El deporte por bandera

Pasan los años y España sigue anclada en lo político, en lo económico, en lo social y en lo cultural. Un país que se está desmantelando día a día, y que cuenta con una casta política que gobierna con incompetencia manifiesta e insultante, desconectada por completo de sus ciudadanos. Un país sin futuro, porque el futuro se mide en preparación y trabajo para los jóvenes, y aquí no hay trabajo para casi la mitad de nosotros y la preparación nos la quieren quitar. Un país pendiente de una televisión patética y unos medios de comunicación que ni son medios ni comunican. Un país que vivió años en una perpetua barra libre de dinero fácil con el sello “sol, playa, y ladrillo”. Botellón, toros y pandereta. Mileurismo por bandera, Hispanistán, Ejpaña.

En medio de la tormenta perfecta que estamos viviendo, sólo hay algo que permite a los españoles seguir sonriendo ante el telediario (esas píldoras indoloras y demagógicas que ingiere la población, información y opinión bien mezcladas, no sea que alguien piense, se forme juicios de valor, y la tengamos): el deporte.

Porque, señores, llevamos un lustro (seis años, todo lo más) que aquí se lleva el ganar y ganar, que no nos caben las vitrinas en las salas de trofeos, que nuestros deportistas arrasan en el mundo entero. Los nombres de Iniesta, Nadal, Gasol, Xavi, Fernando Alonso (éste ya parte menos el bacalao, pero tuvo su momento de gloria), Casillas, Villa, y tantos otros futbolistas, baloncestistas, motoristas, ciclistas, etc están en el corazón de muchas personas, quienes les admiran y les veneran.

Se les pone como ejemplo de unión, de compromiso y de excelencia. A mí, que soy un gran aficionado al fútbol y también disfruto con el tenis y el basket, este tipo de consideraciones me parecen una memez y una patochada. Los enormérrimos campeones del mundo de Sudáfrica (momento histórico del fútbol español) se quedaron una pasta en primas (600.000 por cabeza, más un reloj de 18.000). Esas primas las declararon en tierras africanas en vez de pagar impuestos en España. Toda una muestra de solidaridad. Lo mismo se puede decir de los recientes campeones de Europa de baloncesto, cuyas grandes estrellas declaran impuestos fuera de España. Los motociclistas Pedrosa y Lorenzo tienen domicilio fiscal en Londres y Andorra. El piloto Fernando Alonso estuvo unos cuantos años de bonanza acogiéndose al sistema fiscal suizo, pero ha decidido volver a España. Bonito gesto del asturiano, que se dejará un pellizco en impuestos, pero que hace que muchos hayamos cambiado nuestra opinión acerca de él. Rafael Nadal también tributa en Mallorca, algo que dice mucho a su favor. Pero ya ven, en líneas generales, todo un ejemplo de solidaridad lo de estos señores.

Y de los casos de dopaje de Alberto Contador y Marta Domínguez mejor ni hablar. El corredor de Pinto está esperando la decisión del TAS sobre su positivo en el Tour de hace más de un año. La atleta palentina se salvó de la cárcel porque la prueba que la incriminaba fue rechazada.  Tristes historias en las que se ha tapado mucho más de lo que ha salido a la luz, igual que pasó en la Operaciones Puerto y Galgo.

Lo dicho, que no es oro todo lo que reluce. Mejor quedarse con el indudable talento de los deportistas, y rechazar su valor moral como ejemplo de compromiso y demás pantomima, que de eso no van muy sobrados.

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6 comentarios el “El deporte por bandera

  1. jlmuñoz dice:

    Jajaja
    erdanie, ya te pareces a mi. Si leo el primer texto me recuerdas hace un par de años, cuando tenía el blog aquél que me cagaba en todo

    Nada hombre, no te cabrees que no vale la pena. Aquí no hay nada que hacer, ante lo que predomina

    Bueno si; intentar estar en el grupito de arriba
    ¿Recuerdas Un Mundo Feliz y su teoría del iceberg? ¿1/6 por debajo de la línea de flotación y 5/6 partes por debajo de ésta?
    Pues ahí es donde debemos estar; en el grupo de por encima de la línea de flotación
    Que ni un sexto ni hostias. Esto va camino de 1/10, sin guerra o barbaridad mediante

    Y aunque no tenga nada que ver. Me acordé de ti en las vacaciones que estuve en Cambridge, con un chaval en la puerta del pafeto diciendo que era de “Capital City”

    Jajaja
    Pensé “cohone, como erdanie y su capital city!”

    • Ya tocaba una entrada incendiaria de verdad, que estaba siendo demasiado políticamente correcto. Es que el otro día en Antena 3 me tocaron la moral con lo de que los jugadores eran un ejemplo de “normalidad y compromiso”. Me acordé de las primas, domicilios fiscales, etc y dije: “coño, que esta gente son buenos pero son millonarios, no hay que perder la perspectiva”.

      Y sí recuerdo Un Mundo Feliz, y aquella gran frase de que “la felicidad nunca tiene grandeza”. Por eso siempre compensa luchar y estar insatisfecho, algo así decía el amigo Huxley.

  2. jlmuñoz dice:

    El tema de los deportes hace tiempo que funciona. En 1990 un telediario normal y corriente el espacio dedicado apenas pasaba de 5 minutos
    A día de hoy llega a 15
    ¿Casualidades?
    No creo en las casualidades. Con unas masas salarias empantanadas desde hace 13-14 años algo se debe de hacer para distraer

    Y algunos piensan -y me parece que no sin razón- de que la gente que ve la televisión son tontos de los cojones
    De todo hay, por supuesto

    • Agilipollamiento masivo lo llamo yo. Cada vez más fútbol, más deporte en la tele y más distracciones. Lo de los telediarios es que es demencial, cómo meten las consignas y los dogmas mezclados con imágenes, a veces con maestría y otras manipulando burdamente.

      Ya te digo yo que una persona que ve 1-2 horas de televisión diaria (excluyendo documentales y cine) es un peso muerto.

  3. jlmuñoz dice:

    Mmmm ¿No era aquello de “la felicidad tiene un precio”?
    En aquél caso era la inopia un tanto, el soma -que algún exagerado llega a usar en sus escritos en los medios- aquél y que siempre ha funcionado

    Yo la frase de “la felicidad tiene un precio” últimamente me la planteo y me la sigo replanteando muy seriamente.
    Es que es una frase muy seria 😀

  4. La felicidad no tiene grandeza porque se compara a las penurias que conlleva la insatisfacción permanente. También tiene un precio, la pérdida de conciencia y lucha por los ideales. “La felicidad no es espectacular”.
    Ese discurso que le va soltando al protagonista es para tenerlo colgado en la pared. Brutal.

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