse cuenta de que tiene razón, al sentir, una vez más, la insustancialidad y el ridículo golpeándole sin piedad.

Y lo que le ocurre con la muerte, le ocurre de igual forma con el amor y la amistad. Cuando su amante muere y su mejor amigo le abandona, Jep intenta acudir a la religión, pero la más alta curia romana le rechaza de manera cruel y sin miramientos, más pendiente de cómo cocinar una pepitoria que de salvar un alma descarriada.

A Jep le queda únicamente el consuelo de su pasado, de ese mar que tanto añora, mar de su niñez y adolescencia, mar de su amor más intenso, del primero cuyo simple recuerdo le hace evadirse y ser feliz. Intenta huir de él, avergonzado de que sólo sea verdad todo aquello, para acabar dándose cuenta de que si fue en aquel primer contacto con el cuerpo de una mujer donde quedó anclada su felicidad nada tiene de malo volver a ello y así recuperar la inspiración para escribir y para vivir. La eternidad, la inmortalidad que busca Jep, está en el recuerdo de la belleza de una joven cincuenta años atrás, porque la nostalgia es la única distracción posible para quien no cree en el futuro.

“Termina siempre así, con la muerte. Pero antes, hubo vida. Escondida bajo el bla, bla, bla, bla. Y todo sedimentado bajo los murmullos y el ruido. El silencio y el sentimiento, la emoción y el miedo. Los demacrados, caprichosos destellos de belleza. Y luego la desgraciada miseria y el hombre miserable. Todo sepultado bajo la cubierta de la vergüenza de estar en el mundo. Bla, bla, bla, bla. Más allá, está el más allá. Yo no me ocupo del más allá. Por tanto, que esta novela dé comienzo. En el fondo, es sólo un truco. Sí, es sólo un truco” (Jep Gambardella).

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Una de cine: Mis diez películas de los 90

Una vez más, y ya van tres, otro listado de películas. Esta vez tocan los tiempos del blockbuster puro, los dulces noventa, los días de mi niñez, días de películas que todo el mundo conoce y que tantas críticas han generado. No arrasaron en los Oscar, salvo dos excepciones, pero es innegable la influencia que estas películas han tenido en el cine actual y en la cultura popular. Como siempre, ni hay ánimo de exhaustividad ni criterios estrictos más allá de los gustos personales del que suscribe. Ahí van.

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10. Matrix (1999)

Los hermanos Wachowski (hoy, hermano y hermana) eran unos completos desconocidos a finales de los 90, dos inadaptados cuyo único bagaje era la mediocre ‘Lazos ardientes‘ (1996). Un día se lanzaron a la conquista del cine de ciencia ficción y parieron el guión de Matrix, una historia de máquinas que utilizan al hombre como energía mediante un sistema que les mantiene sedados en una realidad paralela que resulta ser nuestra realidad. La premisa es interesante, pero lo que realmente ha perdurado han sido su estética cyberpunk moderna, sus tremendas escenas de acción aderezadas con una potente banda sonora con artistas como The Prodigy o Rage Against The Machine y el carisma arrollador de sus personajes. A pesar de las dos infumables entregas posteriores, que algunos han defendido contra el huracán de la crítica, sigue manteniéndose fresca quince años después y se confirma como una de las mejores películas de acción de siempre.

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9. Deconstructing Harry (1997)

‘Desmontando a Harry’ es todo lo que Woody Allen quiso expresar sobre la vida y nunca se atrevió a proponer en un drama. Diecisiete años y dieciséis películas han pasado desde el estreno de su mejor comedia, y durante ese tiempo su cine ha entrado en una decadencia a ratos agradable, a ratos insoportable. Mientras sus fans intentamos disfrutar de los contados momentos excepcionales que tienen sus últimas películas siempre quedará el consuelo de este conjunto de sketches demenciales, llenos de las obsesiones y fobias que salpican toda la filmografía de este director. Irrepetible.

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8. The Straight Story (1999)

¿Puede una historia sobre un anciano buscando terminar su vida con dignidad a bordo de una cortadora de césped ser emocionante y divertida? David Lynch lo consiguió y después se echó a sestear entre historias incomprensibles de lesbianismo y terror. Una de las películas más tiernas que he visto en mi vida, es inevitable pensar en ella cuando se acude a la reciente ‘Nebraska‘.

