Y el Barça qué, ¿otra vez campeón de Europa?

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Piqué salta, la bola se queda flotando en el aire de Berlín, y el central culé vuelve a cargar para volver a despejar. Es su enésimo cabezazo, su enésima porfía con los Tévez, Morata, Llorente, Pogba, Marchisio… y vuelve a ganarla. La bola queda para Messi, que se gira y prolonga sobre Neymar. Es un cuatro para dos. Neymar, que ha hecho un partido mediocre, se traba y parece otra contra más fallada, pero la saca para Pedro, que fija a los centrales y le da una pelota para que se cierre el círculo, para que la final muera en la portería de Buffon.

Seis meses atrás, en Anoeta, dos días antes de la noche de Reyes, Claudio Bravo mira a sus compañeros. Jordi Alba se lamenta por el balón que acaba de meter en su portería. En el banquillo, Luis Enrique no mueve una ceja. Detrás de él, Neymar y Messi observan. La derrota en Anoeta deja al Barcelona a 5 puntos de la apisonadora blanca, del Real Madrid prodigioso, el de los 20 partidos seguidos ganados, el que amenaza con destrozar todos y cada uno de los récords. Muchos pensamos que todo se ha acabado, que el ciclo murió en Munich en aquella noche de abril de 2013, y que nada volverá a ser lo mismo. Que se fue Pep y en Barcelona ya no queda nada.

A partir de aquella tarde en Anoeta pasaron muchas cosas. Zubizarreta dimitió, nombrado responsable en primer lugar de los malos resultados (tres derrotas en Liga contra Real Madrid, Celta y Real Sociedad y una en Champions contra el PSG). Bartomeu puso su cargo a disposición de la Junta Directiva y se anunciaron elecciones. El escándalo de Neymar seguía (y sigue) en los Juzgados. Luis Enrique estaba a dos partidos de su cese.

En el plano deportivo, el ritmo del Real de Madrid era infernal y el Barcelona, cada día más parecido al del Tata Martino, no daba ninguna sensación de poder competir con él. En lo individual, Cristiano Ronaldo se relamía con 2-3 goles cada fin de semana, superaba a Messi en la clasificación de goleadores de la Champions y se permitía el lujo de retarle al ganar su tercer Balón de Oro, el segundo consecutivo tras el regalo de Blatter en 2013. “Quiero alcanzarle”, dijo el triatleta portugués, convencido de que Messi ya no era más que un mortal, un simple goleador con el que, ahora sí, podía medirse de igual a igual.

El 11 de enero, Luis Enrique se jugaba todo contra el Atlético de Madrid en el Camp Nou. Una derrota les dejaría a 8 puntos del líder y supondría, a buen seguro, su destitución. El Barcelona, aupado en un excelso Messi y en un enorme Luis Suárez, ganó 3-1. El propio Atleti sufrió en ese mes de enero otras dos derrotas contundentes en las que Suárez, Neymar y Messi empezaron a carburar. El Villarreal tampoco fue capaz de frenar al tridente culé y el Barcelona llegó a otra final de Copa, la quinta en siete temporadas. En la final del Camp Nou y la pitada al himno (oh, sorpresa), Messi destrozó a un débil Athletic y el Barcelona consiguió el doblete tras la 23ª Liga, ganada en el Camp Nou con un gran gol de Suárez al Real Madrid, en una segunda vuelta absolutamente primorosa en la que el equipo firmó 16 victorias, un empate (Sevilla) y una derrota (Málaga, el único equipo al que el Barcelona no ha ganado en este 2014-2015) consiguiendo 50 puntos de 57 posibles.

Pero si ha habido un territorio donde el Barcelona ha sido infinitamente superior a sus rivales, ése ha sido Europa. No recuerdo una Champions donde un equipo haya exhibido semejante autoridad, ganando todas las eliminatorias en el partido de ida con una facilidad pasmosa: 30 minutos duró el Manchester City (el campeón inglés). 79, el PSG (el campeón francés). 93, el Bayern de Munich (el campeón alemán). La propia final podría haber discurrido por los mismos senderos: tras el 0-1 en el minuto 4, el árbitro no pitó un penalti de Lichtsteiner en el minuto 8 y Buffon apareció con una parada antológica para frenar el 0-2 de Alves.

El partido de anoche no se quedará en ninguna videoteca, más allá de las de los culés. Fue feo, lento y aburrido. El Barcelona, extrañamente nervioso, prefirió guardar la ropa tras el gol tempranero de Rakitic, sorprendido quizá de la facilidad con la que creaba ocasiones a una Juventus revolucionadísima en el cuerpo a cuerpo pero plana en cuanto a ideas. Sólo Morata, compitiendo por sus dos aficiones, daba sensación de poder equilibrar la balanza.

