Una de cine: Siete Días de Mayo

Hasta hace un par de días desconocía por completo la figura del director John Frankenheimer. Fue por vía de un twittero amigo mío, @Diegosaurios, como pude llegar a ver una de las películas de este cineasta americano que pasó por la historia del cine con más pena que gloria, si bien no tanto a nivel de éxito comercial como en lo relativo a los premios oficiales. Y es que son éstos, a fin de cuentas, los que marcan en gran medida la posteridad del artista.

Siete Días de Mayo (1964) es, en pocas palabras, una película colosal. Narra una historia política de suspense e intriga, y lo hace de forma magistral, con un reparto de conocidas estrellas que actúan con una sobriedad y un talento inconmensurables. Cierto es que Kirk Douglas y Burt Lancaster son los más famosos, pero para mí el pilar fundamental de este filme es Fredric March, en el papel de Presidente de los EEUU. March estaba en el ocaso de su exitosa carrera (en la que ganó dos Oscar, uno de los cuales por su inolvidable papel en Los Mejores Años de Nuestra Vida (1946), otro peliculón que narra la vuelta a casa de tres soldados de la II Guerra Mundial de una forma sencilla y muy emotiva), pero clava su papel en Siete Días de Mayo y llena cada escena en la que interviene, eclipsando a todo el elenco de estrellas y de magníficos secundarios (como Edmond O’Brien, que ganó el Golden Globe al mejor actor de reparto por su papel en esta película). Sólo por la interpretación que ofrece Fredric March ya merece la pena ver la película. Otro punto a favor es ver a una madura Ava Gardner, que a sus 42 años seguía siendo realmente guapa 😉

Sin embargo, más allá del reparto, lo mejor de Siete Días es el guión, el ritmo de la película. Está narrada rozando casi la perfección, donde el “casi” responde a un final algo excesivo para mi gusto, aunque hay que entender que se trata de una película norteamericana, y ya se sabe que por ahí vienen los pecadillos de muchísimas películas de la gran factoría mundial del cine.

Recomiendo encarecidamente el visionado de esta obra maestra desconocida y olvidada en el mar del cine clásico (tan sólo 5.000 votos en IMDB, y menos de 1.000 en Filmaffinity), sobre todo a los espectadores españoles que, por la historia de nuestro país, entenderemos y sabremos apreciar mejor que nadie el tema de fondo de esta película.

Un saludo.

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