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7. Lock, Stock and The Two Smoking Barrels (1998)

Opera prima de Guy Ritchie, muestra evidente del auge del cine británico de mediados de los 90, junto con las archiconocidas ‘Trainspotting‘ (1996) de Danny Boyle y ‘Full Monty‘ (1997) de Peter Cattaneo, antes de hundirse en un batiburrillo de comedias románticas inverosímiles destinadas a chicas de veintitantos. ‘Lock, Stock’ es, para un servidor, la mejor película de Ritchie, superando holgadamente a ‘Snatch’ (2000) y ‘Rocknrolla’ (2008). También es una de las escasas evidencias de que Jason Statham puede ser un buen actor. Cine de acción y situaciones entrelazadas, personajes extravagantes, una fotografía y montaje muy peculiares, banda sonora espléndida y, por encima de todo, mucha diversión.

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6. Schindler’s List (1993)

Spielberg es el director de los cuñados y el-que-no-debe-de-ser-nombrado en reuniones de modernos y hipsters, uno de los grandes que aparece indefectiblemente unido a sus dos películas ambientadas en la II Guerra Mundial de los años 90: ‘La Lista’ y ‘Salvar al Soldado Ryan‘ (1998). La segunda se ha convertido, en mi opinión, en una película bélica bastante sobrevalorada sostenida por dos magníficas secuencias de acción que tapan un ejercicio de americanismo ingenuo y simplón. La primera sí que sobrevive al paso de los años con buen tino, quizá por el sentimiento de morbo y culpabilidad que despierta en los espectadores, quizá por el trabajo de los Liam Neeson (ya quisiera el auténtico Schindler haber sido tan magnánimo), Ben Kingsley y, über alles, Ralph Fiennes. Lo único que la priva de estar más arriba en la lista es, una vez más, la limitada versión de los hechos que ofrece, mostrando una realidad moral única que no se corresponde con lo que se puede leer o ver en ensayos sobre el Holocausto o en el excelente ‘Shoah‘ (1985).

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5. Eyes Wide Shut (1999)

Tras ‘Barry Lyndon’ y ‘El Resplandor’, Stanley Kubrick se pasó casi 20 años ocupado en su vida familiar, quizá aburrido del cine y dedicado a proyectos ejecutados con más pena que gloria (‘La Chaqueta Metálica‘, 1987) mientras las páginas de su ‘Napoleón’ languidecían en los cajones de algún productor. Cuando se aproximaba a los 70, decidió escribir junto a Frederic Raphael un guión acerca de la difícil relación que mantienen el amor y el deseo. Eso es, básicamente, ‘Eyes Wide Shut’: una historia aparentemente sencilla que se desarrolla en una atmósfera asfixiante y claustrofóbica, llena de símbolos y referencias, y con los mejores Nicole Kidman y Tom Cruise de siempre. También fue la última película de Kubrick (murió sin siquiera poder terminar el montaje), la decimotercera, aquella que le reconcilió con su cine de perfección exhaustiva y repleto de significado.

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4. Fargo (1996)

Aparte del mencionado Guy Ritchie, y con permiso de Quentin Tarantino, los 90 fueron la mejor época de los hermanos Coen, esos directores que se han movido siempre por la industria de Hollywood sin perder su esencia o, al menos, retrocediendo rápidamente cada vez que se aproximan a lo que el gran público espera de ellos. Su filmografía ha oscilado constantemente entre historias desagradables llenas de violencia explícita y comedias de humor negro. Así van ahora… a ‘Quemar después de leer‘ (2008) y ‘A serious man‘ (2009) les sigue ‘Valor de Ley‘ (2010) para acabar con una historia de cantantes de folk ‘outsiders’ (‘Inside Llewyn Davis‘, 2013).

… y así empezaron: tras la inquietante ‘Sangre fácil‘ (1985), la divertida ‘Raising Arizona‘ (1987); después la excelente historia de gángsters de ‘Muerte entre las flores‘ (1990) que se vio sucedida por las mediocres ‘Barton Fink‘ (1991) y ‘El gran salto‘ (1994). Tocaba una de tiros con suspense y drama y los Coen recurrieron a su actriz fetiche (Frances McDormand) para firmar la mejor película de su carrera: ‘Fargo’. Ambientada en la Minnesota natal de los hermanos, es un thriller lleno de mala uva, con una actriz principal colosal, la siempre reconfortante presencia de Steve Buscemi y un guión perfecto.

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3. Pulp Fiction (1994)

Tras la irrepetible ‘Reservoir Dogs’ (1992), Tarantino tenía muy complicado mantener el nivel, seguir convenciendo a la crítica y al público de que él era un talento de verdad y no un one hit wonder boy. Entonces estrenó ‘Pulp Fiction’ y nada volvió a ser lo mismo. Tres historias aparentemente inconexas: dos matones de poca monta a sueldo de un gángster, un boxeador venido a menos y una pareja de atracadores enamorados. Violencia explícita y una banda sonora con temas absolutamente desconocidos para el gran público de por entonces y que ahora todo el mundo identifica con la película.