Y así fue, tras el clásico error de Dani Alves (balón despejado de la banda hacia el centro en una jugada en la que toda la Juventus estaba metida en campo culé). El proscrito marcaba tras un rechace y, esta vez sí, lo celebraba por todo lo alto.

Los minutos de agobio posteriores los borró, quién si no, Messi, tras la polémica de Alves y Pogba (un lance que sólo ha destacado la portada del diario As). El ’10’ controló, desbordó y chutó para que el rechace llegase a Suárez (qué partido el del uruguayo) e hiciese el 1-2. A partir del gol, Alves y Alba hicieron línea de cuatro, la Juventus entregó las armas y el Barcelona se coronó como Rey de Europa.

La Quinta, cuarta Champions en diez temporadas. El Segundo Triplete, tras el logrado con excelencia total en el año inaugural de Pep Guardiola. 24 títulos desde que un argentino apareció en el Gamper del verano de 2005, precisamente ante esta Juventus. Durante estos últimos diez años, el FC Barcelona se ha hecho mayor, ha entrado directamente en la élite del fútbol europeo, tomando el lugar que la Historia, siempre la Historia, le había negado.Siempre girando en torno a la figura de un enano sin físico, sin gol, frágil, dopado, capaz gracias a Xavi y a Iniesta, dictador, egoísta, vago, centrado en su Selección, mortal, acabado. Diez años fieles a una filosofía, a una Ley que no es la del toque, ni la del contraataque, ni la de la presión alta, ni la de la madre que la parió: es la Ley del más fuerte, del más hábil, del más listo; la Ley del mejor.

Recordad su nombre: Leo Messi.

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Madrid 2020: se acabó la farsa.

Mientras en la Puerta de Alcalá unos cuantos cientos de “buenos madrileños” se lanzaban a mentar a las madres de los miembros del COI, otros cientos (o quizá menos) respirábamos tranquilos: no habrá despilfarro en Madrid, no seguiremos aumentando deuda sin parar (ojo al gráfico) y quizá podamos reconducir ese dinero (que tan alegremente decía el señor De Guindos que podíamos gastar) a tareas más importantes como educación. No solo lo digo yo, lo dijo también anoche un miembro del COI: “Creemos que España debe invertir sus recursos económicos en materias más importantes que los JJOO“. Seguramente era antiespañolista esta señora, ¿verdad?

Ahí quedan el aluvión de insultos, de afirmaciones propias de mundos alternativos, o directamente paletadas. Este es el nivel, señoras y señores: tachar a los que se oponían de “retrógrados”, “infelices”, “agoreros”, etc; tachar a los que deciden sobre el tema de “cafres”, “corruptos”, “facinerosos” o “traidores”. Ayer, un ínclito twittero decía que los Juegos (y Eurovegas) son intentos de cambiar las cosas y que muchos renegamos de estos intentos. Repito: este es el nivel.

Quizá, y digo quizá, la oposición por tercera vez consecutiva del COI no se deba a un asunto de lobby (ya se nos ha beneficiado en otras ocasiones), ni a problemas de seguridad, ni a una particular inquina hacia España. Quizá se deba a que seguir pegando patadas adelante, vendiendo humo de ladrillo y comisiones, no es la solución a ningún problema. Quizá se deba a que somos un país que persigue el dopaje de cara a la galería, pero sin castigarlo y, en ocasiones, negando su existencia. Quizá se deba a que somos un país que recorta en sanidad y educación, eleva impuestos y tiene un paro del 27% pero luego quiere organizar unos JJOO. Ya hablé hace una semana de cifras, de medias verdades y de mentiras, para el que se quiera meter en harina, así que no aburro más.

Antes de cerrar el grifo por hoy, me gustaría hacer dos apuntes:

1) Me ha llamado mucho la atención la reacción de Pau Gasol, persona a la que tenía en bastante estima por tratarse de un profesional con la cabeza bien amueblada. Quizá el hecho de ser deportista le haya movido a esta pataleta, pero esperaba mucha más modestia y tranquilidad de este señor. Una gran decepción.

2) Gracias a esta derrota clara, posiblemente se acaben estas tonterías durante un par de décadas y, mucho más importante, hemos asistido al final de la carrera política de ese extraño fenómeno que es Ana Botella. Quedan para la historia sus intervenciones de ayer y del pasado jueves. No es su nivel de inglés, que es sonrojante y doloroso a los oídos (aunque no sea mucho peor que el del Gobernador de Tokyo), es su lenguaje corporal y su forma de expresarse en castellano, que denotan, más que ninguna otra cosa, una profunda ignorancia. Señora Botella, deje en paz a Madrid, váyase y pare de hacer el ridículo.

