Laxitud penal

Nos hemos despertado muchos hoy, entre bajadas de rating y el proceso de negociación-paz-derrota-rendición de ETA (que para todos los gustos y colores lo tenemos ahora que llegan las rebajas del 20N), con la noticia de que a Esperanza Aguirre le han entrado dos personajes en las dependencias de su casa (sin allanar la residencia) esta pasada madrugada.

La cosa no tiene mucha historia, los gamberros irían algo borrachos (venían del Santiago Bernabeu, donde anoche hubo partido de Liga de Campeones) y debieron pensar que resultaría gracioso romper el candado de la puerta de la señora Presidenta. Les caza la Guardia Civil, les cachean (encontrándoles los típicos elementos con los que uno acude a ver el fútbol, esto es: móviles, entradas y bufanda del Madrid) y, tras levantar atestado para remitirlo al órgano judicial competente, les dejan marchar a sus casas. Una simple falta, como ha reconocido reiteradamente el Tribunal Supremo, que derivará en la multa que estime oportuna el Juez y en una acción civil por los daños que haya sufrido la puerta.

La noticia llega hoy cuando Aguirre, en uno de esos momentos estelares que tiene de vez en cuando, dice que qué vergüenza, que qué inseguridad, que les cogen y no prestan declaración (?), que no les detienen (??), y que si estas cosas le pasan a ella no sabe qué le podrá ocurrir a un ciudadano corriente (???). La Presidenta ha denunciado por allanamiento (cosa completamente legítima, un deber ciudadano de hecho), pero el discurso es una salida del tiesto con los dos pies.

Es una salida del tiesto porque la Presidenta sabe perfectamente, como abogada que es, que el procedimiento habitual es el que se ha aplicado, que no se trata de un delito sino de una falta y que esas personas están identificadas y serán requeridas si así lo decide el Juez.  Y, sin embargo, Aguirre, manipuladora e inteligente como pocas, aprovecha la coyuntura para dejar el recadito a la Delegada del Gobierno de la CAM (“Deben de ser dos indignados de los que protege la delegada del Gobierno en Madrid”), y al PSOE en general (“si el incidente hubiera ocurrido en casa del señor Alfredo Pérez Rubalcaba, los dos individuos sí habrían sido interrogados”), como partido gobernante responsable de la Justicia. El ciudadano corriente, ya ni siquiera el de perfil educativo bajo, se queda con las palabras “les cogen y no les interrogan ni les detienen”, que sirven para avivar ese debate estéril acerca de la supuesta laxitud de las leyes penales españolas, competencia exclusiva del Estado. Una jugada algo burda para el ojo crítico, pero muy efectiva.

España encabeza la lista de países de la UE con mayor tasa de reclusión cuando al mismo tiempo es uno de los países con menor índice de criminalidad, por lo que nuestro sistema no puede ser tan laxo como se denuncia desde cierto sector de la sociedad. Cierto es que para el cálculo del índice de criminalidad se tienen en cuenta aquellos delitos de los que se tiene conocimiento (estoy seguro de que si en España la gente denunciase más escalaríamos bastantes puestos), pero estamos muy por encima de países como Francia, Italia o Alemania en número de presos por cada 100.000 habitantes.

En una sociedad tan convulsa y tendente a la acusación como la nuestra (herencia fundamental de cierta institución que juzgó y condenó durante 350 años en España), el Derecho Penal se usa frecuentemente como Espada de Damocles que debe funcionar de forma inapelable bajo cualquier supuesto. Los políticos lo saben y alcanzan niveles de demagogia simplemente repugnantes en muchos casos, rojos y azules. Sí, son esos políticos que piden mayor seguridad al adversario cuando luego siguen sin dotar de más presupuesto a la Justicia o utilizan a los Fiscales y al Tribunal Constitucional a su antojo.

Señoras y señores: nuestro Código Penal es suficientemente duro, y nuestras leyes de enjuiciamiento son razonablemente buenas. Sí, la Justicia comete errores, pero muchos de ellos son disculpables debido a la ingente carga de trabajo que soporta cada Juzgado. Con más recursos, otro gallo nos cantaría.

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2 comentarios el “Laxitud penal

  1. inbabilonia dice:

    Hola,

    que esos errores sean disculpables, es discutible. Se deberían de ver cada caso por separado pero como ello no es posible me cuesta entender pues que lo finalices diciendo que son disculpables. Si la justicia es Justicia ningún error debería de pasar. Pero dejemos esta trivialidad que no se va a arreglar en dos días.
    La duquesa de Madrid suelta perlas cada tantas, creo que es de esperar, no? Alguna vez la has escuchado abrir la boca para no decir una tontería? Yo una sola vez!

    • Quiero decir que en gran medida, tratando en mi día a día con gente dedicada a la abogacía, los errores se disculpan por falta de medios, por una carga de trabajo insoportable. Llevamos desde 2003 para la reforma de la nueva oficina judicial y en 8 años sigue el Juez comiéndose marrones que son del Secretario… Pero a los que están arriba creo que les interesa una justicia lenta y deficiente. ¿Para cuándo la eliminación de la figura del procurador? ¿O una auténtica centralización de expedientes y diligencias? Son reformas muy necesarias pero que no dan votos.

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