Y es que se pueden decir todo tipo de bondades de ‘Pulp Fiction’ pero la más evidente es que hay muy pocas películas en la historia del cine que hayan tenido su impacto en la cultura ‘pop’. El baile de Travolta y Uma Thurman, Samuel L. Jackson recitando versos de la Biblia antes de liarse a tiros, el “Zed’s dead, baby” de Bruce Willis, o la llegada de Mr. Wolf forman parte de la memoria colectiva tanto como los trajes y sombreros de ‘El Padrino’ o el “Luke, yo soy tu padre” de Star Wars. Hablamos de un hito en el cine moderno, una película que ha influenciado a infinidad de directores de los 90 y posteriores y que catapultó a Tarantino a la cima de Hollywood, cima de la que nunca ha bajado a pesar de lo irregular que ha sido su carrera desde entonces.

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2. American Beauty (1999)

Otra opera prima, esta vez de Sam Mendes. Kevin Spacey se encontraba en la cima de su carrera (‘Glengarry Glen Ross’, ‘L.A. Confidential’, ‘Sospechosos Habituales’, que le valió un Oscar, o ‘Se7en‘) y se coronó con un segundo Oscar en su mejor interpretación hasta la fecha. Le acompañaba una brutal Annette Bening, que estuvo nominada aunque no logró el éxito de su compañero. La película arrasó y llevó a la fama a Mendes, que después hizo ‘Camino a la Perdición‘, se casó con Kate Winslet y se echó (merecidamente) a sestear.

Siempre emocionante incluso aunque se sepa lo que va a pasar, me sigue pareciendo la última vez que la Academia premió merecidamente una película. Si no lo creen, analicen los ganadores de los últimos quince años, se sorprenderán de la morralla que está instalada en el particular Monte Olimpo de Hollywood.

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1. Reservoir Dogs (1992)

No creo que sea una herejía decir que, junto a ‘12 hombres sin piedad‘ (Sidney Lumet, 1957) es la mejor opera prima realizada por un director en toda la historia del cine. Atrevida, irreverente, rompedora, dotada de una estructura y un guión magistrales… Cuesta creer que un director que no llegaba a los 28 años consiguiera algo tan perfecto partiendo de la más absoluta nada. Aguanta visionado tras visionado y sigue tan fresca e innovadora como la primera vez: una película de acción sin prácticamente acción, un thriller con personajes de los que no sabemos absolutamente nada, una especie de obra de teatro que cuenta mucho menos de lo que está pasando. Sí, se podrían escribir tratados sobre la película pero es mejor simplificar, así que dentro intro.

Mientras se cocía esta entrada han sido fusilados exitazos de la década como El Club de la Lucha, Seven, Sin Perdón, Cadena Perpetua, Eduardo Manostijeras, El Gran Lebowski, Casino o Uno de los Nuestros. Mil perdones a todas ellas.

Una de cine: Mis diez películas de los 80

Hace un par de meses aproveché la coyuntura de cierto post para elaborar una lista que intentaba recoger lo que, en mi modesta opinión, era el mejor cine de los años 70. Aquella década fue una de las mejores de la historia del cine americano (aunque en mi lista incluí dos películas de nacionalidad no estadounidense), posiblemente a la altura de las décadas doradas de los años 40 y 50. Hoy vuelvo a las andadas para reivindicar la que posiblemente fue la última gran década del cine antes de la llegada definitiva del “blockbuster” comercial de enormes presupuestos, donde en ocasiones se dedica más dinero a la publicidad que a la película en sí misma.

El nuevo modelo trajo pingües beneficios para las productoras de Hollywood, que podían rentabilizar sus proyectos no sólo en las salas de cine sino también en el mercado del vídeo doméstico, pero también supuso la aparición de la brecha entre el cine comercial y el cine independiente, brecha que hoy se mantiene más que nunca y que ha provocado un sustancial descenso en la calidad de las películas y un cambio, creo que a peor, en las preferencias del espectador. Esto no quiere decir que en los últimos 24 años no se hayan hecho buenas películas, pero el modelo muestra una evidente fatiga y ha pervertido al cine como arte (al respecto es interesante esta reflexión de Steven Soderbergh del pasado mes de abril). Sin más, les dejo con mi top-10.