Y ya está, les dejo con esta imagen que me han pasado esta mañana: son japoneses un mes después de Hiroshima y un mes después del terremoto de 2011. Va dedicada especialmente al mainstream media, que esta semana se ha preocupado por Fukushima tras meses y meses de no hacerlo. Respiren y abran fuego.

Madrid 2020: un engaño más rápido, más alto y más fuerte.

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Queda una semana para que el COI falle qué ciudad albergará los Juegos Olímpicos de 2020. Las candidatas a tal honor: Tokyo, Estambul, Roma, Doha, Bakú y Madrid. La capital de España se presenta por cuarta vez, tras hacerlo en 1972, 2012 y 2016. Es, por tanto, el tercer intento consecutivo de embarcarse en esta aventura, el llamado “sueño olímpico” que tanto y a tantos ilusiona. O eso dicen.

Muchos analistas deportivos, “expertos”, señalan que esta ocasión la pintan calva y que Madrid se va a llevar el gato al agua. Las casas de apuestas dicen lo contrario y ponen a Tokyo y a Estambul por delante de Madrid. Imagino que los “expertos”, en este caso, se equivocan. ¿Cómo podrían no dar los JJOO a una ciudad tan preparada, con tantas y tan buenas infraestructuras, con un apoyo popular unánime (o, al menos, muy ruidoso) y con dos intentonas fallidas consecutivas como es Madrid? Pájaros de mal agüero esos analistas y esos apostantes.

Al menos se les da el beneficio de la duda, cosa de la que no disfrutan los pocos madrileños que preferimos que este marrón se lo coman los japoneses o los turcos. Como si de obispos negacionistas se tratase, los que no quieren recibir a la gran familia olímpica dentro de siete años son estigmatizados y tachados de “cenizos”, “demagogos”, “antimadrileños”, e, incluso, “antipatriotas”. Apestados sociales que son repudiados en los foros de opinión, que no tienen voz en la escena pública y a los que los medios de comunicación, en tierno (por descarado) concubinato con empresarios y políticos, no dan un solo segundo en las ondas. No vaya a ser que estos negacionistas abran alguna fisura en la falange perfecta que apoya la candidatura. O peor aún, no vaya a ser que tengan (tengamos) razón.

Si el ruido mediático es fuerte, no me quiero imaginar lo que pasará si se designa a Madrid como ciudad olímpica. “Expertos” en economía hablando de crecimientos desaforados en empleo y riqueza, incrementos en el turismo debido a la exposición mundial de la ciudad, inversiones millonarias que revierten en una mejora de la calidad de vida de los madrileños… Prácticamente una aparición mesiánica que viene a rescatar a Madrid de su desigualdad en cuanto a fama con Barcelona (?), a crear un mercado floreciente y próspero (??) y a dar a conocer la ciudad por todo el mundo (???). Lamentablemente, todas esas aseveraciones que se producirán y que se están produciendo no tienen ni un solo estudio serio que las respalde, ni una sola evidencia empírica derivada de ninguno de los JJOO anteriores. ¿Y saben por qué? Porque son falsas.

“Madrid 2020 supondrá un impulso para las infraestructuras deportivas de la ciudad, un renacer para el deporte que favorecerá la aparición de futuros atletas madrileños compitiendo al más alto nivel”

Basta con “googlear” durante unos minutos para encontrar algo parecido a esta afirmación. Se trata de la mentira más evidente de todas las que se vienen diciendo en los últimos años por cuanto es la más fácil de desmontar. Los estadios y recintos deportivos suelen caer, con honrosísimas excepciones, en el más absoluto abandono debido a los altos costes de mantenimiento que nadie quiere asumir. O el erario público se hace cargo de instalaciones deficitarias (caso Barcelona 92) o estas caen en el olvido. “¡Cenizo, demagogo!“. Algunos ejemplos:

Estadio Olímpico Pekín 2008

Estadio volley-playa Pekín 2008

Velódromo Pekín 2008. Se utiliza para hacer prácticas de autoescuela.

Villa Olímpica Pekín 2008

Piscina de saltos. Atenas 2004

Estadio hockey. Atenas 2004.

Hay más ejemplos de Atenas, Pekín y JJOO anteriores aquí, aquí, aquí y aquí. Aquí tenemos la bonita pista de BMX que inauguró Gallardón para Madrid. No tiene gestor privado conocido porque no es viable, simple y llanamente.

Respecto al subidón competitivo, me remito a los resultados en atletismo de los últimos 17 años: seis medallas en cinco citas olímpicas, lo que, para un país de 47 millones de habitantes, es un poco ridículo. Eso sí, con estos Juegos seguramente mejoraríamos el medallero de Londres 2012 y Río 2016.

