Sindicalismo de salón y rayos UVA

No soy fan de La Razón más allá del valor cómico de sus portadas pero hoy comparto totalmente la opinión acerca de los líderes sindicales (y por extensión, acerca de los sindicatos CCOO y UGT): están acabados. Ya hablé aquí hace ocho meses sobre lo que eran (y son) los dos grandes sindicatos españoles, por lo que no pienso repetirme.  Es penoso que tengamos a estos irresponsables encabezando a los trabajadores de España. Porque eso es lo peor de todo, que los sindicatos representan a todos los trabajadores, independientemente de que estén afiliados o no. Y estos no están a la altura.

Y es que, les guste o no a muchos, los sindicatos son necesarios. Hoy más que nunca. No se puede prescindir de su labor en los comités de empresa, de su papel fundamental en la negociación colectiva de las condiciones de trabajo de millones de personas. Ni siquiera, por más que nos pongamos pesados, se puede obviar la necesidad de que los sindicatos jueguen un rol importante en el diálogo social. Pero no estos sindicatos. No estos señores que permiten, huelga tras huelga, que una serie de salvajes, tiparracos sin conciencia ni vergüenza, se crean en posesión de la verdad absoluta y, como si de miembros de las SA de Hitler se tratasen, se dediquen a reventar escaparates, inutilizar cerraduras, quemar contenedores, agredir física y verbalmente a comerciantes, abollar coches y un largo etcétera. No merecen ni ser llamados piquetes, porque ni siquiera lo son en en el sentido legal del término. Si la Justicia actuase de forma enérgica contra estos personajes no se repetirían actos así. Pero la Justicia, ya saben, ni está ni se la espera.

Como bien señala Marc Vidal en esta magnífica entrada: “aunque se definan como líderes laborales, el contacto [de CCOO-UGT] con la realidad empresarial y emprendedora de este país es nulo”. Hacen falta nuevos sindicatos, nuevas caras, nuevos espíritus. Basta ya de boicot al empleo, de eslóganes decimonónicos, de mecanismos obsoletos. Basta de dar la cara siempre tarde, de trincar dinero público, de callar ante un paro galopante cuando gobernaba la izquierda (y no, no basta con una huelga general planteada ante el clamor de la sociedad cuando Zapatero agonizaba en la Moncloa).  Basta. Y basta ya, señores de la derecha, de criminalizar la actividad sindical como si del demonio se tratase. De celebrar como triunfos un bajo seguimiento de la huelga. De enfocar al antisistema cuando lanza una piedra y no mostrar las manifestaciones pacíficas y numerosísisimas que tuvieron ayer lugar en España. De callar ante agresiones policiales como esta o esta. De empeñarse en no ver el trasfondo de una protesta que suscribe una gran mayoría de españoles y pretender deslegitimar cualquier acción social en la calle.

La crispación, el enfrentamiento y la violencia no paran de crecer en España, azuzados por el desempleo y la pobreza, por políticos irresponsables e indignos, por agentes sociales inoperantes y corruptos. Cuando la clase media caiga, ahogada por bajos salarios y altos impuestos, el país se descoserá completamente y no habrá esperanza. Esto tiene que acabar o los radicalismos y nacionalismos medrarán como moscas en la mierda. Falta solidaridad, espíritu de cambio y conciencia social. Pero social de verdad, no esa que pregonan los señores de arriba, esa conciencia social de salón y rayos UVA. Suena pesimista, casi apocalíptico, pero la realidad no espera a nadie. Hay mucho que cambiar y se ha de empezar ya. Nos va la vida en ello.

Colón, día 14 de noviembre. Foto de Álvaro García

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4 comentarios el “Sindicalismo de salón y rayos UVA

  1. De acuerdo con tu reflexión. Sólo hay una cosa que no me queda del todo clara. Criticas los piquetes en cuanto que dañan a ciudadanos o a bienes materiales.Es un tema que podríamos matizar pero con la que de entrada podría estar de acuerdo. Pero, tal y como están las cosas, es decir, teniendo en cuenta el nivel de agresión que estamos sufriendo día a día por parte de la clase política, lo que no entiendo es como aún no ha habido una revolución y no nos hemos plantado los ciudadanos delante del congreso a desalojarlo a pedradas.
    Salut,
    B.

    • Entiendo lo que dices, pero no veo qué tiene que ver con la figura del piquete. No es lo mismo ir contra el sistema (poder político y económico) que ir contra el pequeño comerciante rompiéndole la cerradura del negocio o humillándole públicamente.

      • Pues yo sí que creo que tiene mucho que ver, en la práctica. Si pretendes hacer frente al sistema con uno de los pocos mecanismos pacíficos que hoy conservamos como es la huelga, y ésta no es secundada por gran parte de la población, de alguna manera el objetivo de la misma se queda en lo anecdótico: cifras que bailan según los periódicos y, por lo demás, absoluta normalidad. Por otra parte, reconozco el derecho de todo ciudadano a abrir su negocio e incluso a cagarse en los motivos de la huelga, si así lo desea. Pero como tú dices, falta solidaridad y hay mucho que cambiar. Y, como persona comprometida con esta realidad, me jode sobremanera que el frutero, funcionario o pringado de turno no emplee la misma contundencia que vocifera a la hora de criticar al piquete que le toca los bemoles por un día, que la que debería emplear con un gobierno que está dejando su país y su propia vida en ascuas. Espero haberme explicado mejor. Y vaya por delante que el papel de los sindicatos me parece deplorable.
        Saludos,
        B.

      • Creo que estamos señalando las mismas cosas pero no nos estamos entendiendo. El compromiso social de la masa española es bastante escaso, o si no lo es, al menos no es suficiente. En eso estamos de acuerdo. Que una huelga tenga más o menos seguimiento no creo que dependa de la violencia empleada por los piquetes o del mejor o menor discurso de los sindicatos mayoritarios. Depende de lo que la gente piense de esa huelga en ese momento. Hay que entender que el ruido mediático que se emplea contra sindicatos, liberados y piquetes es muy fuerte en España, por ser un país donde tradicionalmente se ha visto a las fuerzas sindicales como una especie de demonio (y ahora los empresarios también son vistos de esa forma), siguiendo esa sana costumbre española de tomar la parte por el todo. Que haya X liberados sindicales ocupados en ganar votos para sus organizaciones o partidos políticos, que haya varios sindicatos que se ocupan más de arrimarse al árbol de las subvenciones que de proteger a sus afiliados, que haya piquetes que insultan públicamente a los dueños de los negocios por el hecho de que estos no puedan (o no quieran) permitirse dejar sin sueldo a alguno de sus trabajadores (o incluso a ellos mismos), no quiere decir que sean todos así. Pero así somos en este país, excesivos en todo.
        Un saludo, y gracias por tus comentarios.
        Nos leemos.

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