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10. The Thing (1982)

Hablando de blockbusters. John Carpenter es, con casi total seguridad, el director de serie B más conocido y reputado de la historia y ha tenido una notable influencia en directores tan ‘mainstream’ como el señor Tarantino (excelente monográfico en tres partes el que se marcó Diego Cuevas en JotDown). Despuntó e hizo fortuna a finales de los 70 con ‘Assault on Precinct 13‘ y, especialmente, ‘Halloween‘ (película que lanzó a la fama a Jamie Lee Curtis), pero fue durante los 80 cuando sacó todo su talento a relucir. Tras ‘The Fog’ (donde repitió Lee Curtis) y ‘Escape From New York’, dos horteradas de difícil calificación, Carpenter se sacó de la manga una película de alienígenas donde un reparto capitaneado por Kurt Russell se pegaba de lo lindo con una misteriosa presencia del espacio exterior en una remota estación de la Antártida. La película es un ejercicio de entretenimiento magistral que aúna un guión deliciosamente intrascendente con secuencias de acción llenas de efectos especiales baratos pero efectivos. Tras ‘The Thing’, Carpenter tiró de surrealismo con ‘Christine’ (la historia de un coche asesino que posee a su propietario) y ‘Big Trouble in Little China’ (una de las cutreces más entrañables de su filmografía) pero nunca llegó (ni llegará) al nivel que mostró en la que, para mí, es la mejor producción de serie B de siempre.

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9. Die Hard (1988)

Poca presentación necesita este clasicazo del cine de acción. A John McTiernan ya se le conocía por ‘Predator’, otra de las grandes del cine de acción de siempre, pero nadie sabía nada de Bruce Willis y mírenle ahora. ‘Die Hard’ lo tenía todo para triunfar: un protagonista carismático, un malo interesante, hostias y explosiones a mansalva y una frase para recordar. La cosa salió tan bien que John McLane ha seguido repartiendo cera hasta el año pasado en cuatro secuelas (mención especial a la tercera, también dirigida por McTiernan y que contó con Samuel L. Jackson y Jeremy Irons)  y mucho nos tememos algunos que lo seguirá haciendo hasta que al bueno de Willis le aguante el cuerpo serrano.

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8. The Fly (1986)

Más cine de serie B, esta vez de la mano de David Cronenberg, otro realizador con unas formas un tanto extrañas. Muchos le conocerán por sus últimas películas con Viggo Mortensen (‘A History of Violence’, ‘Eastern Promises’, ‘A Dangerous Method’) o por ‘eXistenZ’, pero este señor ya había hecho cosas muy interesantes como ‘Dead Ringers’, ‘Naked Lunch’ o esta ‘The Fly’. Partiendo de un relato de George Langelaan evidentemente inspirado en ‘La Metamorfosis’ de Kafka, Cronenberg da rienda suelta a un mundo angustioso y claustrofóbico, lleno de escenas turbadoras y desagradables. La interpretación de Jeff Goldblum es cojonuda y Geena Davis (nunca más se supo) aporta el resto con su físico.

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7. The Shining (1980)

Obra maestra del cine de terror, algo esperable cuando se junta a un maestro como Kubrick con un talento inmortal como Jack Nicholson. Kubrick cogió lo que le pareció de la novela de Stephen King, se inventó cosas y se saltó otras, exprimió las capacidades de Nicholson al máximo, quemó a Shelley Duvall hasta deprimirla y acabó tan aburrido que tardó siete años en sacar su siguiente película (la irregular ‘Full Metal Jacket’). Imperdible película, con una fotografía que da para escribir un tratado y tantas interpretaciones conspiranoicas que hasta se ha hecho un documental sobre ellas, el prescindible ‘Room 237‘ (2012). Eso sí, huyan como nunca del doblaje al castellano.

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6. Ran (1985)

Larguísima, lenta y moralista película ambientada en el Japón feudal de los siglos XV y XVI, cuando los shogun dominaban el país y los samurais comenzaban a ser más mercenarios que caballeros andantes. Épica, llena de color y secuencias que parecen no tener fin, no merecería quizá su sitio en esta lista de no ser la última gran película del gran Akira Kurosawa.