“Muchas infraestructuras deportivas ya están construidas, su coste está ya amortizado, por lo que serán unos JJOO austeros”

Repetido de forma machacona por muchos tertulianos que la sacan a la palestra cuando algún malnacido habla de “instalaciones deportivas con síntomas de abandono” (lógicamente no se acompañan documentos gráficos como los anteriores no vaya a ser que cunda el pánico). Cuando esto ocurre, el “buen madrileño” acude al mantra mágico: “está ya casi todo construido“.

1.700 millones de euros están presupuestados en inversiones. Es la cifra oficial. Se supone que ese coste lo cubrirán (sobradamente) el COI, los patrocinadores, la venta de entradas, etc. que generarán 2.400 millones de euros (la diferencia financiará gasto corriente y lo que sobrase iría a las arcas de la ciudad). Las cifras que barajan estos señores (700 millones de euros por venta de entradas, por ejemplo) me parecen un viaje de ácido que ni Alicia in Wonderland, sobre todo teniendo en cuenta el aspecto de las gradas del estadio olímpico de Moscú durante algunas de las pruebas del Mundial de hace unas semanas:

Ni se molesten, que esta también me la sé: “Rusia no tiene tradición deportiva“, “los precios serían abusivos“. Señores, hablamos de una potencia en atletismo de primer orden y los precios, mucho me temo, fueron similares a los que pondrían en Madrid. ¿O es que alguien espera 28 millones de asistencias a eventos deportivos? (Estoy suponiendo un precio de entradas de 25-30 euros para obtener esos 700 millones presupuestados). “Demagogo“. Lo de las gradas vacías también ocurrió el año pasado en Londres, donde se vendieron 8,8 millones de entradas (en una ciudad con casi el doble de habitantes que Madrid). Hagan cuentas. O se lo simplifico yo: Madrid espera vender las mismas entradas que Londres (por tradición deportiva y orgullo patrio, imagino) a un precio de entre 90 y 100 euros. Precios populares.

También son bastante tramposas las cifras de los patrocinadores. El Comité Parlamentario de Auditoría de Londres 2012 reveló que sólo un 2% del presupuesto final fue sufragado por financiación privada.

Volviendo a los 1.700 milloncejos: tenemos que sumar los 12.000 millones que llevamos invertidos desde 2003, de los cuales quedaban por pagar, al inicio de 2013, más de 7.000. No voy a hacer sugerencias ni comparaciones con ningún recorte o subida de impuestos, faltaría más.

Un apunte que considero importante: los presupuestos olímpicos tienden a descuadrarse. Y mucho. Ejemplos (en dólares):

Ciudad

Presupuestado

Final

Londres 2012 4.700 millones 15.000 millones*
Pekín 2008 14.200 millones 40.000 millones
Atenas 2004 1.600 millones

16.000 millones

*El Comité Parlamentario situó en 18.000 millones el presupuesto final.

Más ejemplos: Barcelona 92 dejó un agujero de 6.100 millones; Montreal 76, 2.700 millones.

Si Madrid ha presupuestado 1.700 millones (los 12.000 anteriores no los sumo por cortesía), teniendo en cuenta la categoría de nuestros organizadores y que en desajustar presupuestos somos más que reconocidos expertos, yo diría que multiplicar por dos esa estimación es ser muy generoso. Nos quedarían 3.400 millones en inversiones, gasto corriente aparte, lo que se come totalmente el presupuesto de ingresos y deja el clásico agujero. ¿Quién lo pagará? Los que lo han pagado siempre en las anteriores citas: los orgullosos contribuyentes.

Recuerden bien estas palabras: si hubiera déficit presupuestario los Gobiernos municipal, regional y nacional efectuarían los pagos que fueran necesarios para compensarlo antes del 30 de septiembre de 2022. Lo dice el dossier que Alejandro Blanco (responsable de la candidatura Madrid 2020) presentó al COI hace unos meses.

Respecto de la austeridad del proyecto olímpico que tanto orgullo despierta en el Gobierno de la Comunidad y en el Ayuntamiento solo quiero dejarles algunas de las minucias que se van en promocionar la candidatura olímpica (fuente oficial):

– Contrato de Confección y Suministro del Uniforme de los Miembros de la Candidatura Olímpica Madrid 2020 en Buenos Aires – 42.895,20 €

– Contrato de Servicios de Acondicionamiento Técnico y Decoración de las Instalaciones para la Presentación del Proyecto Olímpico Madrid 2020 a la Comisión de Evaluación del Comité Olímpico Internacional – 265.000 €

– Contrato de Suministro del Dossier de Candidatura de Madrid 2020 – 55.613,89 €

– Contrato de Servicios de Traducción del Dossier de Candidatura de Madrid 2020 – 20.800€

– Contrato de Producción Gráfica y Preimpresión del Dossier Oficial de la Candidatura de Madrid 2020 – 85.000 €

– Contrato de Consultoría del Cuestionario y Dossier de la Candidatura de la Ciudad de Madrid a los Juegos Olímpicos del año 2020 – 740.000 €

– Contrato de Servicios de Producción Musical de Teatro Infantil – 247.501 €

Hay bastantes más, pero dejo de aburrirles con tanto número. Eso sí, tengan en cuenta que similares cifras se han GASTADO (nada de inversión, que el lenguaje es traicionero) en las candidaturas de 2012 y 2016. Ah, y que esos precios van sin IVA. Repito: hagan cuentas.

