Una de cine: La belleza de Sorrentino

frases-pelicula-la-grande-bellezza-2

Hace unas semanas se entregaron los premios Oscar con triunfo absoluto de ‘Gravity’, ’12 años de esclavitud’ y sin prácticamente ninguna sorpresa. Es una pena que la mejor película del año, al menos para el que suscribe, no tuviese opción de participar en más categoría que la de Mejor Película Extranjera, donde obviamente ganó.

Sí, ‘La Gran Belleza’ es lo mejor del pasado 2013 y una de las mejores películas de los últimos años. No lo es porque rinda homenaje a ‘La Dolce Vita’, sino por su sentido estético, que es soberbio, por su premisa y su ejecución, por cómo lleva un tema manido a una dimensión nueva de forma ingeniosa y atractiva. Vayan a verla, dénse el gustazo de disfrutarla en un cine, a ser posible en versión original, en una pantalla grande que permita apreciar como se merece el preciosismo de su fotografía (ojo al hipnotismo que produce la primera escena de la película), un ejercicio tan perfecto que llega a abrumar.

Aviso: a partir de aquí hay destripe de la trama.

No vengo a hacer una crítica de la película de Paolo Sorrentino, tan sólo a hablar de la búsqueda de la belleza, de la eternidad en el instante banal, del cinismo como medio de protección ante el sinsentido de la vida, de la insoportable angustia que genera el saberse elegido para recibir un gran regalo pero incapaz de entenderlo.

Jep Gambardella es rico, goza de buena salud, tiene muchos amigos y atrae a bellas mujeres sin esfuerzo. Es un personaje conocido en la alta sociedad romana y disfruta de cierto estatus como escritor debido a una novela que tuvo cierto éxito hace años. Jep lo tiene todo pero vive angustiado en la más absoluta insustancialidad: necesita un ruido constante a su alrededor en forma de grandes fiestas, drogas y sexo para no escuchar el atronador silencio de su vida, para poder sobrellevar otro día en Roma, decadente y grotesca, llena de fieras y sin ángel que la guarde.

Jep es El Cínico, “el mayor vividor de Roma”. Tiene 65 años y ha fracasado en la vida. Es consciente de ello pero se ha rendido y nada persigue: se ha abandonado a la desesperación y a una existencia frívola y superficial rodeado de personajes que sufren el mismo mal que él y con los que comparte noches de alcohol y música jazz en las que sólo caben charletas y bromas insustanciales que no derrumben el delicado escenario en el que representan sus vidas. Es por ello que cuando Stefania, al borde de la desesperación, intenta imponerse como una mujer de ética superior a la de sus compañeros de farra, Jep destruye su ego demostrando que, en realidad, está tan vacía y es tan miserable como ellos: “Estas son tus mentiras, tu fragilidad“.

Una de los momentos que más me impactó, y que sigo recordando, es el del funeral. Anteriormente, Jep acompaña a Ramona a por un vestido apropiado para la ocasión (una de las escenas más bellas de la película que dio lugar al cartel de la misma) y, mientras ésta desfila con sus modelos, áquel le relata cómo va a comportarse durante la ceremonia. Ante la muerte, Jep actúa de manera impostada, bajo un guión que conoce al dedillo, pero su sensibilidad le traiciona y acaba deshaciéndose en lágrimas al darse cuenta de que tiene razón, al sentir, una vez más, la insustancialidad y el ridículo golpeándole sin piedad.

Y lo que le ocurre con la muerte, le ocurre de igual forma con el amor y la amistad. Cuando su amante muere y su mejor amigo le abandona, Jep intenta acudir a la religión, pero la más alta curia romana le rechaza de manera cruel y sin miramientos, más pendiente de cómo cocinar una pepitoria que de salvar un alma descarriada.

A Jep le queda únicamente el consuelo de su pasado, de ese mar que tanto añora, mar de su niñez y adolescencia, mar de su amor más intenso, del primero cuyo simple recuerdo le hace evadirse y ser feliz. Intenta huir de él, avergonzado de que sólo sea verdad todo aquello, para acabar dándose cuenta de que si fue en aquel primer contacto con el cuerpo de una mujer donde quedó anclada su felicidad nada tiene de malo volver a ello y así recuperar la inspiración para escribir y para vivir. La eternidad, la inmortalidad que busca Jep, está en el recuerdo de la belleza de una joven cincuenta años atrás, porque la nostalgia es la única distracción posible para quien no cree en el futuro.

“Termina siempre así, con la muerte. Pero antes, hubo vida. Escondida bajo el bla, bla, bla, bla. Y todo sedimentado bajo los murmullos y el ruido. El silencio y el sentimiento, la emoción y el miedo. Los demacrados, caprichosos destellos de belleza. Y luego la desgraciada miseria y el hombre miserable. Todo sepultado bajo la cubierta de la vergüenza de estar en el mundo. Bla, bla, bla, bla. Más allá, está el más allá. Yo no me ocupo del más allá. Por tanto, que esta novela dé comienzo. En el fondo, es sólo un truco. Sí, es sólo un truco” (Jep Gambardella).

frases-pelicula-la-grande-bellezza-5

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s