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5. Platoon (1986)

La II Guerra Mundial es el conflicto bélico que ha servido de base para una mayor cantidad de películas pero, a excepción de ‘The Thin Red Line’ (Malick, 1998), creo que todas las grandes producciones caen en el mismo error al plantear una dicotomía “buenos vs malos” demasiado simplista en la que los soldados americanos son presentados como bellas personas llenas de principios y fuerza, auténticos paladines de la libertad, héroes en suma. Sin desmerecer la calidad de películas tan famosas como ‘Saving Private Ryan’ (Spielberg, 1998), creo que las mejores películas bélicas han tomado como referencia la Guerra de Vietnam, y como muestra tenemos a ‘Platoon’. Posiblemente la mejor película de la irregular carrera de Oliver Stone, es también la mejor interpretación nunca vista de Charlie Sheen y una interesante visión acerca de la deshumanización de los marines americanos en territorio enemigo y de su alejamiento de la realidad producto del inmenso estrés al que se veían sometidos. Años después, Stone continuó (sin tanto acierto) con ‘Born on the Fourth of July’ (1989), en donde intentaba ilustrar la situación de los veteranos de Vietnam a su vuelta en EEUU. El monólogo final de Sheen con el ‘Adagio for Strings’ de Samuel Barber sigue siendo un momento cumbre en la historia del cine bélico.

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4. Hotaru no haka (La tumba de las luciérnagas) (1988)

Otra película con la guerra como trasfondo aunque esta vez estemos ante un drama con tintes de tragedia. Esta historia de dos hermanos perdidos en medio del infierno de los bombardeos sobre Japón en la II Guerra Mundial es el mayor alegato antibelicista nunca visto en el cine, comparable en su dimensión a la novela ‘Johnny Got His Gun’ de Dalton Trumbo. Tras la animación inconfundible marca de la casa del Estudio Ghibli se esconde una película desgarradora, difícil de digerir y cuyo recuerdo acongoja aún a un servidor. Debería ser de obligado visionado en escuelas e institutos.

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3. Star Wars Episode V: The Empire Strikes Back (1980)

Secuela de la película de ciencia ficción más famosa de la historia del cine, es de largo la mejor de la saga de, hasta ahora, seis filmes. George Lucas le dejó la dirección a Irvine Keshner para que filmase la historia que tenía en mente: un arranque trepidante, Mark Hamill en pequeñas dosis y separado del grupo, más minutos para Darth Vader, impagables discusiones entre Leia y Han Solo y, por supuesto, la mítica secuencia final. Soberbia.

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2. Blade Runner (1982)

Ridley Scott había rodado cuatro años antes ‘Alien’, obra maestra de la ciencia ficción, pero se quedó con ganas de más. Cogió una novela de Philip K. Dick (‘¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?’), pidió a una estrella como Harrison Ford (Indiana Jones, Star Wars) y se marcó una película acerca de la decadencia de la raza humana y el sentido de la vida, de estética cyberpunk y con banda sonora de Vangelis. La ambientación es magistral, el trabajo de Harrison Ford como Rick Deckard es sobresaliente y el monólogo de Rutger Hauer es uno de los momentos más famosos y emocionantes de la historia del cine. La mejor película de ciencia ficción nunca hecha.

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1. The Elephant Man (1980)

Tras ‘Eraserhead’ (1977), David Lynch cogió a un cuasi-desconocido Anthony Hopkins, a un secundario como John Hurt (palmaba en ‘Alien’ en la famosa escena de la comida) y les dio un guión hecho con retazos de la historia real de Joseph Merrick, un hombre que sufrió terribles malformaciones a principios del siglo XX. La historia que cuenta Lynch, centrada en lo repugnante y a la vez maravillosa que puede resultar la naturaleza humana, está narrada de una forma tan realista y cruda que resulta tierna de un modo inolvidable. El trabajo de Hopkins y Hurt no tiene parangón y la música de John Morris actúa como un catalizador perfecto. Una obra maestra atemporal.

Una vez más, y como ya me ocurrió con la lista de los 70, se han quedado fuera películas que alguno considerará imperdibles como ‘Raging Bull‘ (Scorsese, 1980), la saga de Indiana Jones (Spielberg), la irrupción de Schwarzenegger en ‘Terminator‘ (Cameron, 1984) o la de Rambo en ‘First Blood’ (Kotcheff, 1982), las taquilleras ‘E.T.’ (Spielberg, 1982) o ‘When Harry Met Sally’ (Reiner, 1989), o películas de culto como ‘Scarface‘ (De Palma, 1983), ‘Akira’ (Ohtomo, 1988), ‘Back to the Future’ (Zemeckis, 1985) y ‘Do the Right Thing’ (Spike Lee, 1989). A mí me ha costado particularmente deshacerme de ‘Blood Simple’ (Joel y Ethan Coen, 1984), ‘Cinema Paradiso’ (Tornatore, 1988), ‘My Left Foot’ (Sheridan, 1989) y ‘Hannah and Her Sisters’ (Woody Allen, 1986), pero sólo hay sitio para las 10 de arriba.