“Aunque el proyecto sea deficitario a corto plazo y no todas las infraestructuras se vayan a seguir utilizando, se va a generar una importante riqueza en forma de empleo y aumento de calidad de vida de los madrileños”

Esta afirmación es la que más polémica genera, la más peligrosa y la que más duramente defiende el “buen madrileño” cuando se siente acorralado.

320.000 empleos pretende crear la organización, cifra sumamente optimista teniendo en cuenta que Londres generó 200.000 (repito, una ciudad con el doble de habitantes) y que se espera una afluencia de voluntarios sin antecedentes recientes debido al gran apoyo popular de la candidatura.

Barcelona 92 generó, ojo al dato, la friolera de 63.000 puestos de trabajo: 33.000 temporales en el sector de la construcción; 30.000 en hostelería, que duraron exactamente 21 días. Me cuesta creer que de los 200.000 empleos que se generarían en Madrid más de un 30% sobreviviesen al finalizar el año 2020.

Sobre Barcelona 92, cuyo éxito social y económico es otra de esas verdades inmutables de nuestro país, se llegó a decir que los JJOO dejaron casi un billón de pesetas. Nadie sabe explicar en dónde se quedó ese dinero; lo que sí se sabe es que el Gobierno regional tuvo que asumir la gestión de muchos espacios deportivos para evitar su ruina y rescatar al sector hotelero, que creció de forma desmesurada.

Un estudio de Goldman Sachs de 2012 explicaba, refiriéndose a Londres, que el beneficio económico para la ciudad sería bastante limitado y se disiparía antes de finalizar el año. Los señores de Moody’s se pronunciaban también en esa línea al afirmar que los JJOO difícilmente proporcionarían un crecimiento económico sostenido para Londres y que el impacto del desarrollo de las infraestructuras sería más negativo que positivo.

¿Es posible que la exposición mediática de 21 días genere una oleada de turismo sostenida que permita una mejora de riqueza y empleo que haga rentables los JJOO? Según el estudio citado de Goldman Sachs: “los incrementos de turismo son marginales y bastante transitorios en ciudades conocidas, como Londres”. En similar posición está Madrid.

La pura verdad es que no hay ni una sola evidencia en pasados eventos olímpicos de que las ciudades organizadoras disfruten de incrementos netos en empleo o en renta per cápita. La promesa de beneficios a largo plazo es un engañabobos, una mentira que se repite cien mil veces buscando convertirse en verdad. NO encontrarán informe alguno que contradiga estos argumentos.

“Qué agoreros, qué pesados, qué cenizos, si todo esto fuera cierto nadie se presentaría nunca para albergar unos JJOO”

Quizá se deba a que en muchas ocasiones no se consulta a la ciudadanía sobre una inversión de esta categoría y con un impacto positivo tan dudoso. Hace algunos meses, los ciudadanos de Viena dejaron bien claro que no querían unos JJOO en su ciudad.

Quizá se deba a que el tándem político-empresarial impone su ley. Más de 45 empresas entre constructoras e inmobiliarias avalan con su imagen la candidatura olímpica de Madrid 2020. El lobby energético y las “telecos” siguen la estela. Despachos de abogados y grandes empresas de alimentación también se suman a la fiesta. ¿Por imagen y afición al deporte? No, por favores y comisiones, por un puñado de jugosos contratos con los que engrosar cuenta de resultados. Eso sí, todo ello regado con “espíritu olímpico” a todo volumen en todos los canales y emisoras.

No debería extrañarnos todo esto en un país donde evaluar de forma negativa un proyecto que TIENE que salir adelante sea un brindis al sol. No deberíamos olvidar que vivimos en un país donde siempre hay dinero disponible para algunas cosas mientras se ahoga a la ciudadanía con impuestos altos y prestaciones bajas. Y aquí atronarían: “¡Cenizo! ¡¡Demagogo!!“. Pues toma demagogia.

¡HOYGAN! Que no me invento nada…

Otro análisis de la candidatura. Complementa lo dicho aquí y es muy interesante.