TEDH y doctrina Parot: algunas respuestas

El pasado lunes día 21 se hacía pública la Sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) en la que dicho Tribunal se pronunciaba negativamente acerca de la aplicación retroactiva de la doctrina Parot, doctrina que instituyó (por decirlo de alguna forma) el Tribunal Constitucional español en febrero del año 2006. No voy a extenderme en hacer comentarios sobre la STC de aquel año, hay documentación de sobra por la red para el que tenga interés. Baste decir que el TC, al igual que los Gobiernos de España desde el año 1977 hasta 1995 (Gobiernos de UCD y, fundamentalmente, PSOE), hizo una auténtica chapuza convalidando al Tribunal Supremo, chapuza que ha traído estos lodos y las vestiduras rasgadas que vemos por toda la geografía nacional.

(Sentencia traducida por la Abogacía del Estado)

¿Por qué sale a la calle Inés del Río?

Imaginen que un día, por un despiste, atropellan a una madre con su bebé. Los dos resultan muertos. Ustedes son condenados a 6 años de prisión por un doble homicidio imprudente. Tras dos años en la cárcel, ustedes solicitan el tercer grado para poder ir a su casa a ver a su familia. El juez les comunica que una reciente reforma penal no les reconoce tal beneficio y que deben cumplir los 6 años íntegramente. Ustedes protestan, porque cuando les condenaron sí que tenían ese beneficio. Les han aplicado una ley nueva a un caso ocurrido hace dos años. Esto es lo que se conoce como aplicación retroactiva la cual, para disposiciones desfavorables o restrictivas de derechos fundamentales (como la libertad), está prohibida por los arts. 9.3 y 25.1 de la Constitución española, el art. 2 del Código Penal y el art. 7 del Convenio para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales (CEDH).

Inés del Río, como otros tantos etarras de los años 80, fue juzgada con arreglo al Código Penal de 1973. Este Código reconocía la redención de penas mediante trabajo, lo que hacía posible que periodos de prisión de 30 años (el máximo de aquel entonces) quedasen reducidos a poco más de 20. El Código Penal de 1995 (el vigente) cambió esta situación eliminando la posibilidad de dicha redención. En 2003 se aprobaba además la Ley Orgánica para garantizar el cumplimiento íntegro y efectivo de las penas. Con esta modificación del CP de 1995 se introducía lo que más tarde se dio en llamar “doctrina Parot”: en determinados casos, los beneficios penitenciarios se aplican sobre el total de pena impuesta y no sobre la pena efectiva, lo que en la práctica provoca que aquellos criminales con delitos especialmente graves deberán cumplir el total de sus penas efectivas. Recientes condenas de este tipo han seguido esta normativa, por ejemplo, la de Jamal Zougam, autor intelectual de los crímenes del 11-M en Madrid.

Lamentablemente, estas reformas llegaron muy tarde. Todos los condenados en los años 80 lo fueron siguiendo las directrices del CP de 1973. Y ahí, como ya hemos visto, las reglas del juego eran otras.

Inés del Río fue condenada en el año 1987 a 30 años de prisión. Con la redención de penas (9 años), debería haber salido a la calle hace cinco años. Puede doler, puede molestar, puede ser considerado una injusticia, pero la ley no permitía que siguiera en prisión.

Pero no es un cambio normativo, es un cambio jurisprudencial, ¿no deberían permitirse esos cambios cuando las circunstancias se modifican?

En primer lugar, es bastante sospechoso que en más de 20 años de aplicación del antiguo Código penal nunca se negase la redención por trabajo sobre la pena efectiva. Nunca es NUNCA. En ningún caso.

En segundo lugar, es también bastante sospechoso que la doctrina cambiase justo cuando se produjo una reforma penal en 2003 que precisamente permitió ese cambio jurisprudencial. Si el cambio es puramente circunstancial, ¿por qué era necesario un cambio en las normas sustantivas?

En tercer lugar, el margen de modificación de los criterios jurisprudenciales en materia penal es limitado. No se puede modificar una jurisprudencia estable en el tiempo, hacerlo para aplicar normas penales de forma retroactiva (saltándose a la torera varias normas y desviándose completamente de lo que hacen los países de nuestro entorno político y socioeconómico) y encima provocar con ello una restricción del derecho a la libertad.

¿Qué es esto del TEDH y por qué decide sobre nuestros asuntos internos?

El TEDH es la máxima autoridad entre los países miembros del Consejo de Europa (no confundir con UE) para decidir sobre materias que atañen a los derechos humanos recogidos en el CEDH. Sus sentencias son vinculantes: se han de acatar y ejecutar. La ejecución de las sentencias del TEDH es vigilada por el Comité de Ministros y el no cumplimiento da lugar a sanciones económicas (en forma de incremento de las indemnizaciones pertinentes).

Decide sobre nuestros asuntos internos porque así lo hemos reconocido al firmar el Convenio y sus Protocolos adicionales. Además y para más inri, España reconoce la autoridad de tribunales internacionales en el art. 10.2 de la Constitución.

Teniendo en cuenta todo esto hay que tenerlas muy grandes para decir que la Sentencia no tiene por qué cumplirse. Pero muy grandes.

¿Es cierto lo que han dicho miembros del Gobierno sobre que la Sentencia sólo afecta al caso Inés del Río?

La alarma social está al máximo, así que este tipo de declaraciones van a seguir escuchándose y leyéndose hasta que pase el maremoto. Cuando todo pase solo quedará la verdad: que esta Sentencia se va a aplicar a todos los casos en los que un preso debió salir a la calle por redención de penas y ha sido mantenido en prisión mediante aplicación retroactiva del CP de 1995 reformado en 2003. Ni más ni menos.

Creo que ya hemos hecho suficientemente el ridículo actuando como un país del s. XVIII, demostrando una incapacidad flagrante para gestionar nuestros asuntos y prever lo que iba a pasar si no se reformaban las leyes en su momento. Ya es suficiente. Espero que no hagamos el paripé de exigir que el TEDH se tenga que reafirmar en sus argumentos cada vez que uno de los presos exija su excarcelación, lo espero sinceramente.

Pero esto es una injusticia, no se debería tolerar…

La justicia es un término más moral que propiamente normativo. Si no seguimos las leyes, que son iguales para todos, la frontera que nos separa del caos se disipa con una facilidad pasmosa. El odio y el resentimiento sólo pueden tener cabida en la sociedad, en las víctimas que tienen todo el derecho del mundo a quejarse y a cagarse en la madre del político de turno. A lo que no tienen derecho es a exigir que una persona continúe en prisión porque sí.

Las portadas de los diarios españoles de ayer y las opiniones vertidas por muchos periodistas y tertulianos son aberrantes y no tienen cabida en un Estado de Derecho. Justificar lo injustificable basándonos en conceptos extrajudiciales es más propio de lo que fuimos que de lo que somos. Y es que son ya más de 30 años de democracia, algo se nos debería haber quedado en la cabecita, ¿no?

Una de cine: Mis diez películas de los 70

Navegando hace unas horas por la red me he encontrado con este post de Movie Mezzanine donde los miembros del staff de la web elegían sus diez mejores películas de la década de los 70, posiblemente una de las más brillantes de la historia del cine. En el encabezamiento del post señalan que es un auténtico reto escoger entre una gama tan amplia de grandes filmes y yo no he podido resistir la tentación de querer hacer mi lista. Del 10 al 1, ahí van.

10. Duel (1971)

Thriller dirigido por Spielberg para la ABC americana, uno de sus primeros trabajos y una de sus mejores películas. Con un presupuesto mínimo, Spielberg se saca de la manga una brillante historia de suspense llena de tensión basada únicamente en una persecución a través de carreteras solitarias y polvorientas.

 

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9. Dersu Uzala (1975)

En 1975, Kurosawa ya había dirigido grandes películas (Los Siete Samurais, Rashomon, Vivir o Yojimbo) en Japón, así que se decidió a dar el salto al extranjero y en la antigua URSS (en medio de la taiga siberiana) desarrolló esta preciosa historia sobre amistad y el valor de la vida en armonía con la naturaleza. El trabajo de los dos actores Maxim Munzuk y Yuri Solomin es extraordinario y la fuerza de las imágenes sigue impresionando casi 40 años después.

 

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8. Apocalypse Now (1979)

Se han escrito ríos de tinta sobre las dificultades de rodaje de esta película y cómo casi llevó a perder la cabeza a Francis Ford Coppola. Pese a que condicionase notablemente el resultado final (creo que para bien), la película es suficientemente buena como para ser considerada aparte de su polémica circundante: aunque es un filme lento y lleno de simbolismos (más si se ve el montaje de 2001 de más de 3 horas de duración), nos traslada de una forma diferente al horror del conflicto bélico de Vietnam y plantea interrogantes muy interesantes sobre la condición humana, la moral y los límites de la cordura. Las interpretaciones de Robert Duvall, Martin Sheen, Dennis Hopper y Marlon Brando hacen el resto.