Más datos sobre cifras de inversión y gestión de espacios deportivos en Madrid.

Sobre cuestión deportiva. Sin un programa adecuado, que fomente deporte infantil a lo largo y ancho de España, Madrid 2020 sería una patada a seguir, una foto y brindis, que duraría lo que duró Barcelona 92.

Y más sobre los desfases presupuestarios.

Y sobre la austeridad del proyecto olímpico. Muchos millones en vender la idea, muchos beneficios para los de siempre.

Análisis de Invertia. Conclusión: albergar “megaeventos” tiene un “costo considerable y apenas parecen dar beneficios.

Análisis en BlogSalmón. Conclusión: Madrid no necesita unos juegos olímpicos como excusa para invertir, porque no necesita nuevas inversiones, sino mejorar y mantener lo que hay. No necesitamos juegos olímpicos en Madrid, no van a traer mejoras ni más turismo (puntualmente sí, está claro) y ahora mismo no nos lo podemos permitir.

Análisis en El Confidencial, que se hace eco de las voces que ven los Juegos Olímpicos como una pérdida de dinero para el país y no como una inversión.

Análisis en La Vanguardia: luces y sombras.

Análisis personal Nuño Rodrigo en Cinco Días. Me quedo con dos perlas: “Madrid 2020 no es Barcelona 1992, al igual que España no es la misma hoy que hace 20 años. Barcelona una ciudad industrial que aprovechó los juegos para transformarse en un centro de turismo, servicios y modernez, para bien y para mal (allá cada cual). Madrid ya es un centro financiero, ya tiene turismo, ya tiene proyección internacional, no hay zonas que recuperar, tiene más  rondas de circunvalación de las que puedo memorizar y un aeropuerto de primer nivel”. Y: “Los Juegos vendrán de maravilla, eso sí, a constructoras con necesidad de obras y a los propietarios de suelo o infraestructuras de escaso uso. Y aquí vuelve el coste de oportunidad: no es que sean malos por sí mismos los juegos, es que fomentan un modelo productivo que creíamos no nos convenía. O se hace una cosa o se hace otra”.

Contador y la moral española

Los que seguimos más o menos habitualmente el mundo del ciclismo veníamos esperando desde noviembre al fallo del Tribunal Arbitral del Deporte (TAS) acerca del caso de Alberto Contador, tricampeón del Tour de Francia (entre otros triunfos). La cronología del caso se puede seguir en esta línea del tiempo de El País, pero el hecho fundamental del proceso es que el corredor de Pinto dio positivo en un control antidoping en julio de 2010, en plena disputa del Tour. Hoy el TAS le ha declarado culpable de dopaje, con una sanción de dos años sin correr y una multa económica de 2,5 millones de euros. Pierde el Tour del año 2010, el Giro d’Italia ’11, y la Vuelta a Murcia y la Volta a Catalunya de ese mismo año, amén de no poder participar en el Giro, Tour y JJOO de Londres de este 2012. Un palo brutal en la carrera de este joven ciclista.

Más allá de lo cuestionable que sea la actual legislación antidopaje, lo cierto es que el caso está lleno de polémica: la cantidad de clembuterol encontrada en el cuerpo de Contador era ínfima (difícilmente podía otorgarle algún tipo de ventaja competitiva), que no se haya probado que Contador se dopase en ningún momento ni tampoco que no lo hiciese, los efectos retroactivos de la sanción, su excesiva dureza… No soy un experto en legislación deportiva, no conozco las decisiones anteriores del TAS, ni me he leído los 80 y pico folios de sentencia. Sí que he leído detenidamente el resumen del fallo y las opiniones de muchos twitteros, algunas objetivas y razonadas dentro de un mar de sinrazón y radicalismo patriótico. Mi opinión es que la resolución es perfectamente comprensible y que hace falta revisar muy a fondo la legislación deportiva (algo que llevamos pidiendo algunos desde hace ya varios años). Sobre si Contador es inocente o no, eso es algo que solo estará en su conciencia. Muchos recordábamos hoy esa subida agónica al Tourmalet a rueda de Andy Schleck aguantando un ataque infernal larguísimo en un Tour donde no dio muestras de fuerza en casi ningún momento (llegó enfermo de una gripe). Cada cual que extraiga sus conclusiones y piense lo que quiera.

Pero en España no acostumbramos a acatar decisiones judiciales y criticarlas de forma sosegada. Ha quedado demostrado en este inicio de 2012 con los casos penales de Marta del Castillo y Paquito Camps, donde la gente lamentaba o celebraba las sentencias como si de goles de su equipo se tratasen, insultando a un rival invisible y dando una imagen patética. Gran parte de la culpa de esta situación la tienen, sin duda, los medios de comunicación. Para vender todo vale, claro, incluso desinformar e intoxicar a la gente para generar verduleros sin capacidad crítica.

¿Cómo pueden declararle culpable si no se ha demostrado que se haya dopado? ¿es que acaso no hay presunción de inocencia?“. No, no la hay. En la legislación deportiva si te pillan con un positivo y se contrasta (como así ha sido), estás en la cuerda floja, más si eres ciclista o atleta. O pruebas tu inocencia o te sancionan. El Tribunal no tiene que demostrar que haya ninguna intención de obtener ventaja competitiva de una sustancia (por muy injusto que parezca), solo tiene que atender a las pruebas que hay y actuar en consecuencia. De ahí que el TAS dude de que Contador se dopase y aun así le sancione por esa conducta. La carga de la prueba está invertida desde el momento en que se detecta el positivo, es lo mismo que ocurre cuando nos cogen de noche con unas copas de más y al soplar nos pasamos de la raya: somos culpables hasta que no se demuestre lo contrario. Se puede tachar esta legislación de injusta, casi de inquisitorial (probar la inexistencia de dopaje cuando hay un positivo es casi imposible, una probatio diabolica), pero la resolución no vulnera ninguna norma de derecho deportivo. A Contador le queda la vía de la jurisdicción ordinaria, pero es un camino casi imposible y que plantea más problemas que soluciones.

Si solo tenía 50 picogramos de clembuterol, ¿cómo puede ser eso dopaje?“. Una cantidad tan ínfima de sustancia prohibida no ayuda en absoluto al deportista, y su valor no podría ser más que meramente indiciario o circunstancial. Se ha dicho, leído, gritado, hasta la saciedad. Lo que ocurre es que ahora mismo no hay ningún umbral de cantidad que deba tener en cuenta el TAS, es decir, que podría haber sido incluso menos sustancia y seguiría siendo culpable por el positivo. Por otro lado, la presencia de clembuterol debe ser observada junto con el llamado “pasaporte biológico” del corredor (sus niveles de hemoglobina y leucocitos, por ejemplo) a la hora de pensar en una transfusión de plasma sanguíneo, una tesis que la Agencia Mundial Antidopaje presentó en su momento y que muchos parecen haber olvidado hoy.

Esta legislación es durísima“. Es la que rige actualmente. Hoy David FC (@EldrickISB) apuntaba que en los últimos 99 podios de Grandes Vueltas (las 33 últimas ediciones desde 2001), de los 53 corredores que han ocupado alguna de esas plazas, 26 han sido sancionados por dopaje. La mitad. El criterio de la responsabilidad objetiva obedece a la necesidad imperiosa de limpiar el deporte. Que esta sea la vía apropiada es más que dudoso. Que se ha llegado tarde es obvio.

Todo el periodismo, todo el ciclismo está en desacuerdo con la decisión del TAS, algo habrán hecho mal“. Que a Perico Delgado, a Óscar Pereiro, a Pedro J. Ramírez o al columnista de Marca de turno, les parezca que la decisión del TAS es incorrecta y de personas incompetentes es más una pataleta que algo basado en conocimientos o hechos. Hoy en Onda Cero, Fernando Burgos se atrevía a decir que “los jueces no tienen derecho a equivocarse” y que “algo habrán hecho mal cuando sancionan a una persona por 50 picogramos”, y se quedaba tan ancho. Desinformar y empantanar: una vergüenza, sobre todo en el caso de los periodistas.

Era español y ciclista. Esto es culpa de los putos franceses que iban detrás de él y querían meterle mano como fuese“. Lo he escuchado en la universidad, en la radio, en las redes sociales… La mano negra que va en contra del deporte español, una conspiranoia absurda que bebe directamente del victimismo más injustificado. Los españoles no perdemos nunca, siempre nos roban o nos acusan para sacarnos del juego. En tres puntos: 1) la organización del Tour se comportó de manera ejemplar con Contador, ocultó el positivo hasta más de un mes después de su detección y le dio la oportunidad de que fuese él quien lo anunciase ante la inminente filtración por parte de un medio alemán. 2) Los miembros del TAS que han decidido sobre el tema son: un israelí, dos suizos y un secretario asistente holandés. 3) A Contador se le han dado más meses que nadie precisamente para que pudiese defenderse de la mejor forma posible, ha sido su defensa y no “los franceses” quien ha retrasado el fallo.

En 2007, Óscar Pereiro ganó el Tour de 2006 cuando Landis fue sancionado en un proceso muy similar a este. Adivinen cómo reaccionó la parroquia española. Huelga decir que si esta decisión se hubiese producido, en idénticas circunstancias, sobre Andy Schleck (por poner un ejemplo) aquí habríamos aplaudido porque “estaba claro que ese chaval iba dopao”. Objetividad ante todo.

Contador es inocente, no tenían pruebas de que se dopase“. Cada cual que crea lo quiera. Tenemos infinidad de deportistas que nunca han dado positivo. Otros que lo han hecho con cantidades inferiores, y luego han reincidido. El tiempo quizá nos muestre algún día el error que se cometió hoy con Contador. O quizá nos lo muestre arrepentido de sus deslices y trampas. Quién sabe. Lo que está claro es que el patriotismo mal entendido, combinado con dosis altas de victimismo, lleva a la gente a ensuciar precisamente aquello que creen defender: la limpieza del deporte.

P.D.- Y quien crea que esta entrada es dura y antipatriótica, que lea esto.

P.D.2- El descojone máximo llega al leer cosas como que “la sanción parece no tener otro fin que alejar a Contador de Londres“. En el artículo, el periodista dice que la suspensión debería contar desde el día en que se le hizo el análisis y no desde el que se constató el positivo. O sea, que la suspensión no debe comenzar en el día que comenzó la suspensión. Aplausos. Por cierto, a Contador el cálculo temporal le beneficia, le han contabilizado un periodo de 20 días dos veces con el fin de que llegue a tiempo para la Vuelta a España ’12.

El deporte por bandera

Pasan los años y España sigue anclada en lo político, en lo económico, en lo social y en lo cultural. Un país que se está desmantelando día a día, y que cuenta con una casta política que gobierna con incompetencia manifiesta e insultante, desconectada por completo de sus ciudadanos. Un país sin futuro, porque el futuro se mide en preparación y trabajo para los jóvenes, y aquí no hay trabajo para casi la mitad de nosotros y la preparación nos la quieren quitar. Un país pendiente de una televisión patética y unos medios de comunicación que ni son medios ni comunican. Un país que vivió años en una perpetua barra libre de dinero fácil con el sello “sol, playa, y ladrillo”. Botellón, toros y pandereta. Mileurismo por bandera, Hispanistán, Ejpaña.

En medio de la tormenta perfecta que estamos viviendo, sólo hay algo que permite a los españoles seguir sonriendo ante el telediario (esas píldoras indoloras y demagógicas que ingiere la población, información y opinión bien mezcladas, no sea que alguien piense, se forme juicios de valor, y la tengamos): el deporte.

Porque, señores, llevamos un lustro (seis años, todo lo más) que aquí se lleva el ganar y ganar, que no nos caben las vitrinas en las salas de trofeos, que nuestros deportistas arrasan en el mundo entero. Los nombres de Iniesta, Nadal, Gasol, Xavi, Fernando Alonso (éste ya parte menos el bacalao, pero tuvo su momento de gloria), Casillas, Villa, y tantos otros futbolistas, baloncestistas, motoristas, ciclistas, etc están en el corazón de muchas personas, quienes les admiran y les veneran.

Se les pone como ejemplo de unión, de compromiso y de excelencia. A mí, que soy un gran aficionado al fútbol y también disfruto con el tenis y el basket, este tipo de consideraciones me parecen una memez y una patochada. Los enormérrimos campeones del mundo de Sudáfrica (momento histórico del fútbol español) se quedaron una pasta en primas (600.000 por cabeza, más un reloj de 18.000). Esas primas las declararon en tierras africanas en vez de pagar impuestos en España. Toda una muestra de solidaridad. Lo mismo se puede decir de los recientes campeones de Europa de baloncesto, cuyas grandes estrellas declaran impuestos fuera de España. Los motociclistas Pedrosa y Lorenzo tienen domicilio fiscal en Londres y Andorra. El piloto Fernando Alonso estuvo unos cuantos años de bonanza acogiéndose al sistema fiscal suizo, pero ha decidido volver a España. Bonito gesto del asturiano, que se dejará un pellizco en impuestos, pero que hace que muchos hayamos cambiado nuestra opinión acerca de él. Rafael Nadal también tributa en Mallorca, algo que dice mucho a su favor. Pero ya ven, en líneas generales, todo un ejemplo de solidaridad lo de estos señores.

Y de los casos de dopaje de Alberto Contador y Marta Domínguez mejor ni hablar. El corredor de Pinto está esperando la decisión del TAS sobre su positivo en el Tour de hace más de un año. La atleta palentina se salvó de la cárcel porque la prueba que la incriminaba fue rechazada.  Tristes historias en las que se ha tapado mucho más de lo que ha salido a la luz, igual que pasó en la Operaciones Puerto y Galgo.

Lo dicho, que no es oro todo lo que reluce. Mejor quedarse con el indudable talento de los deportistas, y rechazar su valor moral como ejemplo de compromiso y demás pantomima, que de eso no van muy sobrados.