 

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7. Network (1976)

Sydney Lumet suele ser un olvidado cuando se cita a los grandes directores de la historia del cine y estamos hablando de un señor que se presentó en sociedad con 12 Angry Men (1957). Además de esa obra maestra, Lumet dirigió en los 70 películas como Serpico, Dog Day Afternoon y Network: una historia sobre medios de comunicación, la manipulación que sufren y cómo influyen en la gente de tal forma que los dirigentes de los grandes consorcios pueden llegar a hacer creer a la sociedad lo que ellos decidan. Faye Dunaway se sale aquí y el momento de ira de Peter Finch instando a la rebelión de las masas sigue siendo un inquietante ejemplo de cómo un discurso anti-establishment puede ayudar al propio establishment.

 

6. Barry Lyndon (1975)

Otra película que no es fácil de ver pese a ser uno de los ejercicios más perfectos de escenografía y fotografía de toda la historia del cine. La historia que plantea aquí Kubrick no tiene mucha miga, y el moralismo que desprende y la lentitud casi exasperante pueden echar para atrás a más de uno. Aparte de estas minucias, ver Barry Lyndon es asistir a un museo de cuadros del s. XVIII en movimiento, un retrato cuya precisión roza lo enfermizo. Si la belleza de las imágenes y de la banda sonora no cautiva al espectador es posible que éste no tenga alma.

 

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5. Manhattan (1979)

Woody Allen es un genio y quien diga lo contrario falta a la verdad. Sí, ha hecho mucha morralla, casi tanta como buen cine, pero es el responsable de Annie Hall, Hannah y sus hermanas, Broadway Danny Rose, Desmontando a Harry y de la mayor declaración de amor que nunca se ha hecho a la ciudad de Nueva York. Rodada en blanco y negro para ira de sus detractores, sigue siendo uno de las mejores comedias de todos los tiempos y máximo exponente de la dicotomía del personaje alleniano, esa que habla de por qué complicarse la vida buscando satisfacer un anhelo cuando tenemos la felicidad ya con nosotros.

 

4. Stalker (1979)

Tarkovsky es uno de los directores más densos que existen, en toda la amplitud del término denso: Cine lento, lleno de referencias y simbolismos, donde cada escena se cuida hasta el más mínimo detalle. Esta película es exactamente todo eso: larga y llena de silencios y de secuencias donde no parece pasar nada. También es uno de los mejores filmes de ciencia ficción de la historia. Puede aburrirte extremadamente o puede convertirse en una de tus películas preferidas. Y no suele haber término medio.

 

3. One Flew Over the Cuckoo’s Nest (1975)

Si solo atendiésemos a los premios que cosechó esta película se debería concluir necesariamente que es una de las mejores de la historia. Curiosamente, muchos cinéfilos la desprecian precisamente por haber ganado los cinco Oscar y Globos de Oro más importantes (Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor, Mejor Actriz y Mejor Guión): ya saben, hay que huir del mainstream, aunque para hacerlo haya que decir que está mal dirigida, mal interpretada y que es excesivamente moralista. Yo diré que es una obra maestra, y punto.

 

2. Alien (1979)

Olvídense de todo lo que ya sabemos del universo Alien: las secuelas infumables, los crossovers con Depredador y todo el marketing. En 1979, Ridley Scott hizo una película de terror en el espacio que hoy sigue resultando tan inquietante como entonces. Alien rompió el molde: protagonista femenina que sobrevive a un grupo de hombres y que liquida al malo de la película. Sería la mejor película de ciencia ficción de la historia de forma indiscutible si tres años después el propio Scott no hubiese hecho Blade Runner, lo que es mucho decir.

 

1. The Godfather II (1974)

Elegir entre las dos primeras partes de la saga de mafiosos de Francis Ford Coppola es como elegir entre papá y mamá o entre la gallina y el huevo. Si la primera tenía a Marlon Brando, la segunda tenía a Robert De Niro.  Si la primera tenía la escena de la gasolinera, la segunda tenía la escena de la barca. Ambas con arranques y finales magistrales. Es imposible entender una sin la otra y creo que esa es la mayor grandeza de estas dos películas. Yo, por una cuestión de respetar las reglas de cualquier lista que se precie de serlo, elijo la segunda.

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Se han quedado fuera de la lista películas como Chinatown, Star Wars A New Hope, Taxi Driver, A Clockwork Orange, The Sting, Kramer vs Kramer, All The President’s Men, Deliverance o las ya citadas Dog Day Afternoon o Annie Hall. Y tampoco podemos olvidar películas de culto como Rocky, Jaws o The Exorcist, de menor calidad pero que dieron una barbaridad de secuelas y forman parte indiscutible de la cultura pop. Un brindis